La corporación, que preside Milagrosa Quiles Zafra, prioriza la consolidación de su proyecto patrimonial y mariano antes de formalizar un proceso que la acercaría al máximo órgano cofrade de la ciudad
La Hermandad de la Sangre de El Higuerón tiene previsto impulsar su incorporación a la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Córdoba, una intención que la corporación de la barriada cordobesa pretende materializar de cara a la asamblea del próximo mes de diciembre, una vez culminados diversos procesos internos considerados prioritarios para el presente curso cofrade.
De formalizarse esta solicitud, la corporación se sumaría al camino ya iniciado por la Hermandad de la Quinta Angustia, que ha presentado la documentación requerida para su incorporación al órgano que articula y representa institucionalmente a las cofradías cordobesas, consolidando así un escenario de renovación y crecimiento dentro del panorama asociativo de la ciudad.
La hermandad aplaza el proceso para centrarse en su reorganización interna y patrimonial
La corporación ha optado por no concurrir a la asamblea de junio, al considerar necesario concentrar sus esfuerzos en una etapa de intensa transformación interna marcada por la consolidación de nuevos proyectos devocionales, patrimoniales y jurídicos, que actualmente centran el devenir de la hermandad.
Buena parte de esta atención se ha dirigido al cabildo general extraordinario celebrado a comienzos de este mes, encuentro decisivo en el que los hermanos refrendaron por unanimidad un ambicioso proyecto escultórico destinado a configurar el futuro paso de misterio de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Compasión, una iniciativa concebida para enriquecer el discurso catequético, espiritual y patrimonial de la estación de penitencia de la corporación.
Un misterio centrado en el encuentro de Cristo con su Madre en la calle de la Amargura
El conjunto escultórico aprobado representará el encuentro de Jesús Nazareno con su Santísima Madre durante el camino hacia el Calvario, episodio vinculado tradicionalmente a la cuarta estación del Vía Crucis y al cuarto dolor de la Virgen María, configurando un pasaje de profunda intensidad emocional, teológica y devocional dentro de la espiritualidad cristiana.
La propuesta, diseñada por el imaginero Manuel Luque Bonillo, articula una escena de acusado lenguaje barroco en la que el sufrimiento compartido entre Madre e Hijo se convierte en el eje vertebrador del misterio. El proyecto busca trascender el mero valor artístico para erigirse en una herramienta de transmisión espiritual y catequética, destinada a favorecer la contemplación del sacrificio redentor de Cristo y el padecimiento silencioso de María.
El futuro paso integrará a Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Compasión y Nuestra Señora del Desamparo como núcleo central de la composición, completándose con las figuras de San Juan Evangelista, María Magdalena y Simón de Cirene, en una escenografía de notable riqueza narrativa y equilibrio compositivo, concebida para ofrecer una lectura coherente desde distintos ángulos del paso.
Una escena de inspiración bíblica, artística y devocional
La concepción del proyecto se apoya en un sólido armazón documental, artístico y espiritual que bebe de referencias literarias, fuentes devocionales, textos religiosos y modelos históricos de representación del pasaje.
Entre las inspiraciones señaladas figura el poema dedicado por Gerardo Diego en 1930 a la cuarta estación del Vía Crucis, además de referencias procedentes de los evangelios apócrifos, concretamente de la recensión tardía del Acta de Pilato, donde se recrea el encuentro de la Virgen con Cristo camino del Calvario tras ser advertida por San Juan.
Igualmente, el proyecto incorpora ecos de las Meditaciones sobre la vida de Cristo, atribuidas al Pseudo-Buenaventura, así como referencias pictóricas y escultóricas presentes en la obra de artistas como Juan de Valdés Leal, Rafael de Urbino, Scipione Pulzone o Antonio de Torres, estableciendo un diálogo iconográfico y devocional con distintas formulaciones históricas del mismo episodio.
El dramatismo barroco del conjunto: humanidad, dolor y redención
La escena se construirá a partir del instante culminante en el que la Virgen María contempla el estado de su Hijo y experimenta el dolor del encuentro en la calle de la Amargura. La composición representará a Nuestra Señora del Desamparo acompañada por San Juan Evangelista y María Magdalena, quienes acudirán al encuentro del Nazareno por las calles de Jerusalén.
En el momento central del misterio, la Virgen apartará la mirada ante el sufrimiento del Señor, evocando simbólicamente la profecía de Isaías sobre el siervo doliente, mientras Jesús Nazareno de la Compasión se inclinará hacia su Madre en un gesto de amor, consuelo y compasión, escenificando un diálogo silencioso de extraordinaria fuerza expresiva y espiritual.
María Magdalena quedará integrada en una disposición compositiva triangular, elevando su mirada en actitud suplicante, sosteniendo un paño y siendo asistida por San Juan Evangelista, quien la sostendrá mientras dirige la atención hacia el encuentro entre Madre e Hijo, reforzando el carácter profundamente humano de la escena.
La narrativa visual se completará con Simón de Cirene, representación de la quinta estación del Vía Crucis, concebido como un personaje de condición humilde que ayuda a portar la cruz y dirige una mirada cargada de ternura y entrega hacia Cristo, encarnando el ideal evangélico del discípulo dispuesto a tomar la cruz y seguirle.
El proyecto ya cuenta con aprobación eclesiástica y avanza en paralelo a la consolidación mariana de la corporación
El desarrollo de este futuro misterio ha dado ya un paso relevante al contar con la aprobación del Obispado, circunstancia cuya comunicación fue leída públicamente durante la misa dedicada al titular San Isidro Labrador, celebrada el pasado 15 de mayo, reforzando así la legitimidad eclesial, patrimonial y pastoral de una intervención de notable alcance.
Paralelamente, la hermandad continúa inmersa en las modificaciones estatutarias necesarias para incorporar plenamente la advocación mariana de Nuestra Señora del Desamparo, un proceso jurídico, organizativo y espiritual que acompaña el crecimiento de la corporación y concentra actualmente buena parte de sus esfuerzos.
La atención de la junta de gobierno permanece igualmente orientada hacia la imagen de la Virgen y su futura bendición, concebida como uno de los hitos fundamentales de esta nueva etapa, en la que la hermandad pretende consolidar tanto su identidad espiritual como su proyección patrimonial antes de culminar su aspiración de integrarse plenamente en la Agrupación de Cofradías de Córdoba.
Una etapa de crecimiento antes de dar el salto institucional
La decisión de posponer la solicitud de ingreso hasta diciembre responde, por tanto, a una estrategia de consolidación interna, en la que la Hermandad de la Sangre de El Higuerón busca culminar primero sus transformaciones patrimoniales, estatutarias y devocionales antes de afrontar su acceso al principal órgano de representación cofrade de la ciudad, en un proceso que marcaría un nuevo horizonte institucional, organizativo y espiritual para la corporación de la barriada cordobesa.
Los orígenes de una devoción nacida desde la juventud del barrio
La actual trayectoria de la Hermandad de la Sangre de El Higuerón hunde sus raíces en el año 2000, cuando dos jóvenes profundamente vinculados a la vida parroquial, Francisco Gabriel Camacho Roldán y Jesús Rochel Mora, decidieron impulsar un proyecto devocional que canalizara el fervor religioso del barrio a través de una manifestación pública organizada de fe. Ambos participaban desde años atrás en grupos de catequesis y en distintas iniciativas parroquiales, al tiempo que, desde 1997, promovían junto a otros jóvenes una procesión infantil del Viernes de Dolores, sustentada sobre un paso realizado artesanalmente por ellos mismos.
Aquel germen juvenil encontró respaldo decisivo en María del Carmen Roldán Caballero, cuya implicación resultó determinante para formalizar la iniciativa. Fue entonces cuando los promotores trasladaron al entonces párroco, Valeriano Orden Palomino, la propuesta de constituir un grupo parroquial encargado de organizar un vía crucis procesional por las calles del barrio, sustituyendo así la práctica tradicional que hasta ese momento se realizaba durante la Semana Santa con el gran Cristo crucificado del altar mayor, portado por vecinos mientras se rezaban las estaciones penitenciales.
Del vía crucis tradicional a una procesión organizada
La propuesta impulsada por los fundadores perseguía dotar al culto externo de una estructura más definida, articulada mediante un cortejo procesional organizado, abierto a todos los vecinos que desearan acompañar al Señor con un cirio. Como respuesta a esta iniciativa, el párroco propuso utilizar una imagen de Cristo crucificado situada en la capilla del Sagrario, una talla de tamaño académico, atribuida a los talleres de Olot de la década de 1960, aunque sin documentación concluyente que lo certifique.
En septiembre de 2000 comenzó oficialmente la andadura del grupo parroquial, iniciándose un intenso trabajo orientado a recabar apoyos vecinales y financiación para sacar adelante la futura salida procesional. En un corto periodo de tiempo llegaron a reunirse alrededor de medio centenar de hermanos, consolidando así una base humana que haría posible la primera estación pública.
La primera salida procesional y el crecimiento inicial de la corporación
El primer gran hito llegó el Viernes de Dolores de 2001, fecha en la que el barrio contempló por vez primera la salida procesional organizada del Santísimo Cristo de la Sangre, sobre un pequeño paso cedido por la Hermandad del Santísimo Cristo de Gracia de Córdoba, portado por doce costaleros y acompañado musicalmente por una banda de cornetas y tambores, circunstancia inédita hasta entonces en el entorno vecinal.
La acogida de aquella convocatoria resultó especialmente significativa, consolidándose un proyecto que desde sus inicios quedó coordinado formalmente por María del Carmen Roldán, responsable de la organización general con el apoyo de los jóvenes fundadores. Durante los años siguientes el grupo experimentó un notable crecimiento, incrementándose el número de hermanos, incorporándose un paso de mayores dimensiones cedido por la Hermandad de la Borriquita y confeccionándose además el primer hábito nazareno, permitiendo a los integrantes del cortejo participar revestidos con túnica y cubrerrostro.
La consolidación organizativa y el impulso patrimonial
El crecimiento sostenido del grupo humano, que superaba ya el centenar de integrantes, hizo necesaria tras la Semana Santa de 2003 la constitución de una junta de gobierno, celebrándose las primeras elecciones a hermano mayor, de las que resultó elegido José Rochel Mora, hermano del cofundador Jesús Rochel.
Bajo esta nueva etapa organizativa, y con el acompañamiento pastoral que desde 2010 ejerció el entonces consiliario José Carlos Pino Muñoz, la corporación comenzó un proceso de fortalecimiento patrimonial que permitió sustituir progresivamente elementos hasta entonces prestados. Se incorporaron al patrimonio de la cofradía una corona de espinas, potencias para el Señor, el rótulo del INRI, cantoneras metálicas para la cruz, ciriales, incensarios, un paso propio donado por militares del acuartelamiento próximo a la parroquia, así como un estandarte corporativo bordado en oro fino con representación pictórica del Cristo, incrementándose paralelamente la dimensión del cortejo y la organización de la salida penitencial.
La reorganización de la hermandad y el nuevo impulso fundacional
La etapa de José Rochel Mora concluyó en 2014, año en el que, por diferentes circunstancias, la corporación no pudo procesionar por las calles del barrio, recuperándose entonces el formato primitivo del vía crucis con la imagen del Cristo portada directamente por los hermanos.
Ese mismo año, en septiembre, asumió la dirección del grupo Francisco Gabriel Camacho, uno de los fundadores, iniciándose una nueva fase centrada en la captación de hermanos, la recuperación del hábito nazareno y el fortalecimiento del proyecto de hermandad. Durante los tres ejercicios siguientes se consolidó un cortejo de alrededor de 120 participantes, recuperándose además la implicación de numerosos jóvenes de la barriada.
Acción social, cultura cofrade y consolidación comunitaria
Paralelamente, la corporación reforzó su compromiso social mediante campañas de recogida de alimentos y juguetes, especialmente durante la Navidad, así como iniciativas solidarias vinculadas a la denominada Operación Kilo, desarrolladas con la colaboración de la Banda de Cornetas y Tambores Caído y Fuensanta.
A esta dimensión asistencial se sumó una decidida apuesta por la promoción cultural, impulsándose iniciativas como la primera exaltación de la saeta en el centro cívico del barrio, con la participación de reconocidos saeteros, además del primer certamen de marchas procesionales, en el que intervinieron distintas formaciones musicales.
Nuevas etapas de gobierno y fortalecimiento institucional
Posteriormente, Francisco Camacho, hijo de la primera hermana mayor, María del Carmen Roldán, junto con el consiliario José Carlos Pino Muñoz, asumió la dirección de la hermandad hasta 2016, momento en el que cesó por motivos personales y fue elegida Milagrosa María Quiles como hermana mayor.
Desde entonces, la corporación ha contado con el acompañamiento espiritual de Germán Balmore-Gómez Santos, quien ejerce como consiliario desde 2017 y continúa desempeñando esta función pastoral. En ese mismo año se contabilizaban formalmente 131 hermanos, ampliándose progresivamente el patrimonio gracias a colaboraciones de hermandades vecinas, empresas y establecimientos del barrio, permitiendo incorporar varas de representación, palermos, estandarte de juventud, cruz de guía, dalmáticas, nuevas túnicas, una parihuela y un canasto en fase de carpintería.
La respuesta solidaria durante la pandemia y la etapa de crecimiento actual
La crisis sanitaria provocada por la COVID-19 marcó también una etapa significativa para la corporación. En 2020, ante la imposibilidad de realizar estación de penitencia, la totalidad de lo recaudado mediante cuotas y papeletas de sitio fue destinada a la compra y reparto de alimentos para familias necesitadas del barrio, manteniéndose así el espíritu fundacional ligado a la atención comunitaria y al compromiso social.
Además, la junta de gobierno decidió eximir temporalmente del pago de cuotas a los hermanos, consciente de las dificultades económicas atravesadas por numerosas familias de la barriada.
Un proyecto de futuro entre patrimonio, devoción y crecimiento
En la actualidad, la corporación cuenta con 165 hermanos, participando en la salida procesional entre 90 y 95 nazarenos aproximadamente. La hermandad afronta además un periodo de notable crecimiento patrimonial articulado en torno al proyecto de la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Compasión, ejecutada por el escultor Manuel Luque Bonillo, junto a la realización de una nueva parihuela donada por representantes militares del centro de mantenimiento de vehículos rueda del acuartelamiento próximo a la parroquia.
Paralelamente, se trabaja en un nuevo escudo corporativo, diseñado por César Alcalá y digitalizado por Manuel Vaquerizo, concebido para reflejar los valores e identidades devocionales de la corporación, al tiempo que distintos hermanos colaboran activamente en la rehabilitación y mantenimiento de los salones parroquiales anexos, espacios destinados a convivencias, celebraciones y actividades promovidas tanto por la hermandad como por las comunidades parroquiales.
Una dirección silenciosa que ha contribuido decisivamente a revitalizar el proyecto cofrade
Desde una mirada necesariamente vinculada a la evolución reciente de la corporación, resulta difícil comprender el proceso de crecimiento, consolidación y reactivación vivido por la Hermandad de la Sangre de El Higuerón sin detenerse en la labor desarrollada por Milagrosa Quiles, cuya gestión al frente de la hermandad ha coincidido con una etapa especialmente significativa de reorganización interna, apertura de nuevos horizontes y fortalecimiento del tejido humano de la cofradía.
Bajo nuestro prisma, la actual hermana mayor ha desempeñado un papel particularmente relevante en la tarea de dotar de estabilidad, continuidad y perspectiva a un proyecto que durante determinados periodos parecía avanzar con mayores dificultades. La sensación trasladada desde distintos ámbitos próximos a la vida interna de la corporación apunta a una dirección basada en la constancia diaria, el trabajo discreto y una capacidad organizativa sostenida, permitiendo abrir espacios de implicación a nuevas generaciones sin desdibujar el marco identitario y eclesial que vertebra la vida de la hermandad.
Especialmente significativa parece haber sido su capacidad para confiar, escuchar y delegar responsabilidades, favoreciendo que jóvenes vinculados al presente y al futuro de la corporación hayan podido impulsar iniciativas y proyectos bajo una estructura asentada y ordenada. Todo ello, además, desde una forma de gobierno marcada por la prudencia, el sentido eclesial y el respeto a los principios esenciales de la corporación, sin perder la referencia de aquello que corresponde preservar dentro de una hermandad de raíz parroquial y vocación profundamente evangelizadora.
Quizá uno de los rasgos más elocuentes de esta labor resida precisamente en su voluntad de mantenerse alejada del protagonismo personal. Quienes conocen de cerca la realidad cotidiana de la hermandad describen una figura más inclinada al trabajo silencioso que al reconocimiento público, circunstancia que, paradójicamente, refuerza aún más la percepción de una gestión que ha contribuido de manera decisiva a que la cofradía haya alcanzado buena parte de los logros patrimoniales, organizativos y humanos que hoy conforman su presente.
Un horizonte de consolidación, crecimiento devocional y proyección cofrade
La etapa que atraviesa actualmente la Hermandad de la Sangre de El Higuerón parece dibujar, así, un tiempo de especial consolidación institucional, crecimiento devocional y madurez organizativa, en el que la corporación ha sabido conjugar la memoria de unos orígenes humildes nacidos del esfuerzo vecinal con una mirada proyectada hacia el futuro. La aspiración de integrarse en la Agrupación de Cofradías de Córdoba, la configuración de un ambicioso proyecto patrimonial y escultórico, la consolidación de su dimensión mariana y el fortalecimiento del tejido humano que sostiene la vida cotidiana de la hermandad configuran un horizonte marcado por la ilusión compartida, el compromiso comunitario y la vivencia de la fe. Todo ello parece evidenciar que aquella iniciativa impulsada por un reducido grupo de jóvenes del barrio ha terminado convirtiéndose, con el paso del tiempo, en una realidad cofrade de creciente arraigo, llamada a seguir escribiendo nuevas páginas de su historia desde el servicio a la Iglesia, la devoción a sus Sagrados Titulares y la vocación de permanencia en el corazón de El Higuerón.
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