Resulta difícil concebir la imagen de una marcha procesional resonando entre los rascacielos de Manhattan, sin embargo, este escenario insólito se materializó gracias a la confluencia de la pasión por la música y el interés cultural de un ciudadano canadiense, así como al virtuosismo de una de las bandas más emblemáticas de Sevilla. La Banda de Cornetas y Tambores de “Las Cigarreras”, conocida por su contribución indiscutible a potenciar la dimensión de la Semana Santa hispalense, logró no solo transportar sus notas al otro lado del Atlántico, sino también erigirse como embajadora sonora del alma sevillana en el Nuevo Mundo.
Un vínculo transcultural entre Canadá y Sevilla
El hilo conductor de esta historia es Gary Bedell, canadiense y vice-comisario del pabellón de su país durante la Expo’92 en Sevilla. Llegado a la ciudad un año antes de la magna exposición, Bedell se sumergió con auténtica fascinación en las costumbres locales: la Semana Santa, el Rocío y la Feria de Abril no eran meros acontecimientos folclóricos, sino experiencias culturales que lo marcaron profundamente. En 1991, su encuentro con los integrantes de “Las Cigarreras” constituyó un momento decisivo, ya que la afinidad y el respeto mutuo le otorgaron la condición de representante y miembro honorario de la familia cigarrera, estableciendo así un puente entre la idiosincrasia sevillana y un ámbito cultural extranjero.
La gira transatlántica: Sevilla en Nueva York, Toronto y Ottawa
Gracias a la mediación de Bedell, en 1993 la banda emprendió una gira que podría considerarse histórica, abarcando ciudades de Estados Unidos y Canadá como Nueva York, Toronto, Ottawa y Niágara. El punto culminante se produjo en un concierto celebrado en la Catedral de San Patricio, donde la música procesional sevillana, cargada de simbolismo y emoción, resonó en un espacio emblemático del continente americano, despertando la admiración de un público internacional que se encontró por primera vez con una tradición sonora tan singular. Este periplo artístico inspiró, un año después, la producción de un disco titulado “Pasión y Música”, cuyo diseño de portada integraba las banderas de Canadá, España y Estados Unidos, como símbolo gráfico de la fraternidad cultural alcanzada. Entre las piezas recogidas se encuentran marchas emblemáticas como Señor de Sevilla, Maestro, Esa Espina de Tu Cara, Eucaristía; Pasión, Muerte y Resurrección; Cruz Gitana, Bendícenos Jesús y Oración de Gloria, que representan la esencia misma del repertorio cigarrero.
De Norteamérica a Sudáfrica: la música que alcanzó a Mandela
La trascendencia de Gary Bedell y de la música de “Las Cigarreras” no se limitó al continente americano. Posteriormente, Bedell trasladó el disco hasta Pletoria, en Sudáfrica, donde se produjo un encuentro memorable con Nelson Mandela. Según testigos de la ocasión, Mandela recibió la obra con notable agrado y escuchó algunas de las marchas, comprendiendo que aunque las notas y los ritmos le resultaban en parte ajenos, el mensaje emotivo y espiritual de la música trascendía cualquier barrera idiomática o cultural.
La trayectoria de “Las Cigarreras” y la mediación cultural de Gary Bedell ilustran con claridad cómo la música, más allá de ser un mero entretenimiento, puede convertirse en vehículo de identidad, memoria y fraternidad, capaz de conectar pueblos y continentes distantes, y de hacer sentir a cualquier oyente, ya sea en Manhattan, Toronto o Pretoria, la intensidad de la pasión sevillana.






