La jornada ha sido extremadamente intensa en el Tiro de Línea, en la parroquia de Santa Genoveva, donde Nuestra Señora de las Mercedes ha recibido el amor incondicional de sus hijos con motivo de su onomástica. Una cita trascendental, única e irrepetible, pese a reproducirse cada 24 de septiembre, porque única es cada mirada cruzada con los ojos de la divinidad y las confidencias que solamente se desvelan a quien ocupa un lugar de privilegio en nuestro altar de cabecera. Allí ha acudido nuestro compañero, Benito Álvarez, para dejar testimonio a través de su mirada.
La Virgen de las Merced es obra de José Paz Vélez, quien la realizó en el año 1956. Responde a las características generales de la nueva escuela sevillana, que idealiza el modelo del natural a través de una cierta dulzura beatífica. Realizada en madera de pino, costó 5.000 pesetas que fueron sufragadas poco a poco por toda la feligresía. Presenta la mirada algo baja y ensoñadora, con cejas ligeramente enarcadas, el óvalo de la cara terso y redondeado y una graciosa barbilla levemente pronunciada. La fina nariz alargada y rectilínea y la boca menuda le confieren a esta dolorosa un hermoso rostro que le valió el ser llamada Nuestra Señora de la Simpatía.





