Córdoba

Así es el impresionante Caído de Fernando Murciano para la Cofradía de los Estudiantes de Cabra

La iglesia conventual de San Antonio de Padua, sede de la Hermandad del Buen Fin de Sevilla, ha sido el escenario en el que se ha presentado la nueva imagen del imaginero Fernando Murciano, un impactante Jesús Caído dotado de una impresionante calidad de estética que tiene por destino la ciudad de Cabra y que se convertirá, bajo la advocación de Nuestro Padre Jesús Caído en titular de la Hermandad de cabrense del Buen Fin conocida popularmente como los Estudiantes.

Con la realización de esta imagen se cumple un sueño de 30 años los mismos que tiene de vida la Cofradía del Buen Fin (Los Estudiantes). Se trata de una imagen levemente superior al tamaño natural, realizada en madera de cedro policromada con ojos de cristal tratados con brazos articulados en bornes.

Refleja la 2º Caída de Jesús en la calle de la Amargura de Jerusalem, y apreciamos que a pesar de ser una imagen de un Caido, refleja una gran zancada de sus rodilla, como una inusual fuerza escultórica ya tan acostumbrado a reflejarlo su autor en otras tantas obras como en el Cristo de la Mision de Jerez de la Frontera, pero sin restarle “la Divinidad” que debe tener una imagen con un fin cultual como la que tratamos.

La Orfebreria que porta la imagen (potencias y casquillos de la cruz arbórea) están realizados por el Orfebre Sevillano Antonio Jose Medina Vallecillo en plata dorada, reflejando múltiples detalles de la localidad de Cabra y en particular en su patrona la Virgen de la Sierra.

En palabras del profesor Juan Manuel Miñarro, Fernando Murciano Abad, es uno de los mas significativos representantes de las nuevas generaciones de Imagineros con formación académica y de taller, combinación suficiente, como para garantizar la practica de la estatuaria religiosa al nivel que se merece la Escultura de nuestros tiempos.

Sus obras de pequeño formato poseen equilibrio formal y exquisito refinamiento en el acabado, fruto de un cuidado estudio de la anatomía y la proporción. El dominio, tanto de la arcilla como de la madera, le permiten dotar a sus creaciones de un esmerado análisis de formas, tanto en la representación del desnudo como en el perfecto drapeado de las vestiduras.

En la imágenes de tamaño natural mantiene el mismo nivel, pero en estos casos la mayor dimensión le permiten expresarse con mayor rotundidad y verismo; alejado, sin embargo, del barroquismo cursi que tanto se lleva.

En sus creaciones se aprecia una fuerte dosis de sabia síntesis. En la resolución de las cabezas, rostros y paños, pondera el expresionismo y el movimiento de grandes masas y planos, siempre por encima del detalle anecdótico.

En resumen la obra de Fernando murciano, es un canto al volumen y a la forma como resultado del estudio de las fuerzas interiores y del desarrollo de la figura en el espacio. Por lo tanto en ellas, la superficie solo es consecuencia natural de un elaborado proceso de construcción y no el único fin plástico, como sucede tristemente en la mayoría de la imaginería moderna.

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