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Cuatro mitos que nos dejaron en 2019

Cada año, el inexorable devenir del tiempo nos hurta de la presencia de personas queridas que en ocasiones, pasaron por este mundo aportando mucho más que el amor imperecedero que han despertado en sus seres más cercanos. Nombres ligados para siempre al universo cofrade al que han contribuido a engrandecer en virtud de su creatividad alcanzando una dimensión que a veces les sitúa en un plano que pocos son capaces de alcanzar. Cuatro de estos nombres insustituibles nos dejaron en 2019; mitos cuyo legado está escrito con letras de oro en el imaginario colectivo de los cofrades de los cuatro puntos cardinales de Andalucía y cuya presencia permanecerá eternamente en el corazón de nuestra religiosidad popular. Rafa Serna, Fray Ricardo de Córdoba, Álvarez Duarte y Antonio Dubé… cuatro grandes artistas que forman parte, cada uno desde su parcela, de la élite de grandes creadores andaluces del último siglo y cuya pérdida ha teñido de luto un año que será recordado por todo aquellos que nos dejaron.

Rafa Serna

El 26 de febrero, Sevilla se teñía luto por la pérdida de uno de sus hijos más queridos. Rafael González Serna se había marchado, tras no haber podido vencer a la trágica enfermedad con la que se había estado batiendo en los últimos tiempos y que había tenido en vilo a sus familiares, a sus amigos y buena parte de la ciudad de la Giralda. Un triste desenlace que no acalla, ni por un instante, el eco imperecedero de su valentía y su lucha, todo un ejemplo. 

En el recuerdo quedarán sus muchas y famosas composiciones, – el himno del Centenario del Real Betis, el himno del Centenario de la Coronación de la Virgen del Rocío, y algunas de las más famosas sevillanas rocieras contemporáneas son obra suya – y, por supuesto su pregón de la Semana Santa 2016, una obra literaria que fue también melodía para los sentidos, porque el pregonero hizo de su voz la música que necesitaba el acto. Un pregón que no fue un mero texto ni un sermón, sino un cante a las cofradías medido en su tiempo y repleto de compás. Porque es indudable que el pregón de Rafa Serna fue un pregón de estructura clásica, de lugares comunes, de declamaciones encendidas, de versos pegadizos y música, mucha música, como la que latió en su corazón hasta el último instante. Hermano de Santa Cruz, del Gran Poder, de la Macarena y del Rocío del Salvador, su recuerdo permanecerá para siempre almacenado en el recuerdo de toda Sevilla.

Fray Ricardo de Córdoba

El 17 de mayo, el Universo Cofrade lloró amargamente la pérdida de una de sus figuras contemporáneas más emblemáticas e importantes, Fray Ricardo de Córdoba, que había fallecido después de debatirse entre la vida y la muerte en los últimos días al no ser capaz de superar los efectos derivados de la taquicardia ventricular, un trastorno del ritmo cardíaco -arritmia- causado por señales eléctricas anormales en las cavidades inferiores del corazón, que sufrió el sábado 4 de mayo y que lo ha mantenido en coma -inducido primero y natural más tarde- en la UCI del Hospital Reina Sofía desde entonces.

Muchos son los sentimientos que despierta el nombre de Ricardo Olmo para sus conocidos, Fray Ricardo de Córdoba para el común de los mortales y Ricardo, a secas para los que aprendimos a quererle como es, como artista integral y como persona, como creador de la innegable evolución patrimonial experimentada por la Semana Santa de Córdoba en el último cuarto del siglo XX, imposible si su figura no hubiese emergido con inusitada fuerza a orillas del Cristo de los Faroles. Sacerdote y fraile Capuchino, nació en Córdoba el 1 de octubre de 1946 en la Puerta del Rincón. Ingresó en la Orden Menor de los Franciscanos en el año 1968 realizando sus estudios eclesiásticos en Antequera. Fue ordenado en Córdoba el 8 de diciembre de 1975 por el obispo José María Cirarda Lachiondo en la iglesia de San Pablo ante al imagen de Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos Coronada.

Vestidor, diseñador, poeta… un artista multidisciplinar de cuya mano llegaron a Córdoba imágenes marianas y cristíferas, como el Señor del Silencio y cuya impronta marcó para siempre la idiosincrasia de prácticamente todas las hermandades de la ciudad de San Rafael, de una manera u otra. Su legado, no obstante, no se circunscribe a la ciudad de San Rafael, ya que su influencia se ha dejado notar con fuerza en ciudades como Sevilla o Jerez, lugares donde su figura ha gozado siempre de un enorme respeto. Si tuviésemos que acentuar su incuestionable influencia, podríamos hacerlo rememorando muchas de sus obras que cuajan el patrimonio de buena parte de las hermandades de Córdoba y Andalucía. Pero su memoria trasciende de lo meramente artístico ya que su arrolladora personalidad siempre fue una de sus señas irrenunciables de identidad. Una figura insustituible, querida por muchos y admirada por todos, que ya forma parte de la historia inmortal de Córdoba, de Andalucía y de sus cofradías.

Luis Álvarez Duarte

El 13 de septiembre, familiares y cofrades lloraron por el fallecimiento de Luis Álvarez Duarte. Desde los días previos, todo el universo cofrade se hallaba en vilo por el ingreso en la UCI del afamado imaginero tras sufrir un ictus. Este artista es uno de los artistas más prolíficos y trascendentes del último cuarto del siglo XX y principios del XXI con obras repartidas por todas las provincias andaluzas. De su mano llegó la revolución a la imaginería, dotándola de una capacidad productiva y fructífera que, hasta ese momento, no había conocido dicha plenitud.

El Cristo de la Sed o la Virgen del Patrocinio, en Sevilla; Soledad, Cristo de la Providencia, Reina de los Ángeles o Rosario, en Córdoba; Jesús de las Penas o la Esperanza, en Cádiz; Jesús de Salud y Pasión o María Santísima del Rosario del Mar, en Almería; María Santísima de la O, Sagrada Lanzada o el conjunto Escultórico de la Coronación de Espinas, en Jerez; Gracia y Esperanza y Mayor Dolor, en Granada; Dolores y Victoria, en Huelva; Cristo de la Expiración o Cristo de la Buena Muerte, en Jaén y Linares; Paloma, Paz o Merced, en Málaga. Así como un sinfín de obras en sus respectivas provincias, amén de tallas repartidas por gran parte de la geografía española (Badajoz, Ciudad Real, Madrid, Murcia, Zamora, Albacete o Alicante) y fuera de nuestras fronteras (Argentina, Colombia, Cuba, Estados Unidos o Venezuela).

Su vocación artística le viene desde muy temprana edad y, aunque en su formación hay numerosas connotaciones que lo definen como autodidacta, recibió enseñanzas de imagineros de la altura de Francisco Buiza, Sebastián Santos Rafael Barbero y Antonio Eslava. A su vez, asistió a clases en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Sevilla. En este contexto autoformativo destaca que, entre 1980 y 1984, realizara continuos viajes a Italia, que incluyeron una estancia en la Escuela de Restauración de Florencia, entrando en contacto con diferentes obras del Renacimiento y el Barroco italianos. En esa etapa, Álvarez Duarte muestra un especial por la obra del artista napolitano Gian Lorenzo Bernini, si bien estudia también a otros de los grandes como Miguel Ángel.

Su primera gran obra es la Virgen de Guadalupe, para la Hermandad sevillana de las Aguas, que realiza cuando apenas cuenta con 15 años. Su primer trabajo cristífero va a ser el Cristo de la Sed, en 1970. Su consagración va a llegarle en seguida (abril de 1973), cuando entregó la nueva talla de la Virgen del Patrocinio a la Hermandad de El Cachorro, en sustitución de una imagen anterior que resultó totalmente destruida en un incendio. A partir de esos años, su labor productiva va a ser incesante y de un alto nivel de calidad. También ha concebido importantes obras de carácter no religioso, destacando el monumento a la bailaora Pastora Imperio, a Juan Manuel Rodríguez Ojeda, a fray Serafín Madrid, al torero Manolo Vázquez, Raphael; así como bustos a «Paquirri», Rocío Jurado, Juana Reina, Ruiz de Lopera, José Manuel Lara o Pepa Flores. Ha recibido numerosas distinciones, entre las que destaca especialmente su nombramiento como miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla.

Dubé de Luque

El 7 de noviembre, el universo cofrade se volvía a teñir de luto por el fallecimiento de uno de sus personajes más ilustres Antonio Joaquín Dubé de Luque, institución, historia e insignia de la Semana Santa de Sevilla. Una noticia que inundaba de consternación a cofrades de los cuatro puntos cardinales de la geografía cofrade.

El 23 de diciembre de 1943 nacía en Sevilla el insigne escultor Antonio Dubé de Luque. Ya con corta edad nacieron en él los impulsos artísticos infundidos por su padre, bebiendo además de la enseñanza artística de los pintores Juan Miguel Sánchez, Eduardo Acosta y Miguel Pérez Aguilera, así como del escultor Manuel Echegoyán. Aunque estudió pintura en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, su inquietud le llevaba más allá del lienzo, descubriendo en la gubia la tercera dimensión del arte.

Sus primeros trabajos recayeron en la restauración del anterior grupo escultórico de La Cena de Sevilla y el retallado y modelado de la Virgen de la Soledad en 1968, titular de la hermandad de los Servitas de Sevilla, labor que también le fue encomendada para las dolorosas de la Candelaria y de los Ángeles, igualmente de Sevilla.

Dentro de su obra, hay unos ojos en Sevilla a los que Dubé supo dar el color del cielo hispalense en primavera, ese mismo tono del traje de los seises que bailan ante la Inmaculada Concepción de María. Esa mirada da vida y fe a un barrio que crece junto a su cofradía, y no es otra que la de Santa María de Consolación, Madre de la Iglesia, titular mariana de la sevillana hermandad de la Sed que tallara en 1969.

«A la imagen de la Virgen hay que hablarle, mientras que cuando se está componiendo la imagen de Cristo, lo que se espera es que sea Él quien hable y que diga cómo quiere ser interpretado», afirmó una vez Dubé de Luque. En todas sus tallas cristíferas encontramos un sentimiento común que da un carácter único a su obra. Es esa mirada que enfoca hacia el interior del alma, trascendental momento que conjuga el pensamiento de un futuro alentador con el dolor de su presente: la Pasión.

Quería a sus obras como hijos, añorando aquellas que envíaba lejos y que probablemente no volviese a ver, aunque las seguía por los medios de comunicación y las redes sociales. La competencia no le preocupaba en absoluto puesto que, según palabras del autor, en esto no hay maestría, la experiencia es un grado siempre que se mantenga la misma inquietud e ilusión del que está comenzando.

La obra de Antonio Dubé traspasa la escultura religiosa. También en pintura ha realizado retratos, bodegones, paisajes, miniados y cartelería. En este ámbito, destaca el lienzo que presidió el altar erigido en Sevilla en 1982 para la beatificación de Sor Ángela de la Cruz. Pero su obra también pasa por haber sido cartelista en la Coronación Canónica de la Virgen de la Encarnación y en el XXV aniversario fundacional de la hermandad de la Sed de Sevilla. También ha realizado la portada de boletines de la hermandad servita, de la que es hermano.

Pero el más célebre de todos estos encargos fue la elaboración del cartel de la Semana Santa de 2012 de Sevilla. También pintó el cartel de la Esperanza de Triana de 2014. Ha diseñado igualmente una urna para el Cristo Yacente del Santo Entierro de Sevilla, así como pasos de misterio, palio y enseres, destacando el manto de la Virgen de la Soledad de los Servitas en 2003.

De este modo, su amplio currículum artístico se extiende por toda Andalucía, Extremadura, Cataluña o las Islas Canarias, llegando incluso a las Américas, donde realizó para Ecuador una copia de la Virgen de la Esperanza Macarena.

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