La Virgen del Rocío, tras procesionar durante más de seis horas por la aldea almonteña, emprendió su camino a Almonte, despidiéndose de la aldea para adentrarse sobre las 21,56 en el Camino de Los Llanos y comenzar el recorrido de los 15 kilómetros que separan El Rocío del municipio almonteño. Sobre las 21:10 las camaristas de la Virgen le taparon el rostro y la cubrieron con el guardapolvo para evitar que se dañe durante el camino.
La Venida de la Virgen a Almonte es un evento que ocurre cada siete años y que en esta ocasión tiene un carácter especial al coincidir con la conmemoración del centenario de la coronación canónica de la Virgen del Rocío y la concesión de Año Jubilar Mariano. Al alba de este martes la Virgen llegó a El Alto del Molinillo, en el recinto de El Chaparral, donde las camaristas de la Virgen le descubrieron el rostro con los primeros rayos del sol. Ha sido entonces cuando los asistentes han estallado en júbilo.
Desde El Chaparral, los almonteños llevaron a su patrona hasta la Iglesia Parroquial Nuestra Señora de la Asunción donde permanecerá nueve meses, concretamente hasta una semana antes de la Romería de Pentecostés del año siguiente. Para recibir a su patrona, Almonte ha engalanado sus calles e instalado una catedral efímera para que el municipio luzca con todo su esplendor.
En la historia de la devoción rociera, además de la conocida celebración anual de la Romería de Pentecostés, también llamada Rocío Grande, y del Rocío Chico, existe otra manifestación peculiar que el pueblo de Almonte conserva desde muy antiguo. Es el caso de los traslados procesionales de la imagen a hombros de los almonteños a la parroquia de Almonte, a quince kilómetros de la aldea.
Los acuerdos de llevar a la Virgen a su pueblo desde los siglos XVII, XVIII y XIX se tomaban siempre en el ayuntamiento. Era el Cabildo civil –Concejo, Justicia y Regimiento- quien decidía, por unanimidad y respetando el uso y costumbre, trasladar a la Señora. Una vez tomado el acuerdo se comunicaba al Cabildo Eclesiástico, quien se encargaba inevitablemente de los cultos. El pueblo era entonces un sujeto más bien pasivo, sin posibilidad de decisión aunque tanto éste como la Iglesia van adquiriendo una mayor intervención en los traslados a partir del siglo XIX.
Aunque es probable que los traslados de la Virgen del Rocío a Almonte se vinieran haciendo desde mucho tiempo antes, la primera prueba documental data del año 1607. Desde entonces, la imagen ha sido llevada al pueblo en más de medio centenar de ocasiones y por diferentes razones, entre las que cabe señalar la de alguna desgracia pública –epidemia, sequía, hambre, guerra-, la de acción de gracias por algún acontecimiento feliz o la necesidad de efectuar importantes reformas en su ermita.
Las idas y venidas de Ntra. Sra. Del Rocío, producidas anteriormente en períodos de tiempos irregulares, se regulariza en el siglo XX siendo a partir de 1949 cuando la imagen se traslada al pueblo de la que es Patrona con una periodicidad de siete años. La Virgen es llevada a hombros por los almonteños desde la Aldea de El Rocío hasta el pueblo de Almonte, del que dista 15 kilómetros, por el Camino de los Llanos, entre pinares y arenales. Desde mediados del siglo XX se viene trasladando a la Virgen cada siete años y para realizar el citado trayecto la Imagen cambia su vestido habitual de Reina por el de Pastora, traje de viaje utilizado por las damas en el siglo XVII.
El Traslado hacia Almonte se produce en la actualidad, y no ha sido siempre así en la historia, durante la tarde del 19 de agosto, iniciándose el camino al atardecer y tras cubrir la Imagen con una capote o guardapolvo para protegerla de las inclemencias del camino. Al amanecer, ya en Almonte, en el lugar conocido como El Chaparral, se le quita el capote y se le descubre la cara con los primeros rayos del sol entre el estruendo de salvas de escopetas y numerosos vivas. Es el momento culminante del Traslado. Desde El Chaparral, los almonteños llevan a su Patrona hasta la Iglesia Parroquial Ntra. Sra. de la Asunción en donde permanece nueve meses, concretamente hasta una semana antes de la Romería de Pentecostés del año siguiente.
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