La Roda de Andalucía corona a la Virgen de la Esperanza en una histórica jornada presidida por José Ángel Saiz Meneses

La devoción de un pueblo volvió a imponerse al calor y al paso de las horas en una jornada llamada a quedar grabada en la memoria colectiva de La Roda de Andalucía. La céntrica calle Cervantes acogió en la tarde del sábado, 20 de junio, la solemne celebración eucarística en la que el arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, procedió a la coronación canónica de Nuestra Señora de la Esperanza, titular de la Hermandad de Jesús Nazareno, en un acto que congregó a numerosos fieles en torno a una de las principales devociones marianas de la localidad.

Un día de gracia para la historia de La Roda de Andalucía

Durante su homilía, el prelado sevillano definió la jornada como «un día grande para La Roda de Andalucía, un día de gracia», que quedará escrito en la memoria de este pueblo y en el corazón de quienes han aprendido a llamar a María con un nombre que, según señaló, «lo dice todo: Esperanza». Sus palabras pusieron el acento en la necesidad de esta virtud en el contexto actual, subrayando que constituye una realidad imprescindible para numerosos ámbitos de la vida.

En este sentido, Saiz Meneses recordó que la esperanza es necesaria para los jóvenes, muchas veces expuestos a la superficialidad, la desorientación o el desencanto. Del mismo modo, hizo referencia a los matrimonios y las familias, sometidos a dificultades y tensiones, así como a los enfermos, los ancianos, las personas que viven solas y quienes sufren en silencio. También dirigió su mirada hacia las hermandades, a las que animó a no limitarse a conservar lo recibido, sino a convertirse en auténticas escuelas de vida cristiana y cauces de evangelización.

Una llamada a la autenticidad de la fe

En otro momento de su alocución, el arzobispo advirtió de que no es posible honrar verdaderamente a la Virgen de la Esperanza si en la vida cotidiana tienen cabida actitudes que destruyen precisamente esa virtud. Entre ellas citó el pecado consentido, la tibieza espiritual, la ruptura con Dios, la falta de perdón, el egoísmo, la murmuración, la mentira y la indiferencia ante los pobres.

Siguiendo esta línea, José Ángel Saiz Meneses recordó que una coronación canónica constituye también «una ocasión providencial para purificar y fortalecer la piedad popular», insistiendo en la necesidad de vivir las tradiciones desde una fe auténtica. «No basta con conservar tradiciones, hay que vivirlas cristianamente; no basta con emocionarnos, hemos de evangelizar; no basta con organizar cultos excelentes, hemos de dejar que esos cultos transformen la vida», afirmó durante la homilía.

En la parte final de su intervención, el arzobispo de Sevilla destacó que cuando un pueblo se confía a María no se encierra sobre sí mismo, sino que se abre a la acción de Dios. Asimismo, afirmó que cuando una hermandad se deja mirar verdaderamente por la Virgen aprende a vivir con mayor humildad y autenticidad; que cuando una familia reza a María aprende a perseverar; y que cuando una comunidad parroquial se pone bajo su amparo encuentra una luz segura para continuar su camino.

El momento culminante de la coronación

Concluida la homilía, Saiz Meneses ascendió al paso de palio para depositar la nueva corona sobre la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza, un instante cargado de emoción que fue rubricado por un prolongado aplauso de los fieles presentes en la celebración.

Al término de la misa solemne, el arzobispo, el párroco, el delegado diocesano de Hermandades y el hermano mayor de la corporación procedieron a la firma del acta de la coronación, documento que dejó constancia oficial de este acontecimiento histórico para la localidad y para la propia corporación nazarena.

Una procesión triunfal prolongó la celebración hasta la madrugada

Los actos no concluyeron con la ceremonia litúrgica. La jornada se prolongó más allá de la medianoche con la procesión triunfal de Nuestra Señora de la Esperanza por las calles engalanadas de La Roda de Andalucía, donde vecinos y devotos acompañaron a la imagen en una manifestación pública de fe y fervor popular.