El altar mayor de la Parroquia de la Inmaculada Concepción se ha convertido en el centro de una controversia patrimonial y artística que divide a la feligresía. El retablo, proyectado en su día por el artista Povedano, quedó inconcluso, aunque recientemente se ha recuperado el proyecto original con la parte pendiente de ejecutar. Un grupo de vecinos, apoyados por un equipo con personas cercanas al creador, ha mostrado su intención de culminar la obra que fue aprobada en su momento por la Iglesia. No obstante, la falta de medios económicos puede condicionar esta iniciativa.
Frente a esta propuesta, ha surgido otro sector de opinión que rechaza la culminación y plantea la construcción de un nuevo retablo. Entre sus voces más destacadas se encuentra Enrique Sánchez Collado, quien ha difundido un extenso escrito en el que detalla sus argumentos. Arranca con una declaración tajante al señalar que no apoya la culminación del proyecto del altar mayor y que, por el contrario, aboga por un nuevo plan que devuelva el esplendor a la parroquia.
El vecino recuerda que “hace tan solo unos meses, se bendecía la intervención artística que se ha llevado a cabo en la Capilla del Señor de la Humildad, trasera de la nave del Sagrario” y que, a raíz de ello, “muchas han sido las voces que se han escuchado sobre la necesidad de remozar y poner en valor el principal templo de Villa del Río: donde la gran mayoría de nosotros recibimos los sacramentos… casamos, bautizamos y despedimos a nuestros seres queridos”.
Explica que “ya hace varios meses me llegó la información sobre la intención de dos grupos de personas que deseaban terminar el mosaico que ocupa el altar mayor, completando los rayos y el Espíritu Santo, cerrando así el proyecto de Rufino Martos y Povedano”. A su juicio, “uno planteaba por un lado acabarlo a modo de vinilo, lo cual me parecía dantesco, y otro que desea hacerlo correctamente, en el mismo material con que fue ejecutada la obra principal; un coste que no sería baladí, dadas las dimensiones, el material, el proyecto y la colocación de este”.
Aunque asegura que no cuestiona “ni la calidad, ni la relevancia de estos dos artistas”, manifiesta que “sí discuto la inoportuna intervención que se realizó en el templo en el año 63, que no contó con la aprobación del pueblo, que perjudicó el patrimonio de un templo de trazas clásicas en su interior y que, por descontado, no se integra en el estilo artístico del edificio (como ocurre con la evolución artística que podemos contemplar en la mezquita catedral) más allá de querer comparar ambos”. Incluso llega a plantear si “la iconografía elegida en aquel momento (Pentecostés) es la más afortunada en un templo que se denomina Inmaculada Concepción”.
Por todo ello, expresa que “alzo mi humilde voz para consensuar y formar un equipo de entendidos que devuelva a la Iglesia Parroquial la majestuosidad que merece después de muchas intervenciones que han mermado su potencial y el amor con el que fue proyectada y ejecutada”. A su juicio, “no entiendo cómo el hecho de devolver el esplendor no se cuestiona en otros edificios; en la ermita de nuestra querida Patrona afortunadamente se procedió a la ejecución de un nuevo retablo según fotografías del antiguo, atribuido recientemente a Alonso Gómez de Sandoval, es más, afortunadamente, se lleva a cabo y en el templo principal se opta por completar una obra que funcionaría espectacularmente en cualquier iglesia moderna, pero arruina artísticamente la esencia de nuestra Parroquia”.
En su argumentación, Sánchez Collado recorre la historia del templo, recordando que fue proyectado en 1867 por Moreno de Monroy y culminado en 1908 por Castiñeyra, destacando su planta basilical con tres naves abovedadas, arcos de medio punto y capiteles corintios ricamente ornamentados. Señala también cómo era el altar mayor original antes del incendio de 1931: un retablo neogótico que albergaba en su ático un crucificado del siglo XVI y, en el camerino, la imagen de la Inmaculada Concepción, acompañada por San Francisco de Asís y Santa Teresa de Jesús. Relata que “existía una primitiva imagen de la Inmaculada en la Iglesia del Castillo, que se mandó a Azuel, en la provincia de Córdoba, con el debido permiso del Obispo en el año 1895. Para ser sustituida por otra imagen que el Licenciado D. Manuel Parras Jiménez, Rector Cura propio de la Iglesia, trae de Barcelona, donde la adquiere por el importe de setecientos noventa y ocho pesetas que abona de sus propios medios, como regalo que hace a la nueva Iglesia, que por aquel entonces estaba en construcción”.
Añade que, tras el incendio, el altar se recompuso con un arco sencillo y peanas para el Sagrado Corazón de Jesús y de María, hasta que en 1940, bajo el párroco Miguel Sánchez Fernández, “el matrimonio Porras-Gómez dona una nueva imagen de la Inmaculada Concepción a nuestra Parroquia, para sustituir la destruida, y encargan al artista bujalanceño D. Juan Martínez Cerrillo su realización”. Recuerda también que en la intervención de 1963 se destruyó buena parte de la arquitectura de piedra y se vendieron enseres de valor. Por ello afirma que “el pueblo no fue partícipe de la decisión en aquel tiempo y, a la vista está que, con el transcurso de los años, no gustó y por ello quedó inconcluso. Además, debemos de tener en cuenta que este hecho contribuyó a mermar sensiblemente la devoción a la Inmaculada Concepción, titular de nuestra Parroquia, que fue sustituida por una imagen moderna primeramente en color cedro y posteriormente policromada”.
En su escrito también advierte que “por nuestra responsabilidad como pueblo, de cuidar nuestro patrimonio, y ante la pronta comunicación en la revista de feria de la ejecución a través de una donación privada, levanto mi humilde voz para mostrar mi desacuerdo con la culminación de este proyecto que de nuevo sesga la idiosincrasia de un templo con trazas clásicas en su interior, que tiene muchas carencias a cubrir como ventanas-vidrieras por las que se filtra el sol y está provocando la caída de las piezas de los retablos y produciendo daños en la imaginería de la nave del sagrario, la necesidad de pulir o colocar nuevo suelo, calefacción, refrigeración, sistema eléctrico y restauración de patrimonio”.
Finalmente, insiste en que “no volvamos a cometer el mismo error, consensuemos qué queremos para nuestro templo principal, y si en los años 60 el pueblo no intervino, ni tuvo voz, ni voto, mostremos nuestra opinión respecto a esta culminación de un proyecto, que repito, sería maravilloso en cualquier parroquia nueva, pero no se lo merece nuestra querida Iglesia de la Inmaculada Concepción”.
La polémica permanece abierta en Villa del Río, con una parte de la feligresía defendiendo la culminación del proyecto inconcluso de Povedano y otra reclamando un nuevo retablo que, según sus partidarios, devuelva al templo el esplendor original.











