Cantillana mira a su historia para anunciar las Fiestas Mayores de la Divina Pastora de 2026

Una obra inspirada en los carteles de finales del siglo XIX

Las golondrinas que anuncian el final del verano abren el relato visual del cartel de las Fiestas Mayores de la Divina Pastora de Cantillana de 2026, una creación de Juan Miguel Martín Mena concebida como un recorrido por la memoria de estas celebraciones y por la devoción que las sostiene.

El artista ha buscado para esta obra una estética alejada de la concepción convencional del cartel, tomando como referencia los antiguos anuncios de ferias y fiestas de finales del siglo XIX y comienzos del XX, en los que ilustración, ornamentación y tipografía se integraban en una misma pieza.

La llegada de las golondrinas y su despedida del verano adquieren así un valor simbólico. Su vuelo representa el anuncio de que se aproximan los días de la Pastora, mientras Cantillana comienza a vivir nuevamente la espera de una de las fechas más significativas de su calendario.

Capas que evocan la historia de la devoción

La pieza está realizada mediante técnica mixta sobre papel de algodón encolado a una tabla de 100 x 70 centímetros. Para su ejecución, Martín Mena ha empleado grafito, acuarela y acrílico, además de recurrir al collage con papel y piezas textiles y a la transferencia de imágenes.

La composición ha sido construida como si el paso del tiempo hubiese ido superponiendo diferentes capas de historia. Los papeles rasgados permiten descubrir las huellas de tantos septiembres y conducen al espectador hacia una lectura progresiva de la obra, vinculada a una devoción transmitida de generación en generación.

Entre esas capas aparece un antiguo cartel de la Divina Pastora, en el que se adivinan fragmentos de un texto apenas legible. Las expresiones y fórmulas empleadas toman como referencia la manera en que antiguamente se anunciaban los cultos dedicados a la Divina Pastora.

La inspiración procede concretamente del cartel de 1863, el más antiguo que se conserva de estas fiestas, incorporando de esta manera una referencia documental al propio pasado de la celebración.

La Divina Pastora ocupa el centro de la obra

Desde esas capas de memoria emerge la representación de la Divina Pastora con mantilla, sombrero y sus joyas, preparada para salir a la calle. La composición está planteada para que todos los elementos terminen conduciendo la mirada hacia Ella.

Las ramas del árbol que cobija a la Divina Pastora superan deliberadamente los límites del cuadro y avanzan hacia el espectador, rompiendo la frontera física de la representación.

El rosal adquiere una dimensión simbólica vinculada directamente al sentimiento pastoreño. Representa el corazón que estalla de amor y devoción, mientras sus ramas desbordadas evocan la forma en que Cantillana se transforma cada septiembre cuando esa devoción abandona la intimidad de las casas y ocupa las calles para salir al encuentro de su Pastora.

Los destellos de una devoción compartida

Los puntos de luz presentes en la composición evocan los fuegos artificiales que anuncian y acompañan el paso de la Virgen. Son la representación de ese instante en el que la emoción contenida durante todo un año irrumpe con fuerza en las calles.

Entre esos momentos se encuentra la calle Martín Rey, señalada como uno de los escenarios en los que la devoción deja de ser un sentimiento íntimo para convertirse en un fervor compartido por todos los pastoreños.

También forman parte del cartel el escudo de la Hermandad y las cintas con los colores de España, referencias a la identidad y al profundo arraigo histórico y popular de estas fiestas.

Un mantón tejido con recuerdos

Las flores que envuelven la composición esconden otro de los elementos más singulares de la obra. No son motivos pintados, sino bordados auténticos recortados de antiguos mantones de Manila e incorporados mediante collage.

Esta elección permite al artista establecer una comparación entre el cartel y un rico mantón de seda. Martín Mena ha tejido su composición con recuerdos, símbolos e historia, aunque considera que a ese mantón todavía le falta el remate más importante.

Ese último acabado solo puede aportarlo Cantillana. Cada viva, cada Salve, cada oración, cada aplauso y cada lágrima están llamados a convertirse simbólicamente en los nudos invisibles que completen el enrejado de sus flecos.

El cartel queda en manos de Cantillana

La concepción de la obra culmina con una entrega simbólica. Una vez presentada, deja de pertenecer al artista para quedar en manos de quienes verdaderamente le dan sentido y que, en su propia interpretación, son sus dueños.

El deseo de Martín Mena es que los pastoreños terminen de completar ese particular mantón con su verdad, su autenticidad y el fervor que Cantillana sabe ofrecer a la Divina Pastora de las Almas.