Córdoba

El Ayuntamiento regala a Córdoba una Cabalgata «impropia, indignante, cutre y vergonzosa»

«Impropia, indignante, cutre, vergonzosa…» cualquier adjetivo que se le venga a la cabeza a quien tenga un mínimo sentido crítico se queda corto para calificar la incalificable cabalgata de Reyes Magos que el ayuntamiento de Córdoba, gobernado – es un decir – por la socialista Isabel Ambrosio con la complicidad necesaria de Izquierda Hundida, le ha regalado – otro decir – a los cordobeses. Bazofia, sin matices. Es un auténtico milagro que los más pequeños sigan manteniendo la ilusión y la fe en la magia de los tres Reyes después de asistir a semejante espectáculo bochornoso. Salvando los tres miembros a caballo de la Policía Local, prácticamente los únicos integrantes del cortejo que han estado a la altura de lo que se espera de un evento de estas características, y a las dos bandas de música, Coronación y Cristo del Amor, que han hecho lo que han podido para que al menos pareciese que lo que estábamos presenciando era una Cabalgata de Reyes Magos y no una de Carnaval, el resto ha sido deleznable.

Desde la impresentable música que acompañaba a unos individuos en bicicleta que abrían el cortejo – por llamar de algún modo suave a la secuencia heterogénea y sin sentido que hemos presenciado – al grupo que abría paso al bus del Botánico – buen detalle repartir mandarinas, valga el inciso – que parecían estar patrocinados por un grow shop y desde luego eran más apropiados para anunciar la venta de determinadas semillas y derivados que para integrar una Cabalgata de Reyes, pasando por los monos, los gatos, el dragón y los bomberos – que se han limitado a subir dos muñecos en una furgoneta -, además de tres ridículas carrozas dedicada a sendas películas de Disney, prácticamente toda la parafernalia perpetrada por el ayuntamiento a medias con la Federación de Peñas, que vergüenza debería darles a ambos poner su nombre tras semejante espectáculo, estaba orientada a cualquier cosa menos a anunciar la inminente llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar.

Por cierto, Sus Majestades deberían hacer algo con vistas al año que viene, al menos para que se les vea la cara. Para empezar regalándole algo de materia gris a los responsables de organizar el evento, que se llevan una pasta de nuestros impuestos para dar prácticamente nada a cambio, pese al importante recorte que se ha producido este año y que prácticamente nadie ha denunciado – nosotros sí – . Es imposible ver a los Reyes si se sitúan tan bajos en sus tronos (¡¡!!¿¿??), rodeados de otros personajes y mucho menos si están continuamente con la cabeza metida en cajas de grandes dimensiones buscando algo que tirar al público. Los espectadores, sobre todo los niños, acuden a la Cabalgata para verles a ellos, no a dragones, bomberos, malabaristas y fumadores de hierba. Y de la presencia de carrozas de índole religiosa, mejor ni hablamos. La estrella y un presunto portal de Belén han sido las dos únicas alusiones en una Cabalgata para olvidar.

Decía un amigo que esta será la última que organice un gobierno municipal socialista. Desconozco si las urnas determinarán este extremo. Lo que sí sé es que este 5 de enero, los representantes de la izquierda cordobesa han vuelto a despreciar una magnífica oportunidad para demostrar que no les importa un pito menospreciar, ridiculizar e insultar a la mayoría de la población de esta ciudad que dicen gobernar. Hubiese bastado con observar con un mínimo de detalle lo que se hace en otras ciudades de nuestro entorno, en ciudades también gobernadas por socialistas, en las que sus dirigentes demuestran año tras tras año que ideología e incompetencia son dos conceptos que no guardan en absoluto correspondencia. Qué envidia presenciar año tras año lo que se hace en otros lares y qué bochorno y qué tristeza comprobar lo que sufrimos aquí. ¡Con lo fácil que sería dejar organizarla a quienes saben de verdad organizar este tipo de cosas: los cofrades…!

Creo firmemente que la Cabalgata de Córdoba no ha vuelto a ser un patético insulto, una vergüenza insuperable y un auténtico bodrio insoportable porque quienes mandan en esta ciudad odien todo lo que les recuerde, aunque sea de lejos, a la religión católica, sino sencillamente porque son unos inútiles, unos incapaces personajillos que no están a la altura de lo que merece la ciudad de Córdoba y hoy lo han vuelto a demostrar, para desgracia de unos ciudadanos que han vuelto a comprobar cómo se les toma por imbéciles, esperemos que por última vez.

 

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