Si hay una imagen icónica, profundamente enraizada en el imaginario colectivo y la religiosidad popular de los cordobeses, por encima de cualquier otra devocional, es el mundialmente conocido Cristo de los Faroles, el imponente crucificado pétreo que preside la plaza de Capuchinos en el corazón de la ciudad de Córdoba. Una imagen hala que a lo largo de los siglos miles de cordobeses se han encomendado para hallar consuelo y sentirse reconfortados en los momentos de zozobra.
Una realidad indisoluble al sentir de los habitantes de una ciudad que han vivido los últimos meses inmersos en una auténtica tempestad que ha propiciado la necesidad de encontrar refugio en la fe, tal y como puede evidenciarse rindiendo visita al Cristo que habita perenne bajo el cielo de Córdoba. Y es que los brazos de los faroles que circundan su infinita presencia se han inundado de promesas y oraciones calladas, prueba fehaciente de que, cuando la tribulación aprieta, los cordobeses buscan el ancla que proporciona el mismísimo Dios hecho piedra en el corazón de Córdoba.
Fray Diego de Cádiz fue el promotor de la construcción en Córdoba, en la plaza de los Capuchinos, del Cristo de los Faroles, realizado por el escultor Juan Navarro León. El Cristo de los Desagravios y Misericordia, conocido popularmente como el Cristo de los Faroles así como el Cristo de Capuchinos, es un conjunto escultórico que se encuentra sito en la Plaza de Capuchinos. Antiguamente esta plaza formaba parte del Convento de Capuchinos, que aún conforma la plaza en su testero norte, y fue donada a la ciudad al ser un paso de comunicación entre la Axerquía y la Villa, a través de la Cuesta del Bailío.
Gracias a las limosnas procedentes de los Marqueses de Ariza así como al impulso del capuchino Fray Diego José de Cádiz, se eleva dicho monumento en el año 1794 por parte del cantero Juan Navarro León, atribuyéndoles la escultura a Gómez de Sandoval. Enclavada en una de los lugares más tradicionales de Córdoba como la plaza de los Capuchinos, el Cristo de los Faroles se encuentra iluminado por diferentes faroles que le rodean de ahí el nombre que ostenta. La actual fisonomía del Cristo de los Faroles tiene su origen en las verjas que se levantaron en los años 20 del siglo XX y sus faroles fueron sustituidos por otros más hoscos en el año 1984. La plaza de Capuchinos con su escultura del Cristo descentrada en la misma, es uno de los lugares más frecuentados en Córdoba por sus visitantes, debido entre otras cosas, al empedrado original que aún mantiene. El Cristo de los Faroles se hizo nacionalmente famoso por la película de Antonio Molina del año 1958 «El Cristo de los Faroles».





