Burladero | Marketing y Alfileres

En un mundo en el que la naturalidad escasea, cada uno muestra sus cartas en el momento más adecuado.

Estimado, amable y fiel lector, nos encontramos una semana más para hablar de lo que nos entusiasma y alegra la deprimente rutina. Sí, lo ha adivinado a la primera, le hablo de las cofradías ajenas.

Sí, no me he vuelto majareta ni he tomado tres copas de más, pero ante la perspectiva más que probable del disgusto periódico que nos provoca nuestra hermandad particular, buscamos el salseo, la chispa y el frenesí del cotilleo en la hermandad de moda.

Y precisamente por ello pongo de ejemplo a la jovencísima cofradía de San Pablo, cuya titular mariana, la Virgen del Rosario Doloroso, acaba de cumplir la mayoría de edad. Curioso, ¿verdad? Es muy llamativo vivir el nacimiento y evolución de una imagen, pero aún más cuando el imaginero se llamaba Luis Álvarez Duarte, y la llegada de la Reina del Rosario a la parroquia y el barrio se convirtió en poco menos que un asunto de Estado.

De ese momento hace 18 años… Quién los pillara, ¿verdad? Pero el tiempo pasa y ahora, en el último trimestre del 2026, San Pablo y su Señora del Rosario han dado un descomunal golpe en la mesa.

Retrocedamos al mes de junio, concretamente al día 22, cuando se produce la renuncia al cargo del entonces hermano mayor, José Antonio Gómez.

Toma el relevo su teniente, Jesús Campos Merino, pero no inmediatamente, o al menos no de cara a la opinión pública. Pasos los días y las semanas, llegando a agosto sin otra actualidad en la corporación que el campamento de verano.

Como entenderán, la Sevilla cofrade empezó a sospechar y a crearse todo tipo de teorías al estilo “Equipo de investigación” de Gloria Serra. ¿Qué ocurría en San Pablo? ¿Por qué no se informaba sobre el nuevo hermano mayor y su junta?

El run run de los cofrades dentro y fuera de redes sociales fue increscendo hasta el pasado mes de septiembre, justo cuando el nuevo vestidor de la Virgen del Rosario, Leandro González, atavió a la dolorosa por vez primera.

Y ese primer cambio de vestimenta, por surrealista que le pueda parecer, fue la mejor estrategia de comunicación y marketing, pues gustó tanto el resultado y la espectacularidad de la imagen terminada, que desde entonces nadie volvió a comentar nada de la situación de la cofradía del Lunes Santo.

No fue necesario un comunicado ni una labor de transparencia, de la que se careció en un principio. Esta vez bastó con el mejor vestidor de Sevilla y un puñado de alfileres para callar todas y cada una de las opiniones vertidas.