Córdoba, Sine Labe Concepta, 💙 Opinión

De la mano de mi nieta

El tiempo es una cápsula de buenos y malos momentos. El tiempo, es aquello capaz de hacer al ser humano transitar por la vida, al igual que un tren por las frías vías. Es capaz de ver el proceso evolutivo. También, hay que destacar lo importante que es porque mantiene esos pequeños detalles que tanto nos caracterizan a cada uno, y los mantiene vivos dentro de nuestro corazón. No es más, que esa lúcida visión que guardamos en el alma de lo vivido. ¿No sabes por donde voy? Déjame que te cuente una historia, y me comprenderás rápidamente.

Hace unos años, érase un abuelo que, cogido de la mano de uno de los tesoros más importantes que tenia en su vida, acompañaba a su nieta dando un paseo por las lánguidas calles de Córdoba. Estos, como hoja y rama de un árbol perenne, se adentraron en una de las iglesias más castizas de nuestra bendita ciudad. Cristianos ellos, fueron a visitar al santísimo sacramento de Jesús. Frente a él, una imponente dolorosa que recogía el suspiro de una madre en la pérdida de un hijo. El abuelo, astuto él, vio que su querida nieta se quedaba boquiabierta ante esas manos ennegrecidas en las arrugas. Pero, aunque sabía que con el paso del tiempo esa dolorosa recobraría sentido al encontrar en el camino de la experiencia a amistades que la acercaría, no era aquel el lugar en el que se detendría.

Cogidos de la mano, salieron y se dirigieron hacia una de las bóvedas fernandinas del templo en la que el tiempo se pararía para ellos. Allí, situado en una austera capilla, se encontraba una virgen que gubiara Juan Ventura. Cinco eran las lagrimas que entre abuelo y nieta derramaban en aquella capilla. Las mismas que surcaban los poros de la madera policromada de María Santísima de la Concepción. Sin soltarse, hicieron para si una promesa ilícita de que sería su apoyo, su mayor vínculo y reflejarían aquel amor entre ellos.

Y pasó el tiempo, y así fue. Hoy, ella es una de las encargadas de guardar el corazón y alma de esa virgen. Cinco son las lágrimas que suelta esa nieta, y cinco los rezos por su abuelo, aún en vida. Cinco son las veces que le aprieta la mano a su abuelo, y cinco los besos que le da antes de ponerse la túnica cada Domingo de Ramos. Y si les digo la verdad, seguro que también serán cinco los pálpitos que le dé a su abuelo cuando se acerca su nieta por esas calles que un día pasearon, al verla con la túnica.

Siempre si Dios quiere, siempre si la virgen lo une. Porque Dios es amor, por eso, todo el amor, sea la vertiente que sea, es Dios. Que actúa como intercesor del tiempo. El único capaz de amar pase lo que pase, sea quien sea y que, por suerte para nosotros, no tiene distinciones. Por esto mismo es por que hay que fomentar, querer e intentar mantener nuestras tradiciones vivas y que no apeguen esas llama, que no es más, que amor. El amor de Dios.

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup