Ya ha concluido su peregrinar camino de la Tierra Prometida la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Córdoba, llevando en la Carreta de su Bendito Simpecado, junto a San Rafael, Patrón de los peregrinos, y la Virgen de la Fuensanta, las promesas de miles de cordobeses que no han tenido la fortuna de poder acompañar su devenir por los senderos de sueños que conducen a la Madre de Dios, pero cuyo espíritu se ha hecho presente metro a metro, rumbo al paraíso.
Una nutrida presencia de testigos han sido partícipes del emocionante acontecimiento que cada año supone la entrada en la Casa Hermandad de la filial, mientras una hermosísima petalada diluviaba literalmente sobre el altar itinerante en el que luce entronizado el Simpecado que pintase Julio Romero de Torres. Un momento que atesorar en la memoria colectiva de todos los rocieros de Córdoba por obra y gracia del amor a la Reina de las Marismas.





