La Hermandad del Dulce Nombre presenta «Devoción cotidiana», la obra de Agustín Martín de Soto para su boletín de septiembre

Un óleo que lleva la religiosidad popular al ámbito doméstico

La Hermandad del Dulce Nombre ha dado a conocer la portada de su Boletín correspondiente a septiembre de 2026, protagonizada por una obra de Agustín Martín de Soto que lleva por título Devoción cotidiana. Se trata de un óleo sobre lienzo concebido a partir de una escena doméstica en la que la religiosidad popular se integra de manera natural en la intimidad de la vida cotidiana.

El artista ha escogido como motivo central un aparador doméstico, convertido en escenario de recuerdos, afectos y manifestaciones de fe. Lejos de presentar la devoción como una realidad desligada de la existencia diaria, la composición la sitúa en un espacio próximo y familiar, donde los signos religiosos forman parte de la vida con absoluta naturalidad.

Tradición y creación contemporánea

Sobre este ámbito doméstico se articula una composición en la que aparecen un cuadro abstracto, una estampa de la Virgen del Dulce Nombre, varios libros, recuerdos y una vara de nardos. Cada uno de estos elementos contribuye a construir una escena marcada por la memoria y por la presencia silenciosa de aquello que forma parte de la identidad familiar.

La propuesta establece así un diálogo entre la tradición religiosa y la creación contemporánea, conjugando referencias vinculadas a la religiosidad popular con una concepción artística actual. En ese planteamiento también adquiere relevancia el vínculo con la pintura sevillana de Velázquez y Carmen Laffón, dos referencias que quedan incorporadas al horizonte estético de la obra.

Una Sevilla íntima evocada a través de la pintura

La elección cromática refuerza el carácter sereno de la composición. Los grises cálidos y los blancos quebrados conforman una paleta de tonalidades suaves que contribuye a transmitir sensaciones de calma, memoria y recogimiento, acentuando la dimensión íntima de la escena representada.

Devoción cotidiana propone, en definitiva, una mirada hacia una Sevilla menos visible, alejada de sus manifestaciones más públicas y vinculada a esos espacios familiares en los que la fe se incorpora discretamente a la existencia. El arte y la religiosidad aparecen unidos a la vida doméstica en una convivencia silenciosa que remite también a la transmisión de la memoria y la devoción de generación en generación.