La localidad sevillana se adentra en sus días grandes con una tradición pastoreña de más de tres siglos, cuyo momento culminante llegará el 8 de septiembre con la procesión triunfal y la centenaria ceremonia del sombrero
Cantillana vuelve a entregarse por completo a su Divina Pastora, en unas jornadas en las que la devoción, la tradición y la identidad colectiva de la localidad convergen alrededor de la que sus vecinos reconocen como Reina y protectora. Este sábado, 5 de septiembre, comienza la Solemne Novena que abre oficialmente las Fiestas Mayores, una celebración marcada por cultos, rosarios, música, pólvora, calles engalanadas y una intensa participación popular.
Durante los próximos días, Cantillana vivirá un calendario festivo que tiene en la Natividad de la Virgen, el 8 de septiembre, su jornada principal. Será entonces cuando la Divina Pastora vuelva a recorrer las calles en una multitudinaria procesión de gloria, jalonada por vivas, aplausos, petaladas, fuegos artificiales y algunos de los episodios más singulares de esta celebración, entre ellos la ceremonia del sombrero y el paso por la conocida Cuesta del Reloj.
La Solemne Novena abre los días grandes
La Novena comenzará esta noche ante la Divina Pastora, que permanece entronizada en el Risco, el singular altar de cultos levantado en la capilla mayor de la parroquia cantillanera. Los cultos se prolongarán hasta el 13 de septiembre y contarán con la participación de destacados predicadores, además de un repertorio de numerosas composiciones litúrgicas creadas durante los siglos XIX y XX expresamente para la hermandad.
La celebración hunde sus raíces en una tradición de extraordinaria profundidad histórica. Cantillana conserva una estrecha vinculación con la advocación pastoreña desde hace siglos y mantiene una particular estructura devocional en la que la mujer ocupa un papel protagonista. La propia hermandad es heredera del Rosario de mujeres que fue erigido en 1720 en honor de la Divina Pastora y que recorría las calles portando un simpecado.
Aquella devoción adquirió además una especial dimensión durante la epidemia de fiebre amarilla de 1800, cuando el pueblo se encomendó a la Divina Pastora y quedó libre de sufrir sus estragos. Desde entonces, los cultos públicos vinculados a esta advocación han mantenido una continuidad que supera ya los tres siglos de historia.
El Rosario de hermanas, memoria viva de una tradición secular
Uno de los acontecimientos más esperados de la víspera del Día de la Pastora tendrá lugar el 7 de septiembre, a las 23:30 horas, con la salida del Santo Rosario de hermanas. El cortejo estará presidido por el simpecado blanco de gala, una destacada pieza del siglo XIX, y contará con la participación de centenares de hermanas ataviadas con mantilla.
La banda de Cantillana acompañará musicalmente el recorrido por las calles céntricas de la localidad, en una manifestación que mantiene viva la esencia de aquellos antiguos Rosarios de mujeres. La vinculación de la hermandad con esta forma de culto explica también la relevancia que conserva el simpecado, auténtica representación vicaria de la Virgen.
En el caso de la Divina Pastora de Cantillana, esta insignia posee además una singular prerrogativa: sale y regresa a la parroquia, templo que constituye la sede fundacional y canónica de la corporación, donde igualmente se custodia. Se trata de un privilegio estrechamente ligado a la historia de la hermandad y a su condición de corporación nacida en torno a un simpecado.
El Risco, un paisaje de devoción levantado desde el siglo XVIII
Las Fiestas Mayores de la Divina Pastora están declaradas de interés turístico, reconocimiento relacionado con la singularidad de sus celebraciones, la intensidad con la que son vividas por la población y la extraordinaria profusión de elementos ornamentales, lumínicos y pirotécnicos que transforman Cantillana durante estos días.
Entre sus manifestaciones más características sobresale el Risco, el altar bucólico y campestre que se conserva en Cantillana desde el siglo XVIII. Su composición recrea un paisaje rural cargado de alegorías y simbolismo, configurado como un camino espiritual que conduce hacia la Divina Pastora, situada en su parte superior.
La iconografía del conjunto establece una evocación del monte Calvario, vinculada a la condición de María como Madre de la humanidad, encomendada por Cristo desde el patíbulo. La Virgen aparece pastoreando a su grey con el cayado, ante la cruz florecida representada en el árbol que la cobija.
Durante estos días, el Risco convierte el interior de la parroquia en un auténtico paisaje de verdor y aromas campestres, conformando un escenario de culto de enorme personalidad que constituye una de las expresiones más singulares de las Fiestas Mayores cantillaneras.
El 8 de septiembre, Cantillana se entrega a su Pastora
La jornada de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María comenzará con la Solemne Función Principal de Instituto que la hermandad celebrará durante la mañana. Sin embargo, será durante la tarde y, especialmente, en la noche cuando la localidad concentre su máxima expectación.
En torno a las 15:00 horas, la Divina Pastora será trasladada desde el Risco hasta su paso procesional. Para ello será descendida del altar y conducida en unas pequeñas andas que permiten mantener una especial proximidad con sus devotos. El traslado adquiere una dimensión particularmente emotiva cuando la Virgen es acercada a personas mayores e impedidas que se encuentran a lo largo del recorrido, favoreciendo así su encuentro directo con la Pastora.
La llegada de la noche dará paso al instante central de las Fiestas Mayores. Antes de las 22:00 horas, el paso será levantado en el interior de la parroquia y, cuando las campanas marquen la hora en punto, atravesará el dintel del templo para encontrarse con las calles de Cantillana.
Entonces se producirá una explosión de luz, aplausos, vivas y cientos de cohetes, anunciando la salida de la Divina Pastora en una procesión triunfal de gloria que congregará a una multitud de devotos y visitantes.
La ceremonia del sombrero, una tradición convertida en patrimonio inmaterial
Entre los episodios más singulares de la noche sobresale la ceremonia del sombrero, que tendrá lugar en torno a la medianoche en la calle Martín Rey. Allí, bajo la colosal cúpula instalada en mitad de la vía, se desarrollará uno de los momentos más característicos de las Fiestas Mayores.
La Divina Pastora será despojada de su tradicional tocado pastoril por el sacerdote Álvaro Román Villalón, sacerdote cantillanero y pastoreño, conforme a una tradición que establece que sean manos sacerdotales y del propio pueblo las encargadas de retirar el sombrero.
Con más de un siglo de historia, esta ceremonia se ha convertido en uno de los signos más reconocibles de la devoción pastoreña y en una manifestación considerada patrimonio inmaterial de Cantillana. Miles de personas abarrotarán la calle para contemplar una escena que se desarrolla entre el fervor colectivo, una abundante lluvia de pétalos de rosa y el vuelo de palomas.
La pólvora acompañará a la Virgen prácticamente durante todo el itinerario, mientras las petaladas se sucederán a su paso como expresión del cariño de los devotos hacia la Reina de Cantillana.
La Cuesta del Reloj y los enclaves imprescindibles de la procesión
El recorrido ofrece numerosos puntos de especial interés, aunque entre los lugares más señalados figuran la calle Martín Rey, la calle Real, la Alameda, donde tendrá lugar la función de fuegos artificiales, y la calle del Beato Cardenal Spínola, conocida popularmente como la Cuesta del Reloj.
Será precisamente allí donde se produzca otra de las imágenes más características de la procesión. La Divina Pastora ascenderá por la pronunciada vía entre una auténtica marea humana, mientras el paso avanza a los sones de El Turuta.
La interpretación de esta marcha militar imprime al paso un ritmo más vivo durante la subida y modifica la cadencia de la cuadrilla, convirtiendo esta chicotá en uno de los momentos más particulares y reconocibles de toda la noche pastoreña.
La Novena continuará hasta el 13 de septiembre
Tras la procesión del 8 de septiembre, los cultos continuarán desde el día 9 hasta completar el programa de la Novena. El domingo 13 de septiembre, última jornada, el ejercicio comenzará a las 10:30 horas, mientras que a las 11:00 tendrá lugar la Función Solemne de Clausura.
Una vez concluida la celebración eucarística se desarrollará la Solemnísima Procesión de Su Divina Majestad por las calles próximas a la parroquia. El acto culminará con la Bendición Solemne, el canto de la Despedida y el Himno Pastoreño.
La noche pondrá el cierre a estos cultos mayores con un nuevo Rosario de hermanas, cuya salida está prevista a las 21:30 horas desde la parroquia. El cortejo mantendrá un formato similar al de la víspera y contará en esta ocasión con el acompañamiento de la banda de cornetas y tambores de Nuestra Señora del Sol, de Sevilla, y de la banda de música de La Soledad de Cantillana.
La entrada del Rosario en la parroquia, sede fundacional y residencia canónica de la hermandad, pondrá el punto final a estos cultos, aunque no al calendario festivo. Será un punto y seguido hasta el último fin de semana de septiembre, cuando la Romería de la Divina Pastora ponga el broche de oro al mes dedicado por Cantillana a su Pastora.
Amplia cobertura audiovisual de las celebraciones
La hermandad ha previsto además una amplia difusión de los cultos para facilitar su seguimiento más allá de Cantillana. Todos los cultos podrán seguirse en directo a través del canal de YouTube de la hermandad, mientras que la Solemne Novena será retransmitida para todo el territorio nacional a través del canal de televisión Maria Visión.
Asimismo, la procesión de la Divina Pastora del 8 de septiembre será ofrecida en directo a través de PTV Sevilla, permitiendo que la celebración pueda ser contemplada también por quienes no puedan desplazarse hasta la localidad.
Así comienza un septiembre en el que Cantillana vuelve a reconocerse en una de sus señas de identidad más profundas. Durante estos días, la Divina Pastora ocupará el centro de la vida religiosa y festiva de la localidad, en una celebración que conjuga una tradición secular con manifestaciones propias que han convertido las Fiestas Mayores en una de las expresiones pastoreñas más singulares de Andalucía.





