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Galerias, Sevilla

Crónica | Hiniesta, última flor de la primavera

Regresaba la patrona del consistorio hispalense. El cielo lo sabía y se cubría con un azul Hiniesta que conjugaba recuerdos con la plata del paso. Tras reinar en la Plaza de San Francisco, la titular gloriosa de la corporación del Domingo de Ramos volvió a su sede canónica. Abría el cortejo la Banda de cornetas y tambores «Nuestro Padre Jesús Nazareno», yendo tras el paso la Banda de música municipal de Mairena del Alcor. El paso, a las órdenes de Rafael Ariza.

A las ocho de la tarde el público se agolpó para acompañar a la patrona de la corporación municipal, que descendió la rampa del altar efímero para transitar por el itinerario establecido que la llevó hasta San Julián. Tras discurrir por la Cuesta del Rosario y la Alfalfa, entre otras calles, la imagen se aproximaba a la Plaza Cristo de Burgos. Se perdía la banda que abría el paso por María Coronel cuando los candelabros se intuían por Sales y Ferré. 

Tras atravesar la plaza cambió el fondo enladrillado de la Iglesia parroquial de San Pedro por la pureza del cenobio de las franciscanas clarisas, dejando estampas como el sol perdiéndose en la lejanía y la luz reviviendo en los candelabros. Después, se adentró por Bustos Tavera y, en San Marcos, ya próxima a su barrio, sonaban «Campnilleros». Por San Luis dejó bellas estampas, como su paso por la barroca fachada de santo francés. En Santa Marina, las puertas abiertas de par en par y la corporación de la Resurrección esperaban. Se aproximó entonces la Hiniesta hasta la puerta donde quedó frente al simpecado de la corporación lasaliana. Eran las once menos cuarto de la noche y la junta de gobierno entregaba un ramo que era colocado encima del paso.

A Duque de Montemar llegó con «Triana de Esperanza».  Ya estaba cerca de casa. Y la brisa agitaba los jazmines, blanco sobre el blanco de las flores que adornaban el paso, donde además había panecillos, racimos de uvas y hasta mariposas. Tras pasar por Calle Sorda y Macasta, llegaba a San Julián donde fue interpretada «Al Cielo con Ella» y, a los sones de «Estrella Sublime», recibía una lluvia de pétalos. Poco antes de entrar, era «Hiniesta Coronada» la marcha con la que la imagen se despedía de los devotos. La Hiniesta cerraba una jornada que se llevó tras de sí la última noche de primavera. Lo hacía cuando accedía al interior del templo. El reloj marcaba ya las doce y diez.

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