Disonancias musicales | El misterio que sostiene la luz

Hubo un tiempo en que mi vida se medía en compases, ensayos a contrarreloj y el murmullo incesante de una banda afinando antes de salir a la calle. Hoy, mirando la música desde una distancia prudencial, disfruto de la tranquilidad de no pertenecer a ninguna formación musical; se vive, dicho sea de paso, más tranquilo. Sin embargo, el veneno de la música procesional nunca se va del todo. He cerrado una etapa, pero quién sabe lo que nos depara el destino; la vida da muchas vueltas y, si alguna vez se plantea un regreso, tendría que ser bajo unas condiciones muy diferentes.

Mientras tanto, los recuerdos se ordenan de otra manera. Ya no queda la prisa, solo el poso de lo que de verdad importó. Y entre todos esos acordes que se van quedando en el retrovisor de mi memoria, hay uno que brilla con una fuerza limpia, ajena al ruido del mundillo: «Seres de Luz».

Tuve el honor de liderar aquel proyecto benéfico durante mi etapa de colaboración con la Agrupación Musical de la Redención. Nació con un propósito puro: abrazar y empujar la encomiable labor de ANDEX (Asociación de Padres de Niños con Cáncer de Andalucía). Pero la marcha traía consigo un enigma que la hacía única. Llegó envuelta en el más absoluto misterio. Era, y sigue siendo, una marcha anónima. Durante todo el tiempo que estuve al frente del proyecto, jamás logré descubrir la identidad de la mano que trazó el pentagrama.

El tiempo ha pasado, la distancia da perspectiva y el oído, que nunca llega a jubilarse del todo, juega a buscar respuestas. Al escucharla hoy, libre de las tensiones del cargo, no puedo evitar que la mente viaje y conecte hilos. Por la estructura, por la sensibilidad y por la similitud de algunos de sus pasajes con otras obras suyas, me atrevería a decir que la partitura lleva el sello de José Manuel Sánchez Crespillo. Ahí dejo la hipótesis, como un eco flotando en el aire.

Sin embargo, a pesar de que la curiosidad musical me empuje a buscar un nombre, hay una parte de mí que se resiste a resolver el enigma. Sinceramente, me encanta la idea de que «Seres de Luz» siga habitando en el anonimato. Hay una belleza romántica en el hecho de que una obra que nació para dar vida y esperanza no reclame ningún ego, ningún aplauso individual, ninguna autoría. Quizás su magia reside precisamente en eso: en que no pertenece a nadie porque nos pertenece un poco a todos.

Mi tiempo en la primera línea de las bandas, tal y como lo entendía, ya terminó. Saboreo la calma del presente, pero siempre me quedará el orgullo de haber custodiado un secreto tan hermoso. Un secreto que demostró que la música es capaz de iluminar las noches más oscuras. Hoy miro al futuro en calma, sabiendo que el pentagrama de la vida siempre puede sorprender de nuevo, pero con la certeza de que «Seres de Luz» ya es eterna. Que siga la magia. Que siga el misterio.