El capirote | El libro prohibido sobre la Semana Santa

Cuando el autor de un libro se pone a ello, espera que al final vea la luz. Como un producto que se engendra, hasta que no se ve publicado no culmina un proceso laborioso como es el de la composición de una obra, sobre todo si no se ha escrito nada igual.

De la Semana Santa tenemos cientos de libros que no aportan nada nuevo. Los hay sobre la historia, dándose golpecitos de pecho cuando ya en el siglo XIX varios historiadores sentaron las bases de recopilar el devenir de nuestra celebración más universal. Copiar y pegar, que no es nada extraño si miramos con lupa a algunos de los versados en historia del arte que tenemos, algunos muy conocidos. Es clamoroso cuando afirman estos mismos que son autores de decenas de artículos y no añaden nada nuevo.

Aquí somos expertos en defender lo indefendible y dejar morir lo que podría tener éxito. Así es la envidia, y el coeficiente intelectual de quienes se afanan en comprar libros tan solo porque abordan aspectos relativos a la Semana Santa sin caer en la cuenta de quien está detrás, sin mirar al autor. Y como nadie le pone cote, le sucede lo mismo que al mundo de la música, que te saca un disco cualquiera.

En torno a las imágenes ya nos dice Jeremías (10, 3-5) «Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril. Con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva. Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder». Pero nadie se acuerda de ello cuando divisamos un paso. De igual modo sucede con temas de nuestra Semana Santa que no han sido explotados. Los arrinconamos y no queremos saber nada de ellos.

El autor del que llamaremos El libro prohibido de la Semana Santa ha tocado la puerta de tres editoriales con la finalidad de que pueda verse por fin tras los cristales de alguna librería o centro comercial. No es un libro malo, a tenor de los editores, denominándolo uno de ellos como «un interesantísimo ejemplar». Sin embargo, tropieza con un tema en el que Sevilla fue pionera, el de la Inquisición. Es posible el binomio ¿Cofradías e Inquisición? Por supuesto. El papel que jugaron durante siglos en la ciudad que acogió el primer tribunal de lo que entonces era Castilla, hermanos de cofradías que también tuvieron relación con el Santo Oficio, representaciones de estas en los autos de fe…

Pero aquí, tan reacios a aproximarnos a diversos aspectos de nuestra propia historia, apostamos por seguir leyendo siempre lo mismo.