Con una pena grandísima, colgaba hoy el teléfono por un rumor, que cuando el agua suena…
Se confirmó al rato la peor de las noticias que le pueden dar a un amigo, que ha querido tanto a otro amigo.
Te marchas y la cabeza me explota recordando tus locuras, tus risas, el esfuerzo por tus hijas, por siempre y para siempre estar presto para tus amigos.
No sabría decirte lo feliz que fui en tu casa, o cuando nos montábamos en tu moto y de empalmada nos íbamos a algún Rosario de la Aurora al cerrar tu casa, la de tantos, pues era nuestra casa.
Veranos interminables, recuerdos de Cuaresmas, de noches de ensayo, salidas procesionales, extraordinarias, lugar de encuentro de amigos, esa era tu casa. Pero tu casa más grande y acogedora era esa alma y ese corazón que siempre tenías.
Te vas, y nos dejas a muchos huérfanos, pues hasta a veces, hiciste de padre de alguno, siempre cuidando a los que estaban a tu alrededor amigo.
Sé, que tu padre te esperaba, aunque no tan, tan pronto. Pero que tú quizá, pensándolo, si tendrías muchas ganas de verlo a él, y ya, estás con él.
Sólo puedo darte las gracias por lo que fuiste en mi vida amigo, y pedirte lo que siempre te pedí, que me tengas cuando yo llegue abierto, que no me cierres, que te de igual la hora, como siempre.
Así que amigo Manolo, nos vemos en tu casa.





