La Hermandad Salesiana del Prendimiento de Córdoba acaba de desvelar públicamente la primera fase del palio de Nuestra Señora de la Piedad, un anuncio que ha irrumpido en la vida de la corporación como una llamarada largamente contenida, como el primer destello de una promesa que parecía dormida y que, al fin, despierta. El acto, celebrado hace apenas unos instantes en la Iglesia de Santa Victoria, abrió ante los presentes el telón de un proyecto monumental, mostrando las bambalinas exteriores, primeras piezas visibles de una obra que aspira a erigirse, cuando llegue el Martes Santo de 2026, en una verdadera arquitectura de fe en movimiento.
La presentación, acompañada de su bendición solemne, se inserta en un proceso patrimonial que comenzó años atrás y que avanza, ahora sí, hacia una fase decisiva, casi definitoria, en la que la hermandad entrelaza bambalinas, techo de palio —aún desnudo en esta primera etapa— y faldones, en una labor que quiere, según la propia corporación, que «Nuestra Señora de la Piedad luzca con todo el esplendor que Ella se merece y la ciudad de Córdoba se haga partícipe de su Piedad Salesiana». Todo ello constituye una sinfonía de devoción en la que cada elemento suma una nota, cada puntada un matiz, cada decisión un ascenso hacia ese ideal anhelado.
Bordado y diseño: una pieza afrancesada firmada por Rosado Borja
Las bambalinas —elaboradas por Jesús Rosado Borja, salvo la frontal, salida de las manos de Francisco Pérez Artés— se alzan como un tejido donde dialogan siglos, una piel bordada en la que palpitan los diseños concebidos por Julio Ferreira y Manuel Jiménez. La estética afrancesada que sustenta el conjunto funciona como un puente tendido desde los fastos de Luis XIV y Luis XVI hasta las manos contemporáneas que hoy lo han hecho posible.
Ferreira apunta que el proyecto se erige sobre la sabiduría ornamental de Jean Berain y Antonie Watteau, maestros que modelaron el espíritu del rococó temprano. Su huella, todavía vibrante, ofrece la clave para comprender la ruptura estilística que persigue esta obra: un bordado que rechaza los moldes habituales para abrazar el lenguaje cortesano, exuberante, sinuoso, propio de aquella Francia donde el arte parecía respirar con una cadencia distinta.
Un repertorio ornamental de gran complejidad
El conjunto absorbe la revolución decorativa que transformó las artes francesas de la época, integrando candelieri que ascienden como antorchas, relieves renacentistas que evocan la piedra tallada, conchas que parecen recoger susurros del mar, copas florales, palmas, mallas, acantos y ese meandro orientalizante cuya línea serpenteante se despliega en la parte superior como un hilo que guía la mirada. Abajo, una guirnalda floral, y a los lados, arabescos que sostienen la composición como dos alas ornamentales en perfecto equilibrio.
Ferreira, sintetizando esta exuberancia visual, habla de «articulación ornamental», expresión que contiene toda la idea de un diseño que no se limita a existir, sino que dialoga, respira y se despliega siguiendo la tradición del grabado francés.
Estructura técnica: simetría barroca y lectura rococó
La bambalina frontal —tres cuerpos simétricos y dos intermedios sobre terciopelo azul prusiano, profundo como un cielo nocturno— retoma el meandro oriental, las múltiples conchas y los candelieri ascendentes que ordenan la estructura. Dos elementos gobiernan la composición: la guirnalda unida a acantos, que perfila el borde inferior como si dibujara un horizonte vegetal, y el nuevo arabesco, reinterpretado según las corrientes francesas del XVII al XIX, que serpentea como una frase ornamental sin principio ni fin.
Aunque el conjunto nace en una arquitectura barroca, evoluciona hacia un lenguaje rococó, más liviano, más ondulante, más proclive a la fantasía. Los follajes, palmas, meandros, conchas y acantos terminan por tejer una identidad visual que se reconoce inmediatamente como afrancesada.
El techo de palio: evocación de los palacios franceses del XVIII
El techo de palio, diseñado por Ferreira y presentado el 3 de febrero de 2024, se erige como una metáfora de los grandes salones franceses del siglo XVIII, donde el rojo —color escogido para la pieza— no es solo pigmento, sino una declaración simbólica de realeza mariana. Esa tonalidad enlaza con la “Madonna con querubines y serafines” de Jean Fouquet y la “Inmaculada” de Carlo Crivelli, como si la pintura clásica extendiera su mano hacia el bordado contemporáneo.
Inspirado en los boiseries, el diseño despliega curvas, contracurvas, palmetas, conchas y recursos vegetales, todo ello rodeado por un friso rescatado del XVIII y vinculado a la obra de Jacques Verbeckt en Versalles. Las lacerías, entrelazadas con meandros, añaden una dimensión sacramental al evocar la caja que custodió el Santo Grial, un símbolo que convierte el techo en una huella silenciosa de lo sagrado.
La Inmaculada de Tiepolo como centro simbólico
En el corazón del techo brilla la “Inmaculada Concepción” de Giambattista Tiepolo, que emerge como un sol iconográfico entre las formas ornamentales. Su lectura desde el símbolo del “jardín cercado”, reforzada por las azucenas, introduce una dimensión contemplativa que recuerda que María es, para la hermandad, Inmaculada y Auxiliadora, madre y guía, luz y amparo. Ferreira articula así un discurso visual que convierte el centro del techo en un altar suspendido, en un punto de gravitación espiritual.
Más de una década de trabajo para llegar a este momento
El origen de este proyecto se remonta al 26 de enero de 2014, cuando la hermandad, presidida entonces por Juan Carlos Sanz Armada, aprobó en Cabildo —tras seis horas de deliberación— las líneas maestras que definirían su patrimonio futuro: nuevo paso de misterio, nuevo palio y nuevo hábito penitencial. Con la talla del misterio concluida durante el mandato de Juan Manuel Baena, la actual junta encabezada por Francisco Martínez ha conducido con determinación esta empresa hasta su fase definitiva.
La presentación celebrada hoy certifica que el palio de la Piedad avanza, por fin, hacia su culminación. Para muchos hermanos, este instante representa la aurora de un anhelo, la evidencia palpable de que lo que un día fue idea, luego proyecto y después ilusión compartida, empieza de manera irrefutable a convertirse en realidad.











































