Arrebol donde siempre es subida: Así es el Cartel de las Fiestas de la Subida de la Asunción de Cantillana

No cabe duda de que los avances tecnológicos en comunicación han revolucionado el arte, rompiendo cualquier imposición. El cartel artístico ya no sólo es promocional, por lo que aquello del “grito en la pared” quedó lejos. Hoy es una creación compleja que debe atrapar nuestra atención en la vorágine diaria de redes sociales e internet y brindarnos a la vez la contemplación pausada que nos permiten las versátiles pantallas de nuestros móviles. Como respuesta a este nuevo contexto, la Hermandad de la Asunción de Cantillana designó a Miguel Ferrera García, diseñador gráfico e ilustrador, autor del cartel de las Fiestas de la Subida de 2023. Fruto del encargo descubrimos esta obra que supone toda una apuesta por la innovación, pues está concebida con amplitud de miras para dirigirse a la sociedad plural y dinámica del siglo XXI, sorprendiéndonos por su técnica digital en la que priman la claridad, la inmediatez y el orden y que, de este modo, resulta tan seductora en una primera visión por su lenguaje novedoso, como interesante en la observación de los elementos que articulan su composición perfectamente planteada como discurso.

Una buena obra de arte es aquella que se enfrenta a un cometido difícil y anunciar las Fiestas de la Subida de Cantillana es una hazaña, pues la celebración en sí misma ya es todo un anuncio. Lo son las salvas de cohetes, las cintas, los cánticos, las palabras del mantenedor, los balcones engalanados de celeste y blanco, el entusiasmo generalizado, el simpecado en carreta de plata por las calles de su pueblo e incluso las proclamas de apóstoles y ángeles segundos antes de que revuelen las palomas sobre el sepulcro entre himnos de gloria y honor, consumándose entonces el momento prometido en el que la Virgen de la Asunción surge gloriosa para ser entronizada.

Desde este punto de vista, lo previsible sería que el cartelista se centrase en el acto cumbre de la Subida, pero, en la comprensión sentida y vivida de la fiesta en su auténtica dimensión, Ferrera nos ha regalado un cartel que, más que una exaltación, es una confesión sincera de su experiencia vital como asuncionista. Los colores, la composición, los símbolos y la técnica son una confesión comprometida para que hoy el mundo contemple a María según el relato emocional de la Subida y comprenda así lo que significa la devoción a Nuestra Señora de la Asunción a través de la cultura y de la vida en Cantillana.

Asumiendo la hospitalidad característica de los cantillaneros, el cartel no publicita, sino que nos invita a sumergimos en una vivencia extraordinaria, ofreciéndonos un viaje por la historia del municipio, por el cosmos simbólico de la Virgen y por el paisaje de la Vega que, como cualquier sentimiento auténtico, empieza y culmina en el corazón y deja su testimonio en el folclore. Por eso, este cartel derrama tanta alegría como la propia Subida e irremediablemente rompe la barrera del marco, como la Asunción supera los límites de la física para alcanzar el alma de sus hijos.

A diferencia de lo que decían Monet o Picasso, Miguel Ferrera no ha representado lo que ve, sino lo que siente a partir de lo visto, vivido y aprendido. Su cartel está marcado por un formato vertical alargado que apunta a un sentido ascendente con el mismo ánimo de trascendencia, monumentalidad y victoria de la Subida. Plantea una composición equilibrada, donde los elementos aparecen ordenados para servir al fin fundamental de la lectura, pues estamos ante una declaración que desea ser escuchada.

Preside la imagen de la Virgen de la Asunción tal y como es elevada al retablo mayor de la parroquial de Cantillana, postrada sobre una nebulosa y rodeada de querubes que animan su morada alabándola como como Reina de los Cielos. En este sentido celestial, Ferrera introduce una serie de signos cósmicos que desde la Antigüedad fueron trasladados al cristianismo para descifrar el misterio de la Asunción. A sus pies rinde honor la blanca Luna creciente, tal y como la veremos en la noche del 17 de septiembre, símbolo de la bonanza de la vida eterna que anuncia el dogma. También centellea la constelación de Virgo, que durante milenios ha marcado la fecha del 15 de agosto y orientado los templos dedicados a la Asunción.

Mientras en la parte superior se consuma lo celestial con la aparición del Espíritu Santo, en la inferior se recuerda lo terrenal a través de la música, del baile, del ambiente y de la artesanía, en definitiva, del folclore que el pueblo cantillanero ofrenda como monumento, efímero en lo material y perpetuo en lo sentimental, a la Virgen de la Asunción cada mes de septiembre. Subrayando esta oda, una tipografía sugerente de aires sesenteros para la Subida del reencuentro, la de la memoria, la de Valderrama y Abril, la que termina por llevarse los últimos soles del verano.

La clave del cartel reposa en el fondo que prescinde de cualquier referencia física para emplazar la escena en una explosión de color y luz, que envuelve todo con el brillo central que se torna encarnado hacia los extremos. Se ratifica con ello el cartel como narración sensible de la tradición y del rito, pues expresa la verdad de la Subida tal y como los candiles la comprenden, es decir, como una emoción contenida durante toda una semana, que terminará desbordándose ante la plenitud del acto que da sentido al septiembre asuncionista. El cartel de 2023 celebra a la Virgen de la Asunción rodeada de la luz del empíreo cantado por sus fieles devotos, envuelta en el fulgor dorado de su trono salomónico y enmarcada en el arrebol de la pasión con la que su pueblo la custodia en ese lugar privilegiado donde todos los días es Subida… en los corazones de Cantillana.


José de León, Historiador del Arte