Aunque en la hermandad «hubiera gustado», la Esperanza de Triana descarta que el esclavo etíope se integre en el misterio de las Tres Caídas en el Santo Entierro Grande

Pese a que muchos albergaban, con mayor o menor fundamento real, que el paso de misterio del Cristo de las Tres Caídas presentase una fisionomía distinta con motivo de la celebración del Santo Entierro Grande, incorporando a la escena el famoso esclavo etíope, la Hermandad de la Esperanza de Triana ha descartado este extremo alegando que las dimensiones del paso no permiten incorporar una figura más de las que ya alberga y que, no hay tiempo material, entre el mediodía del Viernes Santo y el Sábado Santo para desmontar la logística que requiere la disposición del misterio para alterar la escena habitual, por lo que, si bien, en el seno de la hermandad se reconoce que les “hubiera gustado” que saliera el esclavo etíope en esta ocasión excepcional, resulta de todo punto “imposible”, por problemas de espacio y de tiempo. Así lo han manifestado este lunes miembros del equipo de priostía de la corporación trianera, en los micrófonos del programa radiofónico de Canal Sur Radio El Llamador. El esclavo etíope, realizado en 1940, tenía como función tirar de una soga atada a la cruz del Señor para hacerlo levantar de sus caídas. De duras facciones, de raza negra y con el torso descubierto, se mostraba en actitud dialogante con el centurión romano, del que recibía las órdenes oportunas para continuar con la conducción del reo hacia el Calvario. Fue estrenada esta efigie en la Semana Santa de 1940, y tuvo un costo de 2.000 pesetas, saliendo por última vez acompañando al Santísimo Cristo de las Tres Caídas en la madrugada del Viernes Santo de 1961. Posteriormente fue cedido a la Hermandad de Jesús Despojado de sus Vestiduras, formando parte de su paso de misterio desde 1975, año en que esta cofradía volvió a realizar su estación penitencial tras su reorganización, hasta 1997, siendo devuelta la imagen a la corporación trianera el 29 de enero de 1999.

El proyecto del actual misterio del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, cuya autoría es del escultor Antonio Castillo Lastrucci, fue dado a conocer a través de una fotografía incluida en un pequeño libreto que recogía la memoria de la Hermandad de la Esperanza de Triana correspondiente al curso 1936/1937. Con posterioridad, el 24 de julio de 1938 fue convocado el cabildo general extraordinario para desechar el proyecto o proceder a su aprobación, opción esta última que salió adelante, acordándose que la financiación se obtuviese mediante una cuota voluntaria de los hermanos, aunque también se hizo necesaria la ampliación del paso procesional, ya que el boceto que diseñó Castillo contemplaba la ejecución de once imágenes: una nueva de Simón de Cirene, una madre hebrea con su hija a la vera y su niño en brazos, Santa María Magdalena postrada a los pies del Señor y una mujer que intenta levantarla, otra hebrea con las manos entrelazadas en actitud implorante junto a Cristo; un esclavo negro que tira de una soga atada a la cruz del Nazareno y otro que maltrata al Redentor, y el centurión romano ecuestre abriendo la comitiva. Se acuerda realizar todo este conjunto en madera de pino de Flandes al precio de veinte mil pesetas, firmándose la escritura contractual el 19 de septiembre del ya citado año 1938. Diversas vicisitudes imposibilitaron la realización completa del misterio ideado en un principio, por lo que se redujo el número de imágenes a realizar. De esta forma, en la Semana Santa de 1939 se estrena la talla del Cirineo, en 1940 se suman la mujer hebrea con sus dos hijos y la figura del esclavo etíope en la delantera, y en 1941 se culmina el conjunto con el centurión romano a caballo.

Por su parte, los trabajos de ampliación del paso, es decir, el anterior al que hoy saca la cofradía, comprendieron dos etapas: la primera correspondió al taller de José Rodríguez Carrera, con contrato firmado el 19 de septiembre de 1938 y en el que acordaban las nuevas medidas, que serían dos metros y medio de ancho por cinco metros y medio de largo, lo que implicaba alargar el canasto y realizar nuevos respiraderos por un importe de 7.050 pesetas sin incluir en ese presupuesto el dorado, debiendo entregarse las andas quince días antes del Domingo de Ramos de 1939, si bien en mayo de ese mismo año se abonaron 566 pesetas más por las horas extraordinarias del artista; y una segunda etapa, tras previa aprobación del cabildo de oficiales celebrado el 20 de agosto de 1940, con el carpintero Fernando Quiles para ampliar la superficie destinada a las imágenes del misterio, ya que las medidas anteriores resultaron insuficientes, labor por la que este profesional cobró 8.755 pesetas. Finalmente, el paso del Santísimo Cristo de las Tres Caídas sería culminado con el dorado completo de sus andas en el año 1943, obra de Antonio Sánchez González, que percibió por este trabajo 16.500 pesetas.