El viejo costal | La Virgen de Acá: diferencias entre Iglesias

En cuatro días estaremos celebrando el Tránsito de la Virgen María, conocida popularmente en nuestra ciudad como la Virgen de Acá, al menos en nuestro tradicional y viejo barrio de San Basilio. Me consta que existen algunas diferencias entre las distintas Iglesias acerca de este misterio que, para nosotros, forma parte de un dogma de fe.

Para las dos grandes tradiciones cristianas, la Iglesia católica romana y la Iglesia ortodoxa, María se encuentra en el cielo en cuerpo y alma, aunque cada una expresa este misterio con diferentes matices teológicos, litúrgicos e, incluso, iconográficos.

Mientras que la Iglesia católica celebra la Asunción de María, entendida como su elevación en cuerpo y alma al cielo, la Iglesia ortodoxa celebra la Dormición de la Virgen, es decir, su sueño y muerte física.

Ambas tradiciones coinciden, por tanto, en que la Virgen María está en el cielo en cuerpo y alma, aunque difieren en la manera de interpretar y representar este acontecimiento. La Iglesia católica lo definió como dogma de fe en 1950, durante el pontificado de Pío XII. Sin embargo, el dogma no aclara si María llegó a morir físicamente o no antes de ser asunta al cielo.

Por el contrario, la Iglesia ortodoxa denomina este acontecimiento Dormición (Koímēsis), sin considerarlo un dogma en el sentido estricto en que lo entiende la Iglesia católica, sino como una verdad de fe recibida y unánimemente profesada. La tradición ortodoxa da por sentado que María experimentó una muerte física, un «sueño» en razón de su condición humana, antes de que su cuerpo fuera resucitado y llevado al cielo por su Hijo Jesús.

Y aquí aparecen también las diferencias iconográficas, la Iglesia católica ha representado tradicionalmente este momento mostrando a una Virgen viva, que asciende a los cielos rodeada de ángeles y con la mirada dirigida hacia lo alto. En cambio, en la tradición ortodoxa se la representa acostada en su lecho de muerte, rodeada por los apóstoles, llenos de tristeza. Detrás de ella aparece Cristo, que desciende para tomar entre sus brazos el alma de su Madre, representada visualmente como un pequeño niño envuelto en blancos pañales.

De ahí la peculiaridad de nuestra Virgen de Acá: yacente, más fiel a la representación tradicional de la Dormición ortodoxa que al modelo iconográfico católico, más habitual, en muchas otras ciudades.

Todo ello a pesar de que ambas Iglesias comparten, en lo esencial, una misma mariana fe. Para ambas, María es la Madre de Dios (Theotokos), siempre Virgen y llena de gracia.

La principal diferencia aparece, quizá, en los títulos que cada tradición le otorga. En la Iglesia ortodoxa se emplean títulos de carácter más teológico y universal, casi siempre relacionados con dogmas y misterios de la fe: «La que dio a luz a Dios», «La que muestra el camino», «La tierna misericordia», «El manto protector», etc.

La Iglesia católica también utiliza muchos de esos títulos, pero los ha desarrollado especialmente a través de advocaciones locales, vinculadas a lugares, apariciones, milagros o tradiciones concretas, y acompañadas de símbolos propios de cada pueblo, región o ciudad: Virgen de la Fuensanta, Virgen de la Victoria, Virgen de la Sierra, Virgen de la Palma, etc.

Es otra forma de expresar la fe y de ponerle un rostro concreto a María; una manera de hacer cercana y visible a la misma Madre de Dios, encarnándola simbólicamente en la historia y en la identidad de cada pueblo.

La diferencia entre ambas tradiciones está, por tanto, sobradamente clara. En la nuestra, el nombre de la Virgen suele obedecer a una advocación local, a una imagen concreta o a una historia igualmente concreta. En la tradición ortodoxa, por el contrario, el nombre remite habitualmente a un misterio, por lo que sus títulos son fundamentalmente teológicos y no geográficos.

En Oriente, María Virgen es, ante todo, un icono del misterio. En Occidente, María es también un rostro cercano, casi como el de una vecina, una mujer que pertenece a la memoria, a la historia y al corazón de cada pueblo.

La misma Madre, pero con dos acentos muy distintos. Por eso, el nombre de la Virgen de tu tierra, sea cual sea, pertenece a la poesía del pueblo, no a una diferencia dogmática con la tradición ortodoxa.