Una obra que une tradición y maestría artística
El imaginero Antonio Luis Troya ha dado a conocer su más reciente creación: una exquisita escultura de Nuestra Señora de Fátima, realizada en madera de cedro de 80 centímetros de altura, policromada al óleo y enriquecida con motivos ornamentales en oro fino, destinada a integrarse en una colección privada. La obra refleja la maestría del autor y su capacidad para combinar tradición iconográfica con un refinado sentido estético.

Expresión y espiritualidad en la figura
La figura se muestra de pie, adoptando una postura recogida y contemplativa, con las manos juntas en oración y el rostro ligeramente inclinado, transmitiendo una sensación de serenidad, humildad y profunda espiritualidad. El modelado del rostro es suave y armonioso, destacando los rasgos delicados que refuerzan la expresión de dulzura y recogimiento, características esenciales de la iconografía mariana de Fátima.
Túnica y detalles ornamentales
La escultura viste una túnica en tonalidad marfil, de caída elegante y amplia, cuyo tratamiento pictórico al óleo confiere profundidad, realismo y luminosidad a los pliegues del tejido. El manto se adorna con un delicado motivo vegetal estilizado realizado en oro fino, que aporta un toque ornamental de gran riqueza visual y subraya la sofisticación de la pieza.
Corona y pedestal: símbolos de realeza y elevación
En la cabeza de la imagen se aprecia una corona dorada, trabajada con minuciosidad, símbolo de la realeza espiritual de la Virgen, que resalta la verticalidad de la figura y acentúa su solemnidad. La escultura descansa sobre una base que evoca una nube, elemento simbólico asociado a la pureza y a la elevación celestial, apoyada a su vez sobre un pedestal de madera que garantiza estabilidad y aporta nobleza al conjunto, completando así una obra de gran elegancia y espiritualidad que combina técnica, iconografía y sensibilidad artística.





