Entrevista | Antonio Barbudo: “Que un Barbudo estuviera delante de la Virgen de las Angustias, para mí fue súper emocionante”

Antonio Barbudo


En la siguiente entrevista, el capataz del Dulce Nombre, Caridad y Angustias repasa su trayectoria en el mundo del costal

Las igualás no es que hayan empezado, sino que tocan a su parte final. La Cuaresma aun queda algo distante en el horizonte, pero el calendario ya anuncia ensayos, y las zapatillas, la faja y el costal ya están dispuestos para cumplir, un año más, con el rito y la regla.

Con esa perspectiva, los capataces han ido retomando el pulso con sus cuadrillas y afrontan, probablemente, con ilusión el poder estar con su gente, haciendo lo que más les gusta. Uno de ellos es el las vírgenes del Dulce Nombre, Caridad y Angustias. Se trata de Antonio Barbudo, quien en la siguiente entrevista nos abre las puertas de su trayectoria en el mundo del costal, que se remonta a la década de los 80, cuando ser costalero era un oficio “de riesgo”.

De aquella forma de sacar los pasos (con pocos costaleros y cuadrillas muy hechas) ha llegado a nuestros días la certeza de que no cualquier tiempo pasado fue mejor, sino distinto. De ello, Barbudo sabe bastante y aplica su experiencia a las cuadrillas que dirige. De esa época, de la actual, de las dificultades que le plantean sus pasos, de su amor por el mundo del costal y mucho más, reflexiona en las siguientes líneas. No se lo pierdan.

-¿Cómo comienzas en el mundo del costal? 

Me inicio en el año 88. Mi hermandad de cuna es el Caído. Soy de San Cayetano, nací en San Cayetano y he vivido al lado de la Cuesta de San Cayetano. Mi infancia es el Caído. Mi abuelo era torero y estaba muy vinculado a la hermandad. Era del Caído a más no poder.

“Hacíamos un doblete. Ahora los nenes hacen doblete y triplete, pero hacer un doblete así era una auténtica locura”

Y yo, desde chiquito, desde que tengo uso de razón, estoy saliendo de nazareno en el Caído. Mi etapa de nazareno fue hasta los once, doce años. Era una época muy complicada (para salir de costalero). La cuadrilla era muy vieja y era muy complicado entrar. Mi hermano Manolo -que es cuatro años mayor que yo- pudo entrar, por mediación de uno de Santa Marina. Pero yo no pude entrar en el Caído ese año. Mi hermano también entró en las Angustias, porque la familia de mi padre era de la calle Zarco y de San Agustín. Y por ahí sí pude entrar en la cuadrilla, porque ahí tenía a mis tíos, tenía a mis primos.

-¿Cuántos años tenías? 

Catorce años.

-El mundo del costal ha cambiado mucho desde entonces hasta ahora.

Imagínate. Ahora intentar meter a un niño con catorce años en un paso… bueno, en un paso como los de ahora a lo mejor se le puede meter. Pero en un paso como el de antes, no se le ocurre a ningún capataz meter a un niño con catorce años. Imagínate. Yo estaba ya grandecito y todo eso, pero… así estamos la mitad de los que nos metíamos, hechos polvo de la espalda, porque al final se nota, se nota siempre.

Entré en las Angustias y ahí paso el resto de mi vida de costalero. Hay algo que poca gente sabe, salvo los más allegados, que a los dos años de salir en las Angustias, hablamos con Rafael Muñoz, padre, y me dejó entrar en el Caído. Total que, durante diez años, mi hermano Manolo y yo nos metíamos en San Cayetano y hacíamos el recorrido hasta La Catalana. Ahí soltábamos al Caído y nos metíamos en las Angustias y hacíamos el recorrido entero con las Angustias. Así pasamos esos años hasta que Rafael Muñoz dijo, mira, ya está bien. Esto es mucha tela. Pero durante mucho tiempo estuvimos saliendo en las Angustias y en el Caído. Nos pegábamos una paliza. Yo no podía ni moverme. Hacíamos un doblete. Ahora los nenes hacen doblete y triplete, pero hacer un doblete así era una auténtica locura.

-Has salido en alguna más. 

Sí, sí. Paso diez años en las Angustias sin salir de allí prácticamente. Y después, por mediación de José Luis Ochoa, vamos a Sentencia. También salgo en el Silencio y saco  a Nuestro Padre Jesús de las Penas, el Gitano. No he sido de salir en muchas. Ya más mayor me fui al palio de la Caridad. Salí también en Coronación por mi hermano Rafa, que los cogieron a ellos (para dirigir el misterio) y ese paso fue el que me dijo aquí estoy yo. Me abrió los ojos de que mi etapa de costalero estaba ya finiquitada. Era un recorrido largo, con mucha gente joven preparada y a mí, ya con cuarenta y pico años, me castigó tela. Y ahí dije, se acabó, ya no salgo más de costalero.

-¿Cuándo se produce el salto de costalero a capataz? 

Fue en 2009. Ponen a mi hermano Manolo de segundo capataz y José Luis Ochoa me saca (de costalero y lo pone de contraguía) con Miguel Ángel. Me pego muchos años con José Luis y, lo mucho o poco que sé de esto se lo debo a él, porque el poder de rotar en los puestos era una cosa nueva, relativamente moderna, tocar el martillo y ese tipo de cosas. Fue un poco innovador en eso y la verdad que nos enseñó mucho.Aprendí bastante, porque no es igual estar todo el rato detrás que estar delante de un paso y verlo venir. Después vino a las Angustias David Arce y luego Ángel Muñoz. También aprendí muchísimo con él y con Sony. También dejaban mucho el martillo. 

Estuve dos o tres años de costalero de Jesús de las Penas y le dan el martillo a José Ángel Tejero. Y el único que había ido de auxiliar, de los cuatro. era yo. Confía un poco en mí y me pone de contraguía. Éramos jóvenes, nuevos como capataces, y echamos a andar el proyecto, que era muy chulo. Hasta la pandemia estuve con José Ángel. Y luego nos ofrecieron (el palio) de la Virgen de la Caridad, me separo un poco del equipo de las Penas y, a los dos años, nos llamaron del Dulce Nombre.

-¿Cómo llegó la llamada de las Angustias?

Justamente en la Magna. En 2019 fueron las elecciones, entra (Antonio) Susín, me propone de capataz y cojo a las Angustias y hasta la fecha.

“El palio de la Caridad tiene mucho peso en la delantera y es complicado de llevar con las cuadrillas actuales”

-Habías sido costalero, auxiliar, pero cómo fue ese primer momento al frente del paso de las Angustias.

Soy muy emocional y me emociono con mucha facilidad. Cuando me pongo delante de las Angustias, recientemente han fallecido mis padres, tengo una situación personal complicada y lo paso mal. El primer año lo pasé muy mal, porque fue una mezcla de emociones terrible. Me acordaba mucho de mi padre, de mi madre, de mis abuelos, de mi familia que fueron los que me habían metido allí y que un Barbudo estuviera delante de la Virgen de las Angustias, para mí fue súper emocionante. Es mi hermandad de chico y, la verdad, nunca esperé que me tocara estar ahí, delante, y cuando me llegó el momento fue muy emocionante. Lo pasé bien y un poco mal. Pero lo disfruté muchísimo, por ese contrapunto entre la emoción y la responsabilidad.

-Sacas a las Angustias, la Caridad y el Dulce Nombre ¿Qué diferencias hay entre los tres pasos?

Abismal. Las Angustias es un paso de misterio con música de palio. Muy complicado, porque en los pasos que llevan cruz y sudario cualquier error se nota muchísimo, como no eches el pie al suelo se nota, tienes que andar siempre de frente. 

El de la Caridad es un palio de cajón, serio, con música seria en teoría. Tiene la dificultad, creo que no se ha dado con la tecla al palio. Tiene mucho peso en la delantera y es complicado de llevar con las cuadrillas actuales. Con las cuadrillas de hace más años, aunque parezca raro, a lo mejor era más fácil de llevar. Pero como están ahora mismo, con gente tan joven, que está empezando en esto, es un paso exigente, más que Angustias y Dulce Nombre. Es el paso más exigente que tengo, al que menos le puedo perder la cara, porque hay que cuidar muchísimo a la gente. Hay que estar muy en lo alto de la gente, hay que intentar andar con un ritmo bueno a la ida y, a la vuelta, a lo mejor puedes recrearte un poco más. Es un paso pequeñito -con seis trabajaderas-, lo miras y no tiene nada, la candelería es la que es, el techo de palio es lo que es, en fin, tiene unas connotaciones que son dignas de estudio y de pararse a verlo bien.

Dulce Nombre es una maravilla. La hermandad me ha sorprendido muchísimo, porque es una familia. No voy a descubrir lo que es el palio, pero que suena y se mueve de maravilla, hay que hacerlo muy mal (risas) para que se note algo. Salimos el Domingo de Ramos y la música es más alegre, muy macareno. Son alegres, pero comedidos. La cuadrilla lo disfruta muchísimo nosotros también. Estamos encantados.

Son tres pasos, pero muy diferentes los tres.

-Hubo un momento en que fuiste capataz del Dulce Nombre y de la Esperanza y la Vera Cruz pasa al Domingo de Ramos y tuviste que elegir.

Lo pasé muy mal, fatal. Porque había estado muchos años en la Esperanza, venía de haber sacado y de estar de auxiliar con José Ángel a Nuestro Padre Jesús de las Penas. Pero la Esperanza siempre estaba ahí, es una hermandad en que la Virgen siempre está ahí. Y, cuando me lo ofrecen, todos los que venían en mi equipo, todos habíamos salido en el Señor y estábamos súper ilusionados y, cuando llegó el momento, personalmente, lo pasé muy mal, porque la decisión era muy complicada. Se unían sentimientos y la palabra que habíamos dado en el Campo de la Verdad. Todo el mundo creía que iba a hacer lo contrario, creía que iba a ir a la Esperanza.

“Lo pasé muy mal, porque la decisión era muy complicada. Se unían sentimientos y la palabra que habíamos dado en el Campo de la Verdad. Todo el mundo creía que iba a hacer lo contrario, creía que iba a ir a la Esperanza”

Lo consulté con mis hermanos, con mi equipo (lo consulto todo con ellos). Todos sabían lo que iba a hacer y lo que hiciera yo era lo que iban a hacer todos. Sabíamos que la responsabilidad nuestra estaba en el Dulce Nombre, habíamos dado nuestra palabra y, aunque es verdad que la que cambió de día fue el Dulce Nombre, creíamos que nuestro trabajo estaba allí y, con todo el dolor de nuestro corazón, tuvimos que decir que no. y Rafa García Cerezo (el hermano mayor de la Esperanza), que es una bellísima persona, me lo puso súper fácil. Lo llamé llorando y lo comprendió perfectamente y la verdad es que fue un alivio que él lo entendiera.

-Has nombrado a tu equipo ¿qué destacas de ellos?

Son mis hermanos. Está mi hermano Manolo, que es cuatro años mayor; mi hermano Rafa, que es una alegría, porque es ocho años menor que yo y viene muy bien al equipo, porque es otra generación. Y luego tengo a otra, que son mis hijos. Viene muy bien porque los capataces, como en todo, tenemos que seguir evolucionando. Tengo 51 años y, si me quedara en lo que sé de hace 30 años, me quedaría atrás.  Mi hermano tiene ocho años menos y mi hijo tiene 22. Eso hace muchísimo, porque hace que estés siempre pendiente de todo, queriendo aprender y estar en el mundo del costal. 

Mis hermanos para mí lo son todo. Luego tengo a Miguel Ángel Armenta, que lleva conmigo desde los catorce años, primero de costalero y luego de auxiliar en las Angustias. Diego Manzano lleva conmigo desde el Gitano, que muy amigo y sabe de marchas todo lo que da. Y tengo a mi sobrino Alejandro, que es un fenómeno. Tenemos una conjunción muy buena. Al final somos todos medio familia y vamos a disfrutar de esto, que es lo que nos gusta. Disfrutamos de costaleros, ahora de un equipo de capataces y, mañana, seguramente lo haremos de nazarenos. 

-Hablabas al principio de ese doblete Caído-Angustias. Desde esa época hasta ahora ha cambiado mucho el mundo del costal.

En aquella época no había costaleros, eso lo primero. Y los costaleros que había eran todos muy mayores. Recuerdo que mi hermano Manolo entró con 18 años y tenía que pedir permiso para entrar en el paso. Levantabas el faldón y decías, “qué voy a entrar” y te decían “nene, tú no entras”. Las cuadrillas antes eran así, gente muy mayor y no dejaban, prácticamente, entrar a los nenes. Era muy complicado. Eran cuadrillas súper cerradas con gente súper hecha. 

“Yo he llorado mucho, lo he pasado muy mal debajo de los pasos y, ahora que quiero que lo pase mal la gente, pues no”

Los capataces ahora estamos todo el rato pendientes de la gente joven, escuchamos, les recomendamos cosas, les aconsejamos… somos como unos pequeños padres para ellos. Yo me pasé diez años sin hablar con un capataz. Pasé diez años en Sentencia y Lorenzo (de Juan) no sabía ni cómo me llamaba. Al octavo o noveno año me dijo, “tú este año vas a hacer salida, que eres nuevo”; y dice Ochoa: “lleva ocho años con nosotros, qué va a ser nuevo”. No es por poner a Lorenzo, sino ue no estaban tan pendientes como estamos hoy de las cuadrillas, que conocemos todo de su familia de su trabajo. Estamos mucho más implicados.

Ha cambiado muchísimo, aparte de que hay mucha más gente.antes era de mármol a mármol y ahora no se enteran. Yo, por ejemplo, hago relevos muy cortos. Ha cambiado muchísimo, creo que para bien. Quizá, lo que todo el mundo dice, que antes el costalero era más sacrificado, pero de qué sirve que los que lo hemos pasado fatal bajo los pasos. Yo he llorado mucho, lo he pasado muy mal debajo de los pasos y, ahora que quiero que lo pase mal la gente, pues no. Quiero que disfrute la gente de su imagen, de su Virgen, de lo que yo muchos años no he podido disfrutar. Era intentar salir, intentar entrar y poco más. La gente dice que nos damos besos y abrazos, creo que era porque estábamos contentos porque habíamos llegado vivos. La verdad que eran auténticas locuras lo que se hacía. En las Angustias levantaba en la capilla de San Pablo y ya iba con las piernas dobladas. Era subir y bajar la Calle Nueva, pero ya iba doblado antes de salir. Eso no se lo deseo a ningún costalero.

-¿Qué capataces han sido tus referentes?

Soy observador y me gusta mucho la Semana Santa, el mundo de abajo y fijarme en todo. Intento quedarme con lo bueno de cada uno. Tengo mis referencias, empiezo con Rafael Muñoz, padre, luego con Rafael Muñoz, hijo, también con Lorenzo de Juan, Federico Tovar, Javier Romero y Juan Berrocal que, aunque nunca he salido con él, me ha encantado. Son de los que bebo y mi maestro es José Luis Ochoa, estuve muchos años con él y era muy buen capataz. Ahora, incluso, como hablo, como mando, las formas son muy parecidas a las suyas, porque he estado muchos años con él, no solo en el equipo sino de costalero.

“Parece mentira, pero nunca he salido con Curro, y me encanta. El otro día lo vi y se lo dije, te admiro una barbaridad”

Decimos, nos quedamos ahí, no. He aprendido mucho de Ángel Muñoz, de Sony. He aprendido muchísimo de José Ángel Tejero, es súper recto, cuadriculado, y me quedo con muchas cosas buenas de él. Me quedo con un poquito de todos con los que he salido.

-Y de los que no has salido ¿cuáles te gustan?

Parece mentira, pero nunca he salido con Curro, y me encanta. El otro día lo vi y se lo dije, “te admiro una barbaridad, ya no por cómo llevas los pasos, sino por el tiempo que llevas, lidiar con tantas juntas de gobierno, con tantos costaleros, con tantos pasos”. No ahora, porque lo tenemos relativamente fácil, pero hace 25 años imagínate para hacer los ensayos, cuadrillas, la gente que había. Lo admiro mucho y el otro día lo vi de casualidad y me salió (decírselo). Después, David Arce me gusta mucho y toda esta vertiente de gente joven que están saliendo.

-Has realizado ya igualás ¿qué esperas para esta Semana Santa?

Se lo digo a la gente joven, disfruto mucho de las cuaresmas. Para mí, una cuaresma es súper importante. Quiero vivir la Cuaresma con mi gente, mis amigos, mis hijos, con mis hermanos, con mi equipo y con mis imágenes. Todos los años tienes la misma ilusión. Hoy me escribía un costalero antiguo y me decía, “estoy nervioso”, igual que yo, porque el año que no esté nervioso posiblemente deje esto.

“Hoy me escribía un costalero antiguo y me decía, ‘estoy nervioso’, igual que yo, porque el año que no esté nervioso posiblemente deje esto”

-¿Cuál ha sido el mejor momento como costalero y cuál como capataz?

La primera vez que saqué a las Angustias de San Pablo, cuando era un nene, mira que hace muchísimos años, pero no se me va a olvidar en la vida. Ese rugir en Capitulares, quizá porque era muy chico, pero me impresionó mucho ver a tanta gente, el cariño de Córdoba a una imagen. Me impactó esa primera salida.

De capataz, la primera vez que salimos -en la Magna-, que pude estar con mis hijos y mis hermanos. Para mí ese día fue muy importante. Al final, como te dije antes, era un homenaje a mi familia. Mi abuelo y mi padre fueron monaguillos en San Agustín; mi abuelo fue carpitenro y le hizo las andas a la Virgen. Es una familia ligada a esa Virgen y a ese barrio. Y poder estar yo ahí, lo disfruté mucho y me dio una responsabilidad enorme. Fue un momento muy bonito.