El obispo de Córdoba advierte de un nuevo paradigma que “confunde la libertad con la ausencia de límites” y “rechaza cualquier traba legal, política, moral o ética que impida obtener la máxima rentabilidad”

Jesús Fernández denuncia en su carta del 1 de mayo una transformación que prioriza la rentabilidad frente a criterios éticos, sociales y humanos

El obispo de Córdoba, Jesús Fernández, ha aprovechado su carta pastoral con motivo del 1 de mayo, festividad de San José Obrero y Día Internacional del Trabajo, para lanzar una reflexión de calado sobre la evolución del modelo económico y social contemporáneo, en la que advierte de “un cambio de época” que está redefiniendo profundamente las bases del trabajo y la dignidad humana.

En el núcleo de su mensaje, el prelado subraya que “vivimos un cambio de época que está imponiendo un nuevo paradigma económico y tecnológico que rechaza cualquier traba legal, política, moral o ética que impida obtener la máxima rentabilidad”, alertando de una dinámica que, a su juicio, desborda los límites tradicionales que han regulado la actividad económica desde una perspectiva humanista. En este contexto, añade que se trata de “un nuevo paradigma que identifica erróneamente vivir sin limitaciones con ‘la libertad’”, estableciendo así una crítica directa a la concepción contemporánea de la libertad desligada de toda referencia ética.

Crítica a la deshumanización del trabajo y al avance del control tecnológico

La carta pastoral incide en que este nuevo escenario se desarrolla en paralelo a avances tecnológicos como la inteligencia artificial o la neurotecnología, señalando que “el control sobre el trabajo y la vida de las personas se está ampliando”, lo que contribuye a una progresiva deshumanización. En este sentido, denuncia que “las personas están siendo reducidas a meros productos de consumo que generan beneficios jamás vistos”, evidenciando una lógica que prioriza el rendimiento económico sobre la dignidad personal.

El obispo enmarca esta realidad en un contexto más amplio, marcado por “la destrucción del planeta”, el auge del autoritarismo, la guerra y el armamentismo, fenómenos que, según señala, están debilitando las estructuras democráticas y los derechos fundamentales.

Un llamamiento a recuperar la dignidad del trabajo desde la fe

Frente a este panorama, Jesús Fernández reivindica el valor del trabajo como dimensión esencial del ser humano, afirmando que “el trabajo es un don de Dios” y recordando que forma parte de la vocación misma de la persona. En esta línea, insiste en que solo puede considerarse digno aquel trabajo que respete la condición humana, citando que “un trabajo […] solo es digno si es decente”, en cuanto expresión de la dignidad intrínseca de toda persona. Quienes llevan toda su vida aprovechándose de la necesidad de sus semejantes para tener a su disposición a esclavos en lugar de trabajadores, aunque lo enmascaren tras una supuesta obra de caridad, deberían tomar buena nota.

Asimismo, recoge palabras del papa Francisco para subrayar que “el gran tema es el trabajo”, insistiendo en la necesidad de que este esté impregnado de valores como el amor, la comunión y el cuidado, tanto de la persona como del entorno.

Precariedad, desigualdad y fragmentación social

El obispo advierte también del impacto directo de este modelo en el mundo laboral, señalando que “el mundo obrero y del trabajo está viviendo un intenso proceso de precarización”, que se manifiesta tanto en el acceso al empleo como en sus condiciones y en sus consecuencias vitales. En este sentido, alude al IX Informe FOESSA, que alerta de “una cronificación de la desigualdad y de un proceso profundo de fragmentación social”.

Como dato concreto, destaca que “el 23% de la población andaluza —casi dos millones de personas— vive en exclusión social, y el 10% lo hace en exclusión severa”, identificando la vivienda y el empleo como los principales factores de esta situación.

Una llamada a la implicación de la Iglesia en el mundo del trabajo

En su reflexión final, el obispo hace un llamamiento a la Iglesia para afrontar este contexto, subrayando la necesidad de impulsar la Pastoral del Trabajo como una tarea compartida por toda la comunidad cristiana. Asimismo, invita a “avanzar de manera real en el reconocimiento y la lucha por la plena dignidad de las personas del trabajo”, encomendando esta intención a Jesucristo y a San José Obrero.

De este modo, la carta pastoral se configura como una denuncia explícita de los riesgos del actual modelo económico y tecnológico, al tiempo que propone una relectura del trabajo desde claves éticas, sociales y espirituales que sitúan a la persona en el centro.