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Córdoba, ⚓ Costal, ⭐ Portada

El Ayuntamiento rotula el Jardín de los Capataces Sáez

Ya está situado el rótulo de los Jardines Capataces Sáez en el enclave escogido por el Ayuntamiento de Córdoba para materializar el merecido homenaje de la ciudad con una de las sagas esenciales del mundo del costal en la ciudad de San Rafael. Fue el pasado 24 de febrero cuando el pleno municipal certificaba que el Jardín de la plaza de San Andrés pasaría a denominarse de este modo. Un hermoso gesto que atestigua la gratitud del pueblo de Córdoba, cofrade o no, con un apellido insustituible, sin el cual, sería imposible entender la Semana Santa de Córdoba, tal y como la conocemos actualmente.

Días antes, a raíz de que el presidente de la Gerencia Municipal de Urbanismo, dependiente del Ayuntamiento de Córdoba, Salvador Fuentes, manifestase y confirmase a Gente de Paz su compromiso para que la Familia Sáez tuviese una calle en Córdoba, David Simón Pinto Sáez, nieto de Rafael Sáez Gallegos y sobrino nieto de Antonio y Manuel, «de quienes tanto aprendí y con quienes tanto viví», revelaba sus pensamientos y sentimientos acerca de una decisión que supone un merecido reconocimiento a la ilustre familia a la que tiene el orgullo de pertenecer.

David, buen amigo de esta casa, explicaba que «es una alegría inmensa pues he estado viviendo este proyecto desde su origen. Todos recordamos a nuestros seres queridos, pero algo así te permite tener el convencimiento de que el recuerdo será compartido por toda una ciudad». David ha querido subrayar que «no es un reconocimiento, tal y como se indica en el expediente, únicamente cofrade; un expediente en el que se habla de cofradías y cuadrillas, por supuesto, pero se habla del día a día de las familias en los años previos y posteriores a la guerra, del esfuerzo por mantener tradiciones, por intentar llegar a fin de mes. Rotular una calle con el nombre de quienes participaron de la historia de la ciudad, conformándola en momentos, algunos de ellos, muy complicados, da sentido a este hecho. Si además dichas personas fueron nacidos en Córdoba, el orgullo para toda la ciudad debe ser doble».

Una presencia que tiene su origen en la figura de «mi bisabuelo, Antonio Sáez Pozuelo, que fue el primer capataz de la familia. Él fue quien consiguió ser el primer capataz de varias hermandades a la vez, el que abrió el camino en la Caridad o la Borriquita», subraya David que recuerda que «Antonio Sáez Pozuelo comenzó como costalero con la cuadrilla de los piconeros de la Piedra Escrita, que además de con el Caído, salía con el Resucitado. Llegó a dicha cuadrilla de la mano de su suegro, Antonio Gallegos Pérez, que era capataz de costaleros de dicha cuadrilla -se llamaba capataz de costaleros a la figura que los organizaba, tallaba, ordenaba subir o arriar el paso… etc.-. Antonio Gallegos Pérez era su suegro, y Rafael Sáez Sánchez su padre. Ambos eran costaleros en el Caído, Dolores o Esparraguero».

Y es conviene recordar -y así lo ponía de manifesto David- que «los hermanos Rafael, Antonio y Manuel fueron nombrados cofrades ejemplares, y recibieron, gracias a su labor por muchas de nuestras cofradías, diversos reconocimientos. Se hicieron cargo de cuadrillas desde sus inicios, como Borriquita, Prendimiento, Amor, Penas, Caridad, Sentencia, Buena Muerte o Descendimiento entre otras, así como de otras muchas como Misericordia, Calvario, Sepulcro o Huerto. Fuera de Semana Santa mandaron las cuadrillas del Socorro, Cabeza, Corazón de Jesús o Custodia. Incluso organizaron la de San Rafael en 1975, que finalmente no procesionó».

Un apellido que aparece ligado, de manera inexorable, al universo del costal de la ciudad de Córdoba. No en vano «ayudaron al tránsito desde los profesionales a los hermanos costaleros en hermandades como en Huerto, Buen Suceso o Cristo de Gracia, fueron encargados del montaje de cultos de hermandades como el Sepulcro y formaron parte de diferentes Juntas de Gobierno y asesoraron a hermandades en diversos aspectos», reflexiona al respecto David, que recuerda que «vivieron etapas como la cuadrilla de los piconeros, de la que formaron parte, la renovación de pasos a finales de la década de 1910 y principios de los 20, fueron los primeros capataces en hacerse cargo de los dos pasos de una misma cofradía (Calvario, Misericordia, Prendimiento o Huerto), de dos cofradías en un mismo día (Descendimiento y Buena Muerte en Jueves Santo) e incluso tres cofradías en un mismo día (Penas, Amor y Huerto el Domingo de Ramos)». Y es que «la mayoría de las hermandades, por algún u otro motivo, han tenido relación con los Sáez, por lo que es un reconocimiento que lleva parte de muchas de nuestras cofradías».

Motivos más que redundan en la mencionada alegría y en la sensación de haber logrado hacer justicia con una saga esencial para la Semana Santa de Córdoba, no solo para el mundo del costal, y para toda la ciudad de San Rafael, como enfatizaba David Pinto al afirmar que «es necesario mantener el recuerdo de todos ellos, tal y como se hace en otras ciudades, sin olvidar el de personas como Rafael Muñoz, por ejemplo, cuyo legado e historia debería igualmente merecer este tipo de reconocimientos de Córdoba». Todo ello en virtud de el especial brillo de la hermosa luz que alumbra el final de un arduo camino que culmina un homenaje imprescindible para una estirpe de capataces que dedicaron su existencia a uno de los oficios más reconfortantes: pasear al Dios y a su Madre.  

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