Nos tienen acostumbrados a generar noticias de alto calado, derivadas de su buen hacer, de su compromiso ineludible y de elevado nivel, fuera de toda duda, que ha alcanzado los últimos años, situándola como una de las formaciones musicales referencia en el estilo que con tanto éxito y solvencia descienden en cada una de sus interpretaciones. Coronación se ha ganado, por derecho propio, un indiscutible lugar de privilegio entre las formaciones musicales más importantes del género. De ahí que cada actuación y cada pieza que incorporan a su excelente patrimonio musical, se haya convertido en noticia «de obligado cumplimiento», permítame la expresión, para todo medio de comunicación, dedicado a la información cofrade, que se precie de serlo.
En plena intensidad creciente del tiempo de Adviento, la magnífica banda del Zumbacón, comienza a preparar una nueva obra que incorporar a su repertorio. Una pieza que goza de un especial significado por el autor de cuya creatividad ha nacido y porque está dedicada a la primera imagen a la que Coronación acompañó, en aquellos tiempos que ahora se pierden en la memoria, motivo por el cual existe una vinculación especialísima entre la imagen lefítica y la banda de la hermandad de La Merced. Por ello esta nueva marcha se convierte en una ofrenda con un especial simbolismo para los componentes de Coronación.
Todo ello en un año singular, dotado de un especialísimo significado para la devoción a la Virgen de Fátima. No en vano se han cumplido cien años de las apariciones a los pastores Lucía dos Santos, Jacinta y Francisco Marto de la Madre de Dios, Nuestra Señora del Rosario, en Cova de Iria y con total seguridad, tal circunstancia, la celebración de tan importante efemérides, ha estado sobrevolando en los pensamientos de autor y banda a la hora de realizar esta maravillosa ofrenda musical, como lo estuvo el pasado 14 de septiembre, cuando los sones de Coronación volvieron a acompañar el peregrinar de la imagen lefítica por el barrio que la acoge y la venera, en la procesión extraordinaria que protagonizó con motivo de tan señalado recuerdo. Una marcha que fusiona el elegante estilo defendido por Coronación con fragmentos dotados de una especial alegría de acuerdo con el carácter lefítico de la Reina que da nombre a todo un barrio.
Nicolás Turienzo Robles es director musical de la Banda de Cornetas y Tambores del Santísimo Cristo de la Victoria de León, que el próximo Lunes Santo acompañará a Nuestro Padre Jesús de la Sentencia por las calles cordobesas. es uno de los pocos compositores leoneses de música de Semana Santa y tiene el orgullo de haber compuesto marchas para las cofradías más importantes de la capital e incluso su fama se extiende por todo el Universo Cofrade.
Nacido en Oviedo (Asturias), en 1979, pero afincado en León desde los 3 años, en su curriculum figuran estudios de trompeta, composición, contrapunto y armonía. Sus composiciones son muy variadas, su mayor numero de obras están reflejadas en el estilo de Cornetas y Tambores, aunque ha compuesto también para Agrupación Musical, Banda de Música e incluso instrumentaciones y orquestaciones.
Compone desde los 19 años y tiene en su haber casi un centenar de marchas. Entre sus composiciones más conocidas se encuentran Fantasía de Cornetas, Ante Anás, Oración Costalera, Sagrado Decreto, Nazareno Tu Dulce Nombre, Mi Lanzada de Pasión, Esa Mirada de Pena…, Costales de Penitencia, El Sentir de una Melodia, Adelante Artilleros, Buena Muerte, Aromas de Jueves Santo, Blanca Esperanza, Descendimiento de Amargura, Sacramento, De Pureza y Arte.





