A contracorriente | Lo de La Agonía, Las Palmeras, la Iglesia y los estatutos de la Agrupación

Agonía Catedral

Miro al tipo del espejo, varias veces al día, y nunca nos ponemos de acuerdo. La ocurrencia no es mía, está inspirada en una profética canción de Leiva y me es tan aplicable que llegué a pensar que la escribió para un servidor.

Eso de odiar al tipo del espejo, de no aguantarse ni a uno mismo, le sucede a algunas personas a las que nos tildan de raritos. Y de esos hay en todas partes, incluso en la asamblea de hermanos mayores de la Agrupación de Cofradías de Córdoba, aunque en ese caso no sea por autodisidencia y, más bien, por interés propio, circunstancia que no deja de ser legítima.

Estos últimos tendrán cónclave estatutario, probablemente, en octubre o noviembre, como previó el presidente de la Agrupación en una reciente entrevista a este medio. Y la cita, pese a los esfuerzos -a nivel participativo de las cofradías- realizados por la Agrupación, no se antoja sencilla. La necesidad de mayoría cualificada para su aprobación es un mecanismo de seguridad y una traba al mismo tiempo.

Sin embargo, los problemas van más allá para que haya fumata blanca en Isaac Peral. De haberla, no se sabe si se llegaría incluso a materializar por una chimenea que se viera en todo el Realejo y que fuera prendida por el propio delegado de hermandades, pues los nuevos estatutos profundizan en la línea de control de las cofradías por parte de la santa madre, la Iglesia.

Para muestra el ingreso de nuevas corporaciones en la Agrupación, que se vende como automático, pero que requerirá del triple check. Esto es, primero te erige como hermandad la autoridad eclesiástica (entiéndase el Obispado). Con eso ya el ingreso sería automático, pero el Automatic for the People no es el disco de R.E.M. y requerirá de otros dos automatismos, los vistos buenos del consiliario y del delegado de hermandades. Y podría darse el caso de que, llegado el momento, el arbitrio de uno de los dos (sean quiénes sean en ese momento) diga que no. Pues ya no es automático.

Lo de La Agonía y Las Palmeras en la Catedral es otra muestra más de que el templo no es la casa ni de las hermandades (a las que se las limita) ni de los católicos, porque los de fuera de Córdoba abonan religiosamente una entrada. Sería más bien la casa de los curas o del Cabildo que es el que la protege, se ve que de propios y extraños. Pero ese es otro asunto más intrincado y con reminiscencias al pasaje bíblico de los mercaderes y el templo.

Para rematar están las condiciones para entrar en Semana Santa, que son rigurosas y necesarias. Lo que se echa en falta es que se apliquen a los que ya están. De nuevo un ejemplo en los números 100 y 150, que son el número de hermanos mínimo (con uno o dos pasos, respectivamente). Se entiende que el borrador de estatutos se refiere a nazarenos, aunque no se especifica y, en esa laguna, podrían intentar colar a acólitos y costaleros. 

No es descabellado pensar en ese ardid cuando hay cofradías de Semana Santa que ya lo hacen. A ellas debería serles aplicable ese criterio y dejando claro que son nazarenos. Y ejerciendo un conteo corroborable (que los hay aunque no se citen en público). Las sorpresas (para quien no se fije en los cortejos) iban a ser mayores que las que me doy cada día contra el tipo del espejo.

Y todo sin contar lo de que las imágenes deben ir entronizadas, que ya se sabe con eso a quién señalan con el dedo y no hace falta ni mirar al espejo.