El Círculo Mercantil de Sevilla acogió el pasado 8 de noviembre la inauguración de la exposición «El manto de la Virgen de las Lágrimas: un bordado para un siglo», que conmemora el centenario de la hechura de esta parte del patrimonio de la titular mariana de la Hermandad de la Exaltación. El acto, presentado por Francisco López de Paz, contó con una conferencia a cargo de José León y con la asistencia e intervención de Salud Pérez del Olmo, hija de José del Olmo, quien contó sus recuerdos en el taller de bordados donde se confeccionó esta magnífica obra.
La muestra, abierta hasta el 11 de noviembre, tiene expuestos – además del manto- una serie de documentos que muestran el proceso de contratación de la Hermandad con el Taller de Olmo en referencia y utensilios de bordado que se usaron en la confección del manto a principios del siglo XX, así como parte del ajuar de la Santísima Virgen de las Lágrimas asociado a esta valiosa pieza del bordado del patrimonio de la corporación hispalense.
El palio de Nuestra Señora aúna el legado artístico de los dos grandes talleres de la Edad de oro del bordado sevillano: Rodríguez Ojeda y Olmo. Técnicamente, el manto es un alarde de perfección en su variedad de puntadas, todas ellas de gran dificultad y ejecutadas con una precisión prodigiosa, inasumible en nuestros días. En 1916 la Hermandad de la Exaltación decide sustituir el manto decimonónico de Nuestra Señora de las Lágrimas por un nuevo diseño de Juan Manuel Rodríguez Ojeda, autor del palio. Sin embargo, por circunstancias desconocidas a mediados de 1917 la Hermandad finalmente optó por la “Casa de hijos del Miguel del Olmo”, cuyo “originalísimo” dibujo fue aprobado “naturalmente y por unanimidad” según actas de cabildo. El contrato finalmente firmado el 31 de julio de 1917 contemplaba una saya por 400 ptas., los respiraderos de malla por 2.000 ptas. y el nuevo manto que se estrenaría el año siguiente por 17.000 ptas.
A inicios de 1918 el Sr. Olmo comunica su “equivocación en cuanto al tiempo en la construcción del manto”, lo que imposibilitaba el estreno ese año. Para compensar “el disgusto” se compromete a acabarlo en 1919 y regalar “una hermosa saya bordada en oro fino”. Lejos de lo anecdótico, el imprevisto ocasionó tal malestar que la cofradía llegó a plantearse la estación de penitencia, aunque finalmente realizó su Estación de Penitencia en 1918. Finalmente, el Jueves Santo de 1919, la Virgen de las Lágrimas lució felizmente la nueva prenda, que fue elogiada por la prensa como “un soberbio manto bordado artísticamente en oro sobre fondo azul oscuro de gran valor”.
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