Esta fue la «defensa» de Arquillo en el cabildo de la Macarena: «La cara de la Virgen es la misma desde 1978»

Macarena

El catedrático Francisco Arquillo y su hijo ofrecieron su versión de los hechos en un tenso cabildo extraordinario que se prolongó hasta la madrugada, en el que rechazaron las conclusiones del IAPH y reivindicaron su intervención en la Esperanza Macarena

El pasado cabildo extraordinario celebrado por la Hermandad de la Macarena, que concluyó en la madrugada tras congregar a cerca de dos mil hermanos, no sólo sirvió para aprobar la intervención de Pedro Manzano sobre la Esperanza Macarena, sino también para que se escucharan las voces del equipo anterior encargado de su conservación: el catedrático Francisco Arquillo y su hijo David Arquillo. Ambos comparecieron en uno de los puntos del orden del día para exponer su particular defensa, que se distanció notablemente del diagnóstico realizado por los técnicos del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH), representado esa noche por José Luis Gómez Villa.

En su intervención, Francisco Arquillo aseguró que «la cara de la Virgen es la misma» desde que la trató por primera vez en 1978, y defendió la corrección de su trabajo, reconociendo como único fallo el episodio de las pestañas, cuya colocación fue severamente cuestionada tras la reposición al culto de la imagen. Para sustentar su postura, el restaurador mostró fotografías del rostro de la Virgen antes y después del trabajo, eliminando visualmente las pestañas para centrar la atención en la zona ocular. Según su relato, ni se alteraron los ojos, ni se aplicó pasta de madera sobre los párpados, en contraposición directa con los hallazgos del IAPH, que sí constatan dicha manipulación. El informe técnico también señala alteraciones morfológicas en las cejas y repintes reiterados en áreas sensibles como la nariz, los labios y los pómulos.

Su turno de palabra tuvo lugar en el cuarto punto del cabildo, ya pasada la votación que aprobó la restauración de Manzano, lo que motivó cierta incomodidad por parte de los comparecientes. De hecho, Arquillo había solicitado previamente, mediante burofax, intervenir en el primer punto del orden del día y proyectar imágenes de su trabajo, petición que fue desestimada por la junta de gobierno.

“Tras tantos años cuidando de la Virgen, no necesitaba un TAC para conocerla”

Durante su intervención, Francisco Arquillo reveló que percibió 10.500 euros por los trabajos realizados no sólo sobre la Esperanza Macarena, sino también sobre el Señor de la Sentencia y la Virgen del Rosario, labores que, según defendió su hijo David, se enmarcaron dentro de lo que la Unesco define como «mantenimiento». En el caso del Señor de la Sentencia, David Arquillo explicó que se trató únicamente de una limpieza, reintegración de la policromía, sellado y cierre de grietas, sin que se acometieran intervenciones invasivas.

Los restauradores relataron además que fueron apartados del proceso el mismo sábado en que la Virgen fue repuesta al culto, y que no fueron informados por la hermandad de posteriores retoques, enterándose de estos hechos a través de los medios de comunicación. En un tono crítico, Francisco Arquillo manifestó su escepticismo ante la realización de un segundo TAC a la imagen, alegando que “tras tantos años cuidando de la Virgen, no necesitaba un TAC para conocerla”.

Por último, los Arquillo denunciaron que la hermandad les exigió un informe apresurado sobre la intervención, que debieron entregar en apenas un día, y que concluyeron en apenas tres folios, cuando, según afirmaron, elaborar un documento técnico de ese tipo suele requerir entre tres y seis meses.

El cabildo, que se alargó hasta más allá de las cuatro de la madrugada, evidenció la fuerte división interna en torno al reciente pasado de la restauración de la dolorosa, y dejó patente que la decisión de encomendar a Pedro Manzano la recuperación del aspecto original de la Esperanza no fue tomada sin escuchar previamente todas las versiones. Sin embargo, la oposición de los Arquillo a las conclusiones del IAPH, y su defensa de lo ejecutado, marcan un nuevo capítulo en uno de los episodios más controvertidos de la historia reciente de la corporación de San Gil.