La crónica | La Virgen de Villaviciosa convierte su procesión por San Lorenzo en una nueva lección de elegancia y devoción

La Enfermera Celestial recorrió las calles de su feligresía acompañada por la Banda de Música María Santísima de la Esperanza y una cuadrilla dirigida por Fernando Chiachío

El repique de las campanas del antiguo alminar de San Lorenzo anunció en la tarde de este domingo la llegada de uno de esos momentos que forman parte del calendario sentimental de la Córdoba cofrade. A las 19:30 horas, las puertas de la Real Parroquia de San Lorenzo Mártir se abrieron para que Nuestra Señora de Villaviciosa volviera a recorrer las calles de su feligresía en su solemne procesión anual, una cita que, lejos de diluirse por su carácter habitual, volvió a demostrar que la tradición, cuando está sostenida por el trabajo bien hecho, puede adquirir cada año una dimensión extraordinaria.

Desde que la corporación gloriosa de San Lorenzo recuperara su salida procesional en 2009, su presencia en las calles de Córdoba ha ido consolidándose hasta convertirse en una de las estampas propias del calendario de las Glorias. La Hermandad de Nuestra Señora de Villaviciosa volvió a ofrecer una muestra de calidad, distinción y elegancia, sin estridencias y con una manera de entender la procesión en la que la estética aparece siempre subordinada a una dimensión esencialmente devocional.

Al son de la marcha «Villaviciosa», la conocida como Guapa Portuguesa inició su caminar por San Lorenzo. El cortejo tomó posteriormente la calle que lleva el nombre de la propia advocación, avanzando por un itinerario que mantuvo en todo momento ese sello de sobriedad y buen gusto que caracteriza a la corporación. La tarde fue dejando a su paso una sucesión de estampas en las que la Virgen de Villaviciosa y su barrio volvieron a reconocerse mutuamente, como sucede cuando una tradición ha conseguido arraigar de manera profunda en la memoria colectiva.

Uno de los enclaves fundamentales de la jornada se encontraba en la Iglesia Hospital de Jesús Nazareno, hasta donde llegó la procesión para realizar estación ante el Beato Cristóbal de Santa Catalina. Allí aguardaban la Cofradía de Jesús Nazareno y la Congregación de Hermanas Hospitalarias Franciscanas, en un encuentro revestido de especial significado. La presencia de los girasoles del Beato Cristóbal de Santa Catalina, tan vinculados a la devoción de la Virgen, acompañó una de las escenas más esperadas del recorrido, ante la tumba del beato emeritense.

Es precisamente en este punto donde la procesión alcanza una de sus expresiones más hondas. La estación ante el Beato Cristóbal de Santa Catalina volvió a fundir espiritualidad y emoción en una estampa que, pese a formar parte de un ritual conocido y esperado, conserva intacta su capacidad para conmover. Hay momentos que no necesitan de la excepcionalidad para convertirse en memorables y este es, año tras año, uno de ellos: una escena capaz de erizar la piel y despertar el recuerdo de aquellas primeras procesiones contempladas durante la infancia.

La música volvió a desempeñar un papel determinante durante toda la tarde. La Banda de Música María Santísima de la Esperanza de Córdoba puso sus sones al servicio de la procesión con un repertorio escogido y marcado por la elegancia, contribuyendo a construir una atmósfera sonora acorde con la personalidad de la corporación. Su participación volvió a dejar una huella reconocible en una jornada en la que música, imagen y devoción caminaron acompasadas por las calles de San Lorenzo.

También la cuadrilla de costaleros tuvo un papel esencial en el desarrollo de la salida. Bajo las órdenes de Fernando Chiachío, los costaleros ofrecieron un caminar en sintonía con el espíritu que identifica a la Hermandad: elegancia, medida y ausencia de alardes. Una manera de llevar a la Virgen que responde a un concepto de trabajo construido durante años y que encuentra en este contrastado y respetado capataz una de sus referencias indiscutibles.

La procesión avanzó después por Buen Suceso, Jesús Nazareno, San Agustín, Montero, San Juan de Letrán, Jesús del Calvario y San Lorenzo, completando un recorrido por el entorno de la parroquia en el que la Virgen volvió a encontrarse con los vecinos y devotos de su barrio. Cada tramo contribuyó a prolongar una jornada concebida desde la continuidad, sin necesidad de artificios ni modificaciones extraordinarias para despertar el interés de los cordobeses.

En un tiempo en el que las salidas extraordinarias se suceden por motivos de muy diversa naturaleza y las calles de Córdoba soportan una presencia creciente de corporaciones procesionando fuera de sus fechas habituales, la procesión de Villaviciosa reivindicó precisamente el valor de aquello que permanece. Una salida prevista, inmutable y celebrada anualmente puede conservar toda su capacidad de convocatoria y, al mismo tiempo, demostrar que la costumbre no tiene por qué conducir a la rutina.

La Hermandad de Villaviciosa volvió así a poner de manifiesto el resultado de décadas de trabajo desarrollado con prudencia, sin estridencias y con una identidad perfectamente reconocible. La calidad estética del conjunto encontró su verdadero sentido en la dimensión devocional de la jornada, en una procesión en la que cada elemento pareció ocupar su lugar para construir una manifestación pública de fe profundamente arraigada en la feligresía de San Lorenzo.

La Virgen de Villaviciosa a los sones de la Banda de la Esperanza. Córdoba 2026

La jornada había comenzado horas antes con la solemne Fiesta de Regla celebrada a las 12:00 horas en la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, ante la imagen primitiva de Nuestra Señora de Villaviciosa, considerada fundadora de la Primitiva Hermandad. La celebración estuvo presidida por el obispo de la Diócesis de Córdoba, Jesús Fernández González, y contó con la participación del Ilustre Colegio Oficial de Enfermería de Córdoba, institución de la que la Santísima Virgen de Villaviciosa es patrona.

La procesión puso el colofón a un programa de cultos desarrollado durante septiembre, que había comenzado los días 5, 6 y 7 con el solemne triduo en San Lorenzo, con exposición del Santísimo Sacramento, rezo del Santo Rosario, ejercicio del triduo, bendición, reserva y celebración de la Santa Misa. La predicación y presidencia de aquellas jornadas correspondieron a Rafael Rabasco Ferreira, cura párroco de San Lorenzo Mártir de Córdoba, arcipreste de la Catedral-Casco Histórico de Córdoba y consiliario de la Hermandad.

El 8 de septiembre, festividad de Nuestra Señora de Villaviciosa, la imagen permaneció expuesta a la veneración de los fieles durante el horario de apertura de la parroquia, después del rezo del Ángelus a las 12:00 horas. Ya por la tarde, a las 20:00 horas, tuvo lugar la fiesta solemne y comunión general de la Hermandad, nuevamente con Rafael Rabasco Ferreira en la Sagrada Cátedra y con la participación del Orfeón Cajasur Ciudad de Córdoba.

Con la procesión de este domingo, la Divina Enfermera volvió a recorrer las calles de su barrio bajo una fórmula que ha demostrado su vigencia con el paso de los años. Desde su recuperación en 2009, Villaviciosa ha ido construyendo una identidad procesional asentada en la distinción, la prudencia, el buen gusto y la devoción, convirtiendo una cita anual en una de esas tradiciones que, precisamente por repetirse, adquieren mayor valor.

Porque la Virgen de Villaviciosa volvió a demostrar que no siempre hace falta lo extraordinario para provocar emoción. A veces basta con que una corporación conozca perfectamente lo que quiere transmitir, que una cuadrilla camine con la medida necesaria, que una banda interprete con elegancia y que una imagen recorra las calles de su barrio como lo ha hecho durante generaciones. Lo cotidiano, cuando está bien construido y profundamente vivido, también puede ser extraordinario.