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Sevilla, ⭐ Portada, 💚 El Rincón de la Memoria

Cuatro siglos de historia de Sevilla

Resulta imposible de entender la historia de Sevilla sin entrelazarla con su devoción fundamental, la que sublima su religiosidad popular, no la Madrugá del Viernes Santo, sino 365 días al año, cuando la ciudad entera acude, física o metafóricamente, a encontrarse cara a cara con el Señor. La historia de la corporación, no obstante, antecede con mucho a la de la imagen que cumple ahora cuatro siglos de presencia indiscutible. Cuatro siglos de una imagen y al mismo tiempo, cuatro siglos de la historia de Sevilla, una ciudad cuya esencia barroca es imposible de comprender sin Jesús del Gran Poder.

Existe la creencia de la Hermandad fue fundada en 1431, aunque los primeros documentos conocidos son del año 1477; sin embargo no existe certeza del lugar de su instauración, pues solo existe una referencia que cita el monasterio de Santo Domingo de Silos, posteriormente denominado de San Benito de la Calzada; pero al existir en la ciudad un convento de San Benito de Calatrava, se cree que pudo ser éste el lugar de la fundación de esta corporación. En 1588, la Cofradía pasa al convento del Valle, luego de haber estado desde 1488 en el de Santiago de los Caballeros; un cambio éste que llegó a ser muy beneficioso, pues al poco tiempo la Hermandad contrata la que sería una obra cumbre de la Semana Santa universal, la imagen de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder.

Nuestro Padre Jesús del Gran Poder es una excepcional escultura realizada en madera policromada para vestir, de 1,81 metros de alto, obra del imaginero cordobés Juan de Mesa del año 1620. Máxima expresión del realismo sevillano y el anuncio del eterno barroco, con un marcado expresionismo, hay quien asegura que el imaginero llegó a distorsionar las piernas para lograr el deseado efecto del movimiento.

Cierto o especulación, en el documento de pago redactado tras haber acabado la imagen, firmada en Sevilla el 1 de octubre de dicho año, Mesa decía «haber recibido de la Hermandad del Traspaso la cantidad de dos mil reales de a treinta y cuatro marabedís cada uno por la hechura de un Cristo con la cruz a cuestas y un San Juan Evangelista que hice de madera de cedro y pino». Se sabe que el 31 de agosto del citado año Francisco Fernández de Llera acabó su policromía, merced a un documento hallado en 1972 en el interior del cuerpo del San Juan. Por ello es de suponer que también el Cristo debió ser encarnado por el mismo pintor, si bien entonces su aspecto sería muy diferente al actual debido a su característica policromía desgastada y ennegracida por el humo de las velas.

Es muy peculiar su amplia y decidida zancada al caminar, sin vacilaciones ni concesiones, así como su rostro sobrecogedor, desfigurado y como envejecido por el sufrimiento. La disposición de sus pies, de estudiado verismo, acentúa la actitud itinerante. Como es habitual en Mesa, la corona de espinas está tallada en el mismo bloque bloque del cráneo. Con una crudeza y realismo que sorprende e impresiona, puede verse una de las espinas perforando una ceja y otra que hace lo propio en una oreja, reventada y sangrante. Sus manos, grandes y fuertes, sujetan la cruz que carga pesadamente sobre el hombro izquierdo.

Son varias las restauraciones que se han llevado a cabo sobre esta insustituible imagen a través del tiempo. En 1776 Blas Molner retocó las espinas de su corona. Doscientos años más tarde, en 1977, Francisco Peláez del Espino llevó a cabo una desafortunada restauración de la imagen. No mucho después, en 1983, volvió a ser restaurada, esta vez por Isabel Pozas y Joaquín y Raimundo Cruz Solís, del Instituto de Restauración del Ministerio de Cultura, que volverían a restaurarlo posteriormente en el año 2010.

Tras varios intentos por fijar su sede, en 1703 se establece en la iglesia de San Lorenzo, en la capilla de los sucesores de Alonso Fernández de Treviño, que sería ampliada sucesivamente en los años 1712 y 1716 y posteriormente a finales del siglo XIX. 1777 sería el primer año en que la Hermandad hace estación de penitencia en la madrugada del Viernes Santo, no sin algunos problemas con la del Nazareno, que vuelven a repetirse en 1783. Por entonces son enviadas las Reglas de ambas Hermandades al Consejo de Castilla, con resultado favorable para la del Nazareno del Silencio, y muy desfavorable para la del Gran Poder, que se obligaba a quedar extinguida; orden que no será cumplida, aprobándosele definitivamente sus Reglas en 1786.

Nuevos problemas surgirían en 1791 con la Hermandad de las Tres Necesidades por el orden de paso de las cofradías, con un pleito entre ellas que duró hasta 7 años después, y con un desgaste económico considerable para ambas, que casi les causa la extinción a las dos. Mucho después, a principios del siglo XX los problemas en la calle vendrían con la Hermandad de la Macarena, unos conflictos que quedarían saldados con la concordia de 1903 establecida por el arzobispo Marcelo Spínola. Curiosamente, ahora que tan de moda, tristemente, está la necesidad de buscar «soluciones alternativas», en 1875 el paso del Señor procesionó con un mecanismo de ruedas, que fue rechazado al año siguiente por el raro efecto producido en el movimiento. A pesar de ello repitió el experimento en 1930 con otro artilugio que también fue desechado.

En 1965 la Hermandad se trasladó al nuevo templo levantado junto a la iglesia de San Lorenzo. Ese día se realizó una procesión extraordinaria con la imagen del Señor hasta la catedral, acompañado por unos novecientos hermanos y dos mil hermanas y devotas. El templo quedó consagrado como Basílica Menor en 1993; y solo dos años después, en 1995, se le concedió al Señor del Gran Poder la medalla de oro de la ciudad, siendo hasta entonces la única imagen de Cristo que la ostenta.


Fuente documental | Cuando Cristo pasa por Sevilla: Escultura, iconografía y devoción, Juan Miguel González Gómez. En: Sevilla Penitente, volumen II. Editorial Gever, S.A., Sevilla, 1995.

 

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