Santa Ana, la Santísima Virgen y el Niño Jesús han amanecido ya dispuestos para la celebración del tradicional Besamanos en honor de la festividad de Santa Ana, en una propuesta artística que recupera la riqueza simbólica, escenográfica e iconográfica de las grandes composiciones devocionales del Barroco. La recreación planteada para este año se adentra en el lenguaje visual de una época en la que la imagen religiosa articulaba, a través de la composición, la teatralidad y el simbolismo, una forma de contemplación destinada a acercar al fiel al significado profundo de la representación.
Una escenografía concebida como catequesis visual
La configuración del altar efímero toma como referencia un lienzo datado entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, cuya estética sirve de punto de partida para reconstruir un lenguaje visual caracterizado por la solemnidad, la teatralidad y la profunda carga simbólica de cada uno de sus elementos. Con esta propuesta se recupera la fuerza expresiva del arte barroco como instrumento de contemplación y catequesis, mediante una composición en la que cada elemento dialoga con el conjunto y posee un significado preciso. De este modo, la escenografía contribuye a exaltar la dignidad de Santa Ana como patrona de Triana y a subrayar la dimensión devocional de una celebración profundamente vinculada a la identidad de la Real Parroquia de Santa Ana.
La simbología de la Virgen, el Niño y Santa Ana
En el conjunto, la Santísima Virgen evoca su condición de Reina del Cielo, mientras que, situado a su izquierda, el Divino Niño aparece sobre una nube de ángeles, acogiendo a los fieles y portando el orbe como símbolo de su señorío sobre el mundo. Santa Ana, vestida con un manto de tonos ocres, sostiene una azucena, atributo de pureza que representa simbólicamente la pureza de la Virgen. La disposición de las tres figuras, junto con los elementos que las acompañan, articula así una composición en la que la iconografía adquiere un papel esencial y en la que cada atributo contribuye a reforzar el significado teológico y devocional del conjunto.
Un dosel solemne bajo la presencia del Espíritu Santo
La composición se dispone bajo un solemne dosel y, tras el tapiz, emerge un gran sol radiante con el Espíritu Santo en su centro, creando un fondo de marcada intensidad simbólica. Sobre este conjunto se sitúa la Corona Imperial, concebida como símbolo de la realeza de María y como uno de los elementos que culminan una escenografía inspirada en el lenguaje de las grandes composiciones barrocas. El montaje se completa con el escudo de la Real Parroquia de Santa Ana, que reafirma la identidad histórica del templo en un año especialmente significativo, al cumplirse 760 años de su Real Parroquia.











