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Córdoba

Asco, vergüenza, morbo gratuito y “Neobarroco Gay”

Este lunes, el periodista profesional Luís Miranda García, redactor de ABC, ha conseguido lo que le ha estado vetado en los últimos años, que se preste atención a lo que escribe, superado por todos, incluidos sus propios compañeros, los que firman y los que no, que hace tiempo han dejado claro que son mucho más capaces que él a la hora de abordar la actualidad cofrade. Harto de escribir panfletos que nadie lee, ha rescatado un estudio nada menos que de 2013 -enhorabuena una vez más por la inmediatez- y, cinco años más tarde, ha copiado y pegado partes del mismo para componer un subproducto lamentable por la sarta de falacias que expone que solamente podrían explicarse por ignorancia, por hacer daño gratuito o por pasar factura a los aludidos.

El artículo o lo que sea, que habrá tenido una audiencia brutal, de eso no me cabe duda alguna, es una bochornosa reproducción resumida de otro aún más bochornoso, vomitado en la revista “Baetica, Estudios de Arte, Geografía e Historia”, repetimos en 2013. Todo un descubrimiento por parte de Miranda y un alarde de rabiosa actualidad. Un copia y pega extremadamente curioso, viniendo de alguien que alardea de ser un periodista profesional de esos que desvelan aquello que nadie ha contado antes y desdeña a quienes buscan el retuit y el me gusta fácil. Eso es exactamente lo que ha hecho el periodista profesional. Un titular en el que reina el morbo, para un artículo que explota de manera vergonzosa el morbo, sobre un asunto vacío y sin argumentos que es puro morbo… para conseguir el retuit y el me gusta fácil.

Lo más hilarante es que mientras otros medios cofrades llevan años aguantando el sambenito de ser prensa rosa, el señor Miranda ha reproducido un texto infumable que haría las delicias de los redactores de Sálvame, sin base alguna ni fundamento que lo sustente y lo que es aún más grave, sin haber preguntado a ninguno de los aludidos por su opinión sobre un artículo – el original, no la copia- que es perfectamente conocido por los imagineros -recuerden que es de hace cinco años- y que carece de cualquier sustancia, más allá de la ocurrencia barata y presunción subjetiva.

Yendo al fondo de la cuestión, -que no es la copia resumida de Luís Miranda, sino el artículo original-, se trata de un estudio publicado en la citada revista -Baetica-, que lleva el marchamo de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga y fue en su día ejecutado por tres historiadores de Arte, Juan Antonio Sánchez López, Antonio Rafael Fernández Paradas y José Alberto Ortiz Carmona, y titulado “Entre la postmodernidad y el homoerotismo: La imaginería procesional del siglo XXI y el Neobarroco Gay”; ahí queda eso. Un ingrediente perfecto para que sea ampliamente difundido aunque se base en verdaderas imbecilidades y simplificaciones infantiles y destile un profundo aroma homófobo que apesta. 

El estudio comienza su delirio afirmando que “la teoría del neobarroco gay se corresponde con un lenguaje estético que postula la exaltación del homoerotismo masculino, explícito o sutil, en clave manifiestamente morbosa y en un contexto religioso específico, aplicado a la escultura procesional de finales del siglo XX y lo que llevamos del XXI, donde además se ha tergiversado la construcción social del género en el hombre/escultura. Este proceso coincide con un espacio/tiempo donde se ha producido una creciente aceptación social de la homosexualidad masculina y su visibilidad, además de una evidente puesta en valor de la misma a través de obras donde el cuerpo del hombre sintoniza con su consideración actual como “objeto” de consumo dentro de los medios de masas”. Juzguen por sí mismos.

El estudio, a pesar de reconocer que “desde los albores de la civilización, el cuerpo –y para ser más exactos el del hombre, como consecuencia del androcentrismo griego– ha sido siempre la base sobre la que el artista ha venido operando su reflexión formal objetivo/subjetiva, para convertirlo en uno de los principales –por no decir, el principal– objetivo de la experiencia estética”, afirma, sin rubor alguno, que “desde los años noventa se constata la realización de obras procesionales no tanto para la devoción sino más bien para la autocomplacencia, ya sea del propio escultor o del/os comitente/s, quienes parecen haber preferido sustituir el componente devocional de las iconografías religiosas y la propiedad iconográfica de los asuntos, por incidir a toda costa en la plasmación de la belleza por la belleza, homoerótica y sensual, y en la exaltación del cuerpo del hombre por el hombre”.

La conclusión es grotesca: los imagineros han abandonado la unión religiosa por el culto a la idealización masculina, todo ello con un trasfondo erótico, sensual y homosexual influido por el actual contexto de difusión mediática, lo que viene siendo “estar de moda”. Argumentos que ni el propio Jorge Javier Vázquez sería capaz de superar. Que a estas alturas de la película se pueda afirmar, sin que a nadie se le caiga la cara de vergüenza, que cultivar el cuerpo en el gimnasio, que una escultura que potencia la belleza del cuerpo masculino o que el hecho de que una imagen masculina derrame una lágrima, pueda tener connotaciones homosexuales es tan aberrante y tan absurdo como defender que la tierra es plana. Una identificación sin sentido que induce a pensar en un trasfondo mucho más prosaico por parte de quienes la esgrime. 

El estudio afirma que “el punto de partida de estas creaciones cabe detectarlo en la producción escultórica de los artistas cordobeses Francisco Romero Zafra y Antonio Bernal Redondo (…) auténticos creadores del neobarroco gay (…) mediante la androginia morbosa aplicada a algunas representaciones de personajes jóvenes, como especialmente a una serie de figuras de personajes secundarios ejecutadas para distintos misterios procesionales de Córdoba, Montilla, Martos, Zafra y de otros puntos de Andalucía” que exploran “la sensualidad del cuerpo masculino desnudo en todo su esplendor de fuerza y vigor muscular y haciendo gala de un inequívoco deleite voyeur (…) por no hablar del sugerente decadentismo, de signo un tanto “canallesco”, aplicado a la descripción obsesiva y caracterización morbosa de los elementos personalizadores del cuerpo: tatuajes, piercings y tratamientos capilares”. De modo que si usted es hombre y se cultiva el cuerpo ha de saber que es usted gay, lo quiera o no, y lo mismo ocurre si usted utiliza determinados peinados, tatuajes o piercings. La idiotez se completa con el énfasis puesto sobre el deleite voyeur, que al parecer, sólo los homosexuales pueden experimentar, de modo que un o una heterosexual no puede sentir admiración por una imagen masculina con la musculatura perfectamente formada. Absurdo.

Lo único que evidencia el estudio es que mientras unos observan proporciones, belleza, realismo y escenas de la pasión de Cristo, otros ven, con mirada lasciva, “explicitez morbosa de la belleza misma y erotismo masculino”, subrayando que “en su concepción de la belleza masculina, la idea de “lo sublime”/divino cede el testigo a “lo morboso”, como expresión propia y genuina de un inequívoco estadio de crisis y cuestionamiento subliminal de los principios clásicos”. Un repugnante ataque gratuito a la impresionante obra de dos artistas cordobeses que son indiscutible referencia de la imaginería contemporánea y la admiración del universo cofrade que ha sido soslayado por el periodista del medio cordobés por unas miles de visitas, a quien no le ha importado lo más mínimo publicitar un estudio que menosprecia, ataca y denigra la producción artística de dos de los creadores cordobeses más importantes de la actualidad.

Polémica estéril que llega a su punto culminante con la ejemplificación de algunas de las obras de ambos imagineros para intentar avalar esta disparatada teoría, como el soldado romano, realizado en 2008 por Francisco Romero Zafra para la Hermandad del Cristo Atado a la Columna de Martos o la imagen del centurión Longinos, gubiado por Bernal en 2011, para la Hermandad del Descendimiento de Cabra, imagen de la que el estudio afirma que “supone una absoluta feminización de la masculinidad convencional, al desafiarse y cuestionarse claramente la habitual imagen de la virilidad inherente a la representación de un militar romano”, todo ello porque la talla -que encabeza esta reflexión, juzguen de nuevo-, cuyo título original es “Arrepentimiento”, muestra su pesar con una lágrima derramada por haber comprendido que el Hombre muerto era el Hijo de Dios, tras haber lanceado su cuerpo y experimentado el sentimiento que el nombre de la obra revela.

Así lo ha puesto de manifiesto el propio Bernal, en declaraciones concedidas a Gente de Paz, en las que ha mostrado su indignación por el rescate extemporáneo de un texto que ya en 2013 le produjo un completo rechazo porque extrae conclusiones absurdas que parten de premisas ridículas y evidencian “el profundo desconocimiento artístico de quienes las pronuncian”. “La imagen de Longinos está concebida, no en base a un sustrato militar, sino inspirada en el Evangelio”, afirma Bernal, nutriéndose del mencionado concepto del “arrepentimiento de quien es consciente de haber participado en el martirio del mismísimo Dios, a través de su llanto”. Identificar, en pleno siglo XXI, a una imagen masculina que llora con la iconografía gay es sencillamente ridículo.

Ya lo saben, queridos lectores, si usted es un hombre y llora, si es guapo, si acude al gimnasio a mejorar su apariencia física, si cuida su cabello, si luce piercings o tatuajes, usted es irremisiblemente gay. Y si usted es gay y ni tiene una musculatura de escándalo, no llora en público, sencillamente porque no le da la gana, no acude con frecuencia a la peluquería o no lleva tatuaje alguno, debe estar ocultando sus tendencias, porque no parece gay. Homófobo, ridículo, grotesco… consideraciones que se extraen con absoluta facilidad de un texto que, en cambio, ha sido tratado con una pretendida y engañosa asepsia que avergüenza, por parte de quien se permite el lujo de repartir prebendas entre sus amigos, aunque no tengan la carrera de periodismo, mientras repudia y menosprecia, por no ser “profesional” a quien no goza de su amistad, a la misma velocidad que bloquea en twitter. Vergonzoso lo expuesto por unos y otros. Los del texto original, porque si pretendían hacer un alegato “por la igualdad y la no discriminación entre personas”, lo han disimulado sospechosamente, logrando precisamente el efecto contrario -y así me lo han confesado algunos de mis amigos gay-, y el de la copia barata, porque hay ocasiones en que no es lícito marcar distancia, haciendo gala de una fingida objetividad, y hay que meterse en el barro cuando se ataca a los tuyos, y defenderlos con uñas y dientes, en vez de hacerse el valiente cuando se piensa que nadie va a responder.

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