El Cristo de la Expiración es retirado del culto para ser intervenido por Ana Infante de la Torre

El Cristo de la Expiración ha sido retirado del culto en la tarde del 31 de agosto para ser sometido a una intervención de conservación y restauración. Los trabajos, que tendrán una duración estimada de cuatro meses, permitirán que la Sagrada Imagen pueda regresar con tiempo suficiente para presidir sus cultos del próximo mes de febrero.

Una actuación sin patologías urgentes

La intervención correrá a cargo de Ana Infante de la Torre, que desarrollará una actuación de carácter esencialmente conservativo. La decisión de acometer estos trabajos se produce después de constatar que no se ha detectado ninguna patología urgente en la talla.

El proyecto dispone asimismo del respaldo económico de la Diputación de Córdoba, que ha aportado 10.000 euros para sufragar los trabajos. La planificación prevista establece un periodo aproximado de cuatro meses para completar la actuación y permitir posteriormente el regreso del Crucificado al culto.

Una devoción con raíces en el siglo XVII

La historia del Santísimo Cristo de la Expiración se remonta al siglo XVII, cuando un crucificado expirante recibía veneración en el antiguo convento franciscano de San Pedro el Real. Ya en el siglo XVIII, aquella imagen había dado nombre a una cofradía que terminó desapareciendo durante los convulsos primeros años del siglo XIX.

En 1904, el Crucificado fue trasladado a San Pablo por el padre Antonio Pueyo, después de concluirse la recuperación arquitectónica del antiguo templo dominico. El edificio había quedado abandonado tras la Desamortización de Mendizábal, y el propósito de esta actuación era también dotarlo nuevamente del ajuar que había perdido.

A raíz de su traslado, el Cristo de la Expiración recuperó en 1918 el culto cofrade que había mantenido en su anterior emplazamiento, incorporándose nuevamente a la vida de una corporación después de décadas marcadas por la interrupción de su antigua trayectoria.

Una talla del último barroco andaluz

La autoría del Crucificado permanece desconocida, aunque sus características permiten fecharlo en el último cuarto del siglo XVII y relacionarlo estilísticamente con el último barroco andaluz, concretamente con la Escuela Granadina. Tradicionalmente, la imagen ha sido considerada una obra vinculada al círculo de Pedro de Mena.

La escultura responde a los cánones clásicos de la imaginería barroca, con una representación contenida del instante en que Cristo expira en la Cruz. La cabeza presenta una leve inclinación hacia la izquierda, mientras que la cabellera y la barba muestran un cuidado tratamiento escultórico que también se aprecia en la anatomía del torso.

Los brazos presentan, en cambio, menor plasticidad, hasta el punto de ofrecer una apariencia diferenciada respecto al resto de la talla, aunque están realizados en la misma madera. También destaca la composición contenida del sudario, que permite apreciar parte de la desnudez del muslo derecho.

La imagen tiene unas dimensiones de 184 × 184 centímetros, a las que se añaden los 21 centímetros correspondientes a la cabeza.

Un siglo marcado por diferentes intervenciones

Durante el pasado siglo, el Santísimo Cristo de la Expiración fue sometido a varias actuaciones. Victoriano Chicote intervino la imagen en 1924, mientras que posteriormente se sucedieron los trabajos de Miguel del Moral en 1953, Juan Martínez Cerrillo en 1959 y Rafael Díaz Peno en 1965.

Aquellas intervenciones estuvieron condicionadas por los métodos empleados en aquellos años, que actualmente se consideran poco adecuados para este tipo de piezas. Los trabajos se limitaron principalmente a labores de encarnado y al cubrimiento de fisuras.

La última gran actuación mencionada tuvo lugar en 1985, cuando José Rodríguez Rivero-Carreras acometió la restauración del Crucificado. El proceso estuvo precedido por una importante labor de investigación y permitió recuperar la primitiva impronta de la imagen, haciendo posible que la talla volviera a lucir en todo su esplendor.

Cuatro meses de trabajo antes de su regreso

La intervención que ahora comienza responde, por tanto, a una finalidad conservativa, sin que se haya identificado ninguna patología que revista carácter urgente. Durante aproximadamente cuatro meses, Ana Infante de la Torre desarrollará los trabajos previstos sobre una imagen que atesora una prolongada trayectoria histórica y devocional.

El calendario estimado permitirá que el Santísimo Cristo de la Expiración pueda regresar al culto con suficiente antelación para presidir sus cultos de febrero, poniendo nuevamente la talla a disposición de la devoción tras concluir esta actuación de conservación y restauración.