Sevilla, 💚 El Rincón de la Memoria

Las cincuenta primaveras del Dulce Nombre en San Lorenzo

Cincuenta primaveras cumple la hermandad del Dulce Nombre como moradora de la popular Parroquia de San Lorenzo Mártir de Sevilla. Hace medio siglo que la popular cofradía de la Bofetá abandonó el cercano Convento de San Antonio de Padua, sede canónica de la hermandad del Buen Fin, para trasladarse al que es uno de los templos más antiguos de la capital hispalense. A partir de mañana, día 27 de febrero, la corporación del Martes Santo celebrará solemne quinario en honor a Nuestro Padre Jesús ante Anás, dando comienzo los cultos a las 20:15h. Será el quinario número 49, pues en 1968 los titulares de la hermandad entraría por vez primera a San Lorenzo tras realizar su estación de penitencia, precisamente el año en que la Soledad cumplía un siglo de estancia en esta parroquia. Pero, ¿cómo llegó el Dulce Nombre a ocupar la casa del Señor de Sevilla?

La primitiva hermandad del Dulce Nombre parece brotar de la fusión de tres corporaciones distintas: la caritativa Hermandad de los Niños Perdidos y Gloriosa Santa Ana (fundada en 1585); la Hermandad de gloria del Dulce Nombre de María (fundada a finales del siglo XVI), que pronto se transformará en la Cofradía de Penitencia del Dulce Nombre de María y Mayor Dolor de Cristo; y una tercera titulada de la “Bofetada que dieron a Cristo en Casa de Anás” (fundada a principios del siglo XVII). Las dos penitenciales se fusionaron a mediados del siglo XVII en el Convento de la Merced (actual Museo de Bellas Artes), no siendo hasta 1666 cuando se incorpora la hermandad del Niño Perdido tras el traslado de la cofradía a la capillita del Hospicio de las Niñas Huérfanas, sita en la actual calle Méndez Nuñez.

En 1795, la sede de la Casa-Asilo de las Niñas Huérfanas es trasladada al Beaterio de la Santísima Trinidad. Este abandono, junto a la inminente invasión francesa, provocó la decadencia total de la cofradía. La capilla quedó cerrada al culto, con las imágenes de la hermandad desatendidas y encerradas dentro de ella, las cuales pasaron finalmente en 1809 al Beaterio de la Santísima Trinidad. En este templo es donde actualmente se conservan los primitivos titulares.

Un grupo de cofrades sevillanos, conociendo la existencia de la antigua hermandad, decide reorganizar la corporación en 1919 en el Beaterio de la Santísima Trinidad, aunque pronto establecerá la sede canónica en la Parroquia de San Román. La actual imagen de Nuestro Padre Jesús ante Anás y el misterio de “la Bofetá” se estrenarían en 1923; en 1924, lo harían María Santísima del Dulce Nombre y San Juan Evangelista. Todas las imágenes son obra del insigne escultor sevillano Antonio Castillo Lastrucci, siendo las primeras que realizara para la Semana Santa hispalense. No obstante, la hermandad conservó la primitiva talla del Cristo del Mayor Dolor, atribuida indistintamente a Juan Oviedo y de la Bandera, el Mozo, y Andrés de Ocampo.

Tras la Semana Santa de 1924, la hermandad decide trasladarse al Convento de San Antonio de Padua. El Martes Santo de 1968, día 9 de abril, la cofradía del Dulce Nombre realizó por vez última la salida desde este cenobio franciscano para efectuar su entrada en la cercana Parroquia de San Lorenzo Mártir. En este templo pasará a ocupar la capilla que previamente rendía culto a los titulares de la hermandad del Gran Poder, siendo bendecida el 5 de julio por el arzobispo Bueno Monreal.

La hermandad gozó de un importante auge a partir de su estancia en San Lorenzo, de la que sólo volvería a salir en dos ocasiones. En 1995, debido al mal estado del altar mayor de la parroquia, el triduo en honor de la Virgen del Dulce Nombre tuvo lugar en el Convento de San Antonio de Padua. En 1997 y 1998, la hermandad se vio obligada nuevamente a abandonar su sede canónica por obras de restauración, pasando a recibir culto las imágenes titulares en el Convento de la Asunción de las RR. Madres Mercedarias Descalzas, en la calle Guadalquivir.

La capilla

La capilla debe su estructura actual a las obras realizadas entre 1712 y 1717 y 1895. Ambas reformas fueron efectuadas gracias a la cesión de tres parcelas de terreno por parte del Cabildo a la Cofradía de Nuestra Señora del Traspaso, que venían a formar parte de la calle Eslava. La capilla era propiedad de Alonso Fernández de Treviño, traspasada por sus sucesores Pedro y Domingo de Pleragullano a la hermandad del Gran Poder el 28 de octubre de 1703. Más de dos siglos y medio el Señor de Sevilla moró en la céntrica Parroquia de San Lorenzo, hasta que el 27 de mayo de 1965 los titulares de la cofradía de la Madrugá efectuaron su entrada por vez primera a la Basílica de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder. 

En contrato de 26 de marzo de 1968, día que paradójicamente es Martes Santo en este año, la hermandad del Gran Poder cede la capilla en título de arrendamiento a la hermandad del Dulce Nombre, por un periodo de cincuenta años y al simbólico precio de 3000 pesetas anuales. La cofradía propietaria establecía la condición, expresada en la estipulación 6ª de la escritura, «que el camarín del Altar Mayor sólo puede ser ocupado por la Titular de esta última Hermandad, la Santísima Virgen del Dulce Nombre, ya que es deseo expreso de la Hermandad propietaria, que el sitio que durante tantos años ocupó el Señor sólo pueda ser ocupado por su Santísima Madre». En prueba de cariño y agradecimiento a la hermandad del Gran Poder, en 1968, la corporación del Dulce Nombre le otorgó la Medalla de Oro de la cofradía, que figura prendida en su estandarte corporativo.

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