La Hermandad de San Benito entroniza al emisario de la ilusión en una solemne ceremonia de entrega de llaves y corona

El Polígono San Benito se convirtió en la tarde de ayer en el epicentro de la esperanza jerezana con la celebración del acto institucional y religioso de coronación del Heraldo Real. En el transcurso de una ceremonia marcada por la solemnidad y el afecto vecinal, la cofradía del Martes Santo procedió a la entrega de la presea y de las llaves de la feligresía a quien ostentará la representación del emisario de Oriente el próximo 2 de enero de 2026. El evento, que dio comienzo a las 20:00 horas tras la liturgia de la Sagrada Familia, estuvo presidido por el director espiritual de la corporación, don Ignacio Gaztelu, junto al hermano mayor, David Guerrero, contando con una nutrida presencia de fieles que abarrotaron las naves del templo.

​La cita institucional congregó a una amplia representación de la sociedad civil y eclesiástica de Jerez. Miembros del Gobierno municipal y de la oposición, así como representantes del Consejo Local de Hermandades y Cofradías y diversos hermanos mayores de la ciudad, refrendaron con su presencia la trascendencia social que este heraldo ha adquirido como un hito ineludible en el calendario navideño de la zona oeste. Esta participación coral subraya el arraigo de una tradición que trasciende lo meramente parroquial para instalarse en el corazón del tejido cofrade jerezano.

​La comunión entre hermandad y barrio bajo el espíritu de la familia cristiana

​Durante su alocución, el hermano mayor, David Guerrero, enfatizó la concomitancia de intereses entre la institución y su entorno, señalando que la cabalgata del heraldo es la expresión visible de una gran familia compuesta por la parroquia, el barrio y la hermandad. Guerrero elogió la disponibilidad y entrega de la nueva designada, destacando que su labor será el vehículo para proyectar una comunión fraternal por las calles del Polígono. Por su parte, la nueva Heraldo Real, embargada por una vibrante emoción, manifestó su gratitud por una elección que calificó de sorpresiva, comprometiéndose a desempeñar su función con sencillez y espíritu cristiano para llevar un mensaje de optimismo a los hogares de San Benito.

​La dimensión espiritual del acto fue subrayada por el párroco Ignacio Gaztelu, quien instó a los presentes a interpretar esta festividad como un instrumento de evangelización periférica. Gaztelu recalcó que las «cosas del Señor no son casualidad», definiendo el desfile como un puente de cercanía y caridad, especialmente dedicado a aquellos vecinos que, por limitaciones físicas o de movilidad, no pueden desplazarse al centro de la urbe para presenciar los grandes cortejos. El presbítero reiteró la naturaleza inclusiva de la celebración, invitando a toda la ciudadanía a sentirse partícipe de esta familia, independientemente de su vinculación administrativa con la cofradía.

​Un legado de continuidad y el horizonte del 2 de enero

​Un detalle de especial relevancia simbólica fue la participación en la liturgia de la palabra de quienes encarnaron al emisario en ediciones pretéritas. Este gesto puso de manifiesto el vínculo inmarcesible y la continuidad de una herencia que se transmite año tras año, reforzando la cadena de custodia de la ilusión en el barrio. La proclamación de los textos por parte de los antiguos heraldos sirvió como testimonio de la pervivencia de una tradición que se renueva con cada ciclo litúrgico.

​La Hermandad de San Benito ultima ya los preparativos para que, en la tarde del próximo 2 de enero, el mensajero de Sus Majestades de Oriente recorra el Polígono en una cabalgata de marcado carácter social. La corporación ha hecho un llamamiento a la participación colectiva, recordando que el desfile está diseñado para el deleite de la infancia, pero también para el consuelo de los mayores que, desde sus balcones y portales, aguardan con anhelo la llegada del Heraldo Real como preludio de la noche más mágica del año.