El San Juan de la Lanzada, la imagen de mayor calidad de la corporación

Es el único San Juan que llora de los que procesionan en Semana Santa

El calendario fija la onomástica de San Juan Evangelista el 27 de diciembre. El apóstol más joven es además patrón de la juventud cofradiera y la figura secundaria con mayor presencia en nuestra Semana Santa.

Al evangelista lo vemos acompañando a la Virgen bajo palio, pero también en numerosos misterios, que van desde el primero que entra en la Campana, con La Borriquita, hasta el paso del Duelo, en el Santo Entierro. Su presencia, en la semana más esperada del año, se observa, por tanto, desde el Domingo de Ramos hasta el Sábado Santo. De todos los pasos de misterio en los que se encuentra tan solo es titular de dos hermandades, ambas pertenecientes al Miércoles Santo. Se trata de Las Siete Palabras y La Sagrada Lanzada. En esta última, ostenta la titularidad desde 1970.

San Juan Evangelista junto a la Virgen de Guía. Foto: Hermandad de la Sagrada Lanzada

La imagen fue realizada en 1703, siendo de autor anónimo. Otras teorías señalan la fecha de ejecución hasta 1670. González de León afirma que «El San Juan es de Roldán, con muy buena cabeza». En sus Glorias religiosas, Bermejo manifiesta que «el San Juan, es excelente escultura de Roldán». En una publicación del siglo XIX, el Eco de Europa, dedicada al arte y la literatura, se describe como obra de Roldán. En efecto, los aspectos formales recuerdan al círculo de Pedro Roldán, por lo que pudiera haber sido esculpido por algún seguidor de este. Un aspecto a señalar es la cabellera, con grandes bloques y mechones que recuerdan a los que solía hacer Pedro Roldán.

Con una medida de 1,70 metros es, por tanto, la más antigua de cuantas posee la hermandad, sobresaliendo por su innegable calidad artística. Dirige su mirada hacia la cruz, con la boca entreabierta, presentando los dientes superiores tallados.

La Virgen de Guía acompañada por San Juan Evangelista. Foto: Hermandad de la Sagrada Lanzada

Entre las restauraciones realizadas a lo largo de su historia se encuentra la acaecida en 1810 por Juan de Astorga, quien reparó los diversos daños que ocasionaron las tropas francesas durante el asalto a San Basilio. El imaginero archidonés lo intervino junto a María Santísima del Buen Fin, que había quedado seriamente dañada debido a los golpes que recibió para extraer la corona que portaba. Durante este proceso, se le realizó un nuevo cuerpo. La policromía corrió a cargo de Joaquín de la Peña. También en el siglo XIX fue intervenido por Jesús Parra y un tal Morillo, del que se conocen escasos datos. Ambas fueron de menor importancia.

En el siglo XX fue intervenida por Manuel Escamilla Cabezas, que somete la imagen a una reparación integral, concretamente en 1957. En 1985, el profesor José Rodríguez Rivero-Carrera le crea un nuevo candelero, realizando también una limpieza de la policromía.

Más recientemente, fue restaurado por Juan Manuel Miñarro en 2013, dentro de un proceso conservativo que inició la corporación donde se incluyeron otras imágenes, como la Virgen de Guía o la Esperanza Divina Enfermera, estas últimas sucedidas entre 2019 y 2020. Salió de San Martín para que fuera intervenida su policromía y dotar la imagen de mayor estabilidad. Sin embargo, presentaba problemas más serios, como los ocasionados por la pudrición parda. Por lo tanto, su regreso se demoró más de lo esperado.

Besamanos a la Virgen de Guía. Foto: Hermandad de la Sagrada Lanzada

En los últimos años, hemos podido contemplarlo junto a la Virgen de Guía durante el besamanos anual a la dolorosa, celebrado el 8 de diciembre. Sin embargo, en 2025, la imagen apareció junto al crucificado, con María Cleofás, Salomé y la Magdalena. Como curiosidad, es el único San Juan que tiene lágrimas de cristal, dos de ellas en la mejilla izquierda y tres en la derecha. Cada 27 de diciembre, el grupo joven de la hermandad se encarga de preparar la misa en honor de San Juan Evangelista.

Primer plano de San Juan Evangelista. Foto: Hermandad de la Sagrada Lanzada