Ángel Luis Tejera culmina una nueva obra cristífera para Ronda, evocando la tradición barroca con rigor académico y devoción contemporánea

En el ámbito de la imaginería sacra contemporánea, el nombre de Ángel Luis Tejera se ha consolidado como sinónimo de excelencia técnica, sensibilidad estética y fidelidad a los cánones clásicos del barroco sevillano. Su última creación, una talla de Cristo crucificado destinada a una capilla privada en la ciudad de Ronda, constituye una aportación notable al patrimonio devocional andaluz, tanto por su ejecución como por su carga simbólica.

La imagen, labrada en madera de cedro y policromada al óleo mediante procedimientos que remiten directamente a las técnicas del siglo XVII, alcanza una altura de 184 centímetros. La cruz, de proporciones monumentales —210 por 420 centímetros—, ha sido concebida con una intención explícita de aproximarse a las dimensiones históricas atribuidas al madero en el que fue crucificado Jesucristo, según la tradición cristiana. Esta elección no responde únicamente a criterios formales, sino que revela una voluntad de Tejera por dotar a la obra de una verosimilitud teológica y antropológica que refuerce su función cultual.

La policromía, ejecutada con una meticulosidad que recuerda los procesos de estucado, imprimación y encarnadura propios del barroco sevillano, confiere al rostro del Cristo una expresividad contenida, donde el dolor se sublima en serenidad. Esta tensión entre sufrimiento y paz, tan característica de la imaginería procesional andaluza, ha sido cultivada por Tejera desde sus años de formación en el taller de Manuel Ramos Corona, y se manifiesta con especial elocuencia en esta nueva obra. No es la primera vez que el escultor sevillano aborda la figura de Cristo en su dimensión pasionaria, ya que su producción incluye otras imágenes que han sido ampliamente reconocidas por su fuerza dramática y su fidelidad estilística, que evidencian una evolución en su lenguaje plástico, donde la anatomía se convierte en vehículo de introspección espiritual.

La nueva imagen para Ronda, sin embargo, se distingue por su carácter introspectivo y por la intimidad del espacio al que está destinada. Al tratarse de una capilla privada, la obra no participará en cortejos procesionales ni estará expuesta al culto público, lo que ha permitido al autor explorar una dimensión más contemplativa de la escultura religiosa, alejada del efectismo escénico y centrada en la experiencia mística del espectador.

Con esta creación, Ángel Luis Tejera no solo reafirma su lugar en el panorama de la imaginería sacra contemporánea, sino que contribuye a la pervivencia de una tradición artística que, lejos de ser anacrónica, sigue ofreciendo respuestas estéticas y espirituales a las inquietudes del presente. Su obra, en definitiva, no es mera reproducción de modelos históricos, sino relectura viva de un legado que encuentra en la madera tallada un vehículo de trascendencia.