Burladero | Chari

No podía pasar más tiempo sin decirte cuánto te quiero. Sí, lo confieso, eres mi debilidad desde que tengo uso de razón, y aunque mi corazón se desparrame en la dirección opuesta, cada octubre vuelves a mi memoria como un recuerdo indeleble.

Hace tiempo que no nos vemos, o, mejor dicho, que no te visito. Siento la ausencia, y deseo profundamente volver a sentir el escalofrío que recorre cada poro de mi piel cuando el corazón me lleva hasta ti.

Cuántos momentos hemos pasado juntos, desde la niñez ilusionada que te señalaba con el dedo para echarte un piropo, hasta el adulto que se postra ante ti en la intimidad de la oración. Y en ese abanico tan amplio, pasamos del silencio a la algarabía, del nudo en la garganta al aplauso, y del beso en la mano a la señal de la cruz cuando pasas ante mí en tu día grande.

No es fácil describir qué pasa por mi mente cuando apareces vestida de reina, rebosante de alegría, con el astro rey iluminando la saya, el manto, la toca y, si se da la ocasión, hasta tu tez nacarada y tierna como ninguna.

Es complicado imitar la originalidad de los sonajeros que convertidos en rosarios acarician el varal que cubre tu dignidad celestial, consumando uno de los sonidos más hermosos que ha escuchado la humanidad.

Y, cómo no, qué nostalgia invade el alma cuando te alejas bellísima, con las luces del crepúsculo y la luz de las bellas iluminando tu presencia por las calles de esta bendita tierra.

Busco un motivo para amarte tanto, y no lo encuentro. No he heredado una devoción familiar, ni he vivido tu hermandad, y mucho menos he participado de un acto íntimo o un culto anual del mes de tu onomástica, como ahora ocurre nuevamente desafiando el minutero del reloj implacable.

Pero aquí estoy, dedicándote estas líneas donde despliego la verdad, dividida en la historia de mi vida, y acompasada con el fluir de los años y las etapas tan distintas y volátiles que los rodean. Y precisamente por ese recorrido, no podía pasar más tiempo sin decirte cuánto te quiero, mi Chari de Montesión.