Cayetano Rivera dona un capote para la Virgen de la Concepción de Cádiz

Cinco acepciones tiene la palabra devoción según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. Amor, veneración y fervor religioso, práctica piadosa no obligatoria, prontitud con que se está dispuesto a dar culto a Dios y hacer su santa voluntad… son algunas de las opciones que otorga el idioma español para referirse a esa interrelación íntima, imposible de explicar, que un ser humano entabla con aquella imagen que ocupa su altar de cabecera, aquella representación del mismísimo Dios o su Divina Madre con la que el católico, el cofrade, mantiene una relación intrínseca e insustituible que marca definitivamente buena parte de las acciones que desarrolla a lo largo de su existencia.

Una palabra que adquiere un significado singular cuando entremezcla el sentimiento que deriva de dos disciplinas en las que este se halla a flor de piel. Por eso, sobradamente conocida es la vinculación del universo cofrade y el mundo de los toros, materializada múltiples muestras que ejemplifican una relación que se pierde en la memoria de los tiempos, toda vez que muchas son las piezas de cuantas componen el ajuar de las dolorosas de toda Andalucía que se han alimentado de trajes de luces y elementos similares que proceden del patrimonio de matadores de toros que han evidenciado su devoción a través de donaciones que han cuajado el patrimonio de las hermandades.

Uno de los últimos ejemplos de este calado se ha producido en la ciudad de Cádiz, donde un miembro de la cuadrilla del conocido matador de toros, Cayetano Rivera, ha hecho entrega de un capote del torero. Un capote que será utilizado en el taller de bordados de la hermandad para hacer una nueva saya para María Santísima de la Concepción. La Virgen de la Concepción, al igual que Nuestro Padre Jesús del Amor Despojado de sus vestiduras, son don imágenes obra del imaginero cordobés Francisco Romero Zafra, que fue bendecida el 8 de diciembre de 2010, momento a partir del cual se incorporó a la hermandad del Despojado, para abrirse un hueco insustituible en los corazones de todos los cofrades gaditanos.