La Hermandad del Socorro de Córdoba presenta el cartel de sus fiestas de 2026
La Hermandad del Socorro de Córdoba ha presentado el cartel anunciador de las fiestas de este año 2026, una creación de Alejandro Herruzo Lucena que sitúa en el centro de su discurso artístico la relación entre la Virgen del Socorro, la plaza de la Corredera y la memoria devocional construida por generaciones de cordobeses.
Una composición concebida como un altar en plena Corredera
Bajo el título «Socorro; arraigo Corredero», la obra plantea una composición concebida visualmente como un altar instalado en un espacio urbano. A través de distintos soportes, imágenes y elementos superpuestos, el autor construye una sucesión de instantáneas que pretende evocar el paso del tiempo y mostrar, mediante diferentes huellas gráficas, la trayectoria de la devoción hacia la Virgen del Socorro, convertida en presencia permanente e indisociable de la Corredera.
El punto de partida se encuentra en el propio soporte de la composición, trabajado con una pátina añeja y diferentes texturas. Sobre esta superficie se identifican los muros estucados de los arcos de la Corredera, reconocibles por su característico color almagro, que aparece distribuido en distintas capas y sirve de base para articular el conjunto de la propuesta.
A partir de esos muros surgen los textos, alabanzas a María y oraciones que completan la composición. Todos ellos proceden del Pregón de Coronación y representan, dentro del planteamiento del cartel, esas palabras que el propio pueblo deposita sobre la pared a modo de plegaria dirigida a María.
El nardo y las estampas de la memoria devocional
La pared se convierte también en un espacio del que brotan distintos elementos vinculados a la devoción. Entre sus huecos aparece de manera espontánea la flor de nardo, clásica ofrenda dedicada a la Virgen del Socorro, que se integra visualmente con las diferentes instantáneas devocionales presentes en la obra.
Estas imágenes aparecen erosionadas por el paso del tiempo, reforzando la idea de memoria y permanencia que vertebra la composición. Entre ellas se encuentran las referencias a la devoción a San Rafael, custodio de Córdoba, así como la entrada de la Virgen en su plaza, con especial atención al icónico momento de su recogida.
De esta manera, Herruzo Lucena articula una representación en la que fotografías, textos, flores, muros y estampas de carácter devocional quedan entrelazados para construir una imagen que mira simultáneamente al presente y a la memoria acumulada alrededor de la Virgen del Socorro.
La Virgen Coronada, centro de la composición
Por encima de todos estos elementos aparece, presidiendo el cartel y manteniendo una presencia omnipresente, la imagen de la Virgen del Socorro, representada radiante y con los atributos propios de una Virgen Coronada.
De su pecho nace una panorámica correspondiente a su salida procesional del último Domingo de Septiembre, en la que puede contemplarse la plaza del Socorro completamente ocupada por devotos y gentes del pueblo de Córdoba. La escena establece así una conexión directa entre la imagen de la Virgen y el espacio urbano en el que su devoción encuentra una de sus expresiones más reconocibles.
La elección de esta escena procesional introduce en la obra el vínculo entre la imagen mariana, sus devotos y la plaza, integrando en una misma composición a la titular de la corporación, el entorno que forma parte de su identidad y la multitud que participa de su presencia pública.
Un cartel concebido desde el arraigo
La intención declarada de la obra se sitúa precisamente en ese reconocimiento. El cartel busca que los propios hermanos y devotos reconozcan a su Madre, pero también el espacio urbanístico que forma parte inseparable de su historia: el barrio, sus paredes, sus fotografías y todos aquellos elementos capaces de identificarlo y distinguirlo.
El resultado convierte la Corredera en algo más que un escenario para la representación. Sus muros funcionan como soporte de la memoria, mientras las imágenes y los elementos incorporados a la composición reconstruyen una parte de la experiencia devocional ligada al Socorro.
En este planteamiento, el propio título de la obra adquiere todo su significado. «Socorro; arraigo Corredero» resume una concepción de la devoción entendida como sentimiento y como pertenencia, como una vinculación que trasciende la mera contemplación de una imagen para extenderse por los espacios que han acompañado su historia.
El Socorro queda presentado, así, como un sentimiento y un arraigo que el pueblo de Córdoba sabe expresar, una vinculación que se proyecta desde la calleja del Toril hasta los espacios más recónditos de la ciudad, siguiendo las huellas de una devoción que encuentra en sus lugares, sus imágenes y su memoria colectiva algunos de sus principales signos de identidad.












