David Hurtado: «Yo preferiría escuchar algún día a Gámez Laserna en la Ópera de Viena o en el Madison Square Garden antes que en un evento como el del pasado sábado»

David Hurtado reivindica el futuro de la música procesional y pide una reflexión sobre los escenarios en los que debe proyectarse

Las reacciones suscitadas tras la participación de la Agrupación Musical Virgen de los Reyes en la velada organizada por Ibai Llanos el pasado sábado en Sevilla continúan alimentando un intenso debate dentro del ámbito cofrade y musical. A las numerosas opiniones expresadas en los últimos días se ha sumado ahora la del músico y compositor David Hurtado, quien ha utilizado su cuenta oficial en una conocida red social para compartir una extensa reflexión sobre el presente y, especialmente, el futuro de la música procesional, alejando el foco de la polémica concreta para situarlo en la proyección cultural que este patrimonio artístico debe perseguir.

La proyección de la música procesional más allá de la Semana Santa

Lejos de cuestionar que este repertorio pueda escucharse fuera del contexto de las procesiones, Hurtado ha defendido precisamente esa expansión, al considerar que «la trascendencia de la música procesional más allá del marco exclusivo de la Semana Santa no es que no sea mala, sino que es positiva y necesaria». En este sentido, sostiene que se trata de «una manifestación artística viva y con tan buena salud», por lo que entiende que «debemos convertirla en una seña más de identidad, al margen de su función esencial, que es, evidentemente, acompañar a los pasos».

No obstante, el compositor introduce un importante matiz al advertir de que esa apertura debe ir acompañada de una estrategia que preserve el prestigio del género. A su juicio, «el problema está en elegir bien dónde queremos situarla y en qué escenarios», ya que de esa elección dependerá que la música procesional evolucione «hacia un género artístico universalmente respetado y admirado, o simplemente hacia un objeto más de consumo, a merced de las cada vez más cambiantes y caprichosas modas».

El ejemplo de los valses vieneses como modelo cultural

Para desarrollar su planteamiento, David Hurtado recurre al ejemplo de los valses vieneses, cuya evolución considera un referente para comprender el camino que podría seguir la música procesional. En su reflexión recuerda que se trata de una «música de baile en su origen» que, «gracias a una promoción y una puesta en valor con miras más allá del titular publicitario, se ha convertido en un elemento indispensable de la cultura centroeuropea, capaz de congregar a millones de personas frente al televisor cada año nuevo». A partir de esa comparación concluye de forma rotunda que «deberíamos copiar ese modelo», defendiendo una proyección cultural basada en el reconocimiento artístico y no únicamente en el impacto mediático.

Un debate sobre el alcance de los grandes eventos

Aunque reconoce sin ambages la enorme repercusión de la cita organizada por Ibai Llanos, Hurtado plantea varias cuestiones sobre la conveniencia de vincular la música procesional a este tipo de acontecimientos. Así, admite que «un evento como la Velada del Año es algo extraordinariamente mediático, eso es indudable», pero inmediatamente invita a reflexionar preguntándose «¿realmente es duradero? ¿Son cimientos de piedra o de arena?». A esa reflexión añade una tercera cuestión que considera igualmente trascendente: «¿nos interesa que se asocie nuestra música procesional a ese tipo de cultura mainstream?», dejando abierta una discusión que en los últimos días ha generado posiciones muy diferentes dentro del mundo cofrade.

La aspiración de situar este patrimonio musical en los grandes templos de la cultura

El compositor concluye su intervención trasladando cuál sería, desde su punto de vista, el horizonte deseable para este género musical. En ese sentido, afirma con claridad: «Yo, personalmente, preferiría escuchar algún día a Gámez Laserna en la Ópera de Viena o en el Madison Square Garden antes que en un evento como el del pasado sábado». Con esta reflexión final, David Hurtado sitúa el debate más allá de la controversia inmediata y plantea una cuestión de fondo sobre el modelo de proyección que, a su juicio, debería perseguir la música procesional para consolidarse como un patrimonio artístico reconocido en los grandes escenarios internacionales.