Ataque anticlerical en la Parroquia de San Miguel

Nos hemos acostumbrado, lamentablemente en los últimos tiempos, a ser testigos de ataques de muy diversa índole que de algun modo afectan y atentan contra la dignidad religiosa y la libertad de los creyentes, perpetrados por individuos de muy diverso pelaje repartidos por los cuatro puntos cardinales del Estado español.

Ataques indiscriminados que en determinadas ocasiones han adoptado la forma de la burla zafia a través de la elaboración de carteles ofensivos o montajes difundidos a través de las redes sociales y en otras pintadas o incluso ataques físicos contra personas o contra imágenes religiosas u otros elementos patrimoniales de la Iglesia Católica.

En este caso el ataque ha sido perpetrado en pleno corazón de la ciudad de Córdoba, en la iglesia de San Miguel, uno de cuyos muros ha amanecido con una pintada amenazante del mismo estilo que muchas otras que se han reproducido en los últimos años en otros templos de la geografía española. 

«La única iglesia que ilumina es la que arde» reza el texto que mancilla uno de los muros laterales del templo fernandino, evidenciando que la escalada de violencia, lejos de apaciguarse, continúa in crescendo sin que hasta el momento los poderes públicos hayan puesto las medidas suficientes para preservar la seguridad y la integridad de los inmuebles pertenecientes a la Iglesia Católica, mientras desde determinados sectores políticos, perfectamente definidos e identificados, se sigue jaleando impunemente a las masas en contra de todo lo que huele a incienso. Una escalada que nadie parece querer apaciguar hasta que el asunto pase de un tonto con un bote de pintura a que algo mucho más grave suceda. Tal vez entonces llegue el momento de que alguien se rasgue las vestiduras.