El candelabro | La Semana Santa empieza en septiembre

La Semana Santa tiene la mala costumbre de llegar en primavera, pero la curiosa virtud de empezar en septiembre. Cuando todavía estamos intentando recordar dónde guardamos el abanico y las vacaciones apenas se han borrado del calendario, ya hay quien anda pendiente de reuniones, horarios, recorridos y de ese complejo mecanismo por el que una ciudad entera se prepara para volver a ser lo que durante una semana quiere ser.

Porque una cosa es que la Semana Santa llegue en primavera y otra muy distinta es que se organice en primavera. Eso sería demasiado sencillo. Aquí las cosas empiezan mucho antes, cuando todavía quedan meses para el primer incienso y ya hay quien anda preguntándose cómo quedará definitivamente el Domingo de Ramos, qué orden ocupará cada cual y si aquello que parecía cerrado hace unos meses vuelve a abrirse como una puerta mal ajustada.

Y es que comienzan las reuniones de día, ese particular pistoletazo de salida en el que todos acuden con el mismo discurso de coordinación, consenso y bien común, aunque no siempre todos entiendan lo mismo por cada una de esas palabras. Porque en Semana Santa hay acuerdos que se anuncian con solemnidad y desacuerdos que se sirven con café.

El Domingo de Ramos, por ejemplo, todavía guarda la incógnita de su orden definitivo. Y no es poca cosa. Que una cofradía vaya antes o después puede parecer, para quien lo mira desde fuera, una cuestión de minutos. Para quien lo vive desde dentro, es una cuestión de historia, de costumbre, de identidad, de recogerse a una hora prudente o de no salir demasiado temprano.

El Martes Santo tampoco parece dispuesto a conceder demasiadas vacaciones a la incertidumbre. La Agonía tiene su particular interrogante y, por si fuera poco, circula esa posibilidad de intercambio de cromos entre Prendimiento y Universitaria, que en el mundo cofrade es una manera muy elegante de decir que nadie sabe todavía dónde acabará cada uno. Aquí cambiar de sitio no es cambiar de sitio. Es cambiar de sitio, de costumbre, de horarios…

Y mientras unos hacen cuentas con el Martes, el Miércoles Santo ya reclama su propio capítulo. Las Palmeras, su encierro, el orden de la jornada… Porque aquí hasta recogerse tiene su ciencia, y no es lo mismo llegar antes que después, ni ser el primero en una jornada que el último. En Semana Santa, el reloj también tiene túnica.

El Jueves Santo, por su parte, guarda una de esas incógnitas que dan conversación para rato: qué pasará finalmente con el Nazareno. Si seguirá en su jornada de siempre o si terminará convirtiéndose en la primera de la madrugada o en la última del Jueves, quién sabe… Una decisión que, como todas las decisiones cofrades importantes, seguramente tendrá detrás muchas horas de reuniones, muchas explicaciones y alguna que otra conversación que nunca llegará a figurar en un acta.

Y luego está el Viernes Santo, con esa pregunta que parece de orden, pero que tiene mucho más fondo del que aparenta: ¿seguirá el Sepulcro siendo la primera de la jornada o terminará cerrándola? Porque en esto de las cofradías, abrir y cerrar no son verbos inocentes. Hay posiciones que parecen formar parte del paisaje hasta que un buen día dejan de estar donde siempre.

Lo curioso de todo esto es que todavía no ha sonado un solo llamador, no se ha encendido una candelería y probablemente falte bastante para que alguien diga aquello de “ya huele a Semana Santa”. Pero la Semana Santa ya está aquí. Está en las conversaciones, en los teléfonos, en las reuniones y en esa liturgia previa en la que cada uno defiende lo suyo con la misma pasión con la que después defenderá que todo se hace por el bien de la Semana Santa.

Luego llegará marzo, se á las puertas de los templos y parecerá que todo estaba escrito desde el principio. Pero no nos engañemos: para entonces, muchas de las batallas de la Semana Santa llevarán ya meses librándose en despachos, salones y reuniones de día. Y algunas, quizá, hasta antes de que terminara la anterior.

Porque la Semana Santa empieza en septiembre. Lo demás es simplemente ponerla en la calle.

Hasta la próxima.

Mientras tanto, seguiremos mirando nuestras Cofradías desde la luz de la Cera.