El capirote | La mala suerte del pregonero

Sucede que, en ocasiones, demostramos precisamente el afecto, desconociendo que obtendremos la otra cara de la moneda. No hay que ser estudiosos en estas lides para saber que vivimos en la ciudad de la ojana. Porque aquí, lo que se dice ser acogedores, más bien es una cuestión de suerte. No es que precisamente abunden aquellas personas que no solo se definan como tal, sino que además lo sean.

Somos más del rechazo. Incrementado, eso sí, por un sector de la prensa, rancio y chauvinista que se cree el ombligo del mundo. Precisamente no estaría de más contar la verdad y reflejar los datos de aquellas dos mil y pico personas que han aumentado el padrón municipal. ¿De dónde vienen? Porque muchos no son ni sevillanos y aquí vienen a aportar savia nueva, que siempre está bien.

Y es curioso, que ese rechazo que mostramos la mayoría hacia lo que viene de afuera, también lo enseñamos con lo que es de aquí si es defendido por los propios sevillanos. Al futuro pregonero ya le está sucediendo. A Juan Miguel Vega, porque en el terreno de las glorias todavía no hemos entrado.

No hace falta la presentación del próximo pregonero. Tampoco afirmar que será un pregón de altura. Pero en este caso, a alguien que es muy conocido en la ciudad, la gente más próxima a él, y también periodista, lo encumbró antes de que llegara el pregón. Y acabaron dorándole la píldora algunos, peloteándole otros, argumentando sus expectativas los menos… Todos tuvieron algo que decir cuando se conoció su nombramiento.

Y ya, frente a estos, se encuentra la otra Sevilla, la de tirar por tierra a quien sea por tal de ser escuchada. La mala suerte del pregonero ha sido precisamente la de contar con un nutrido grupo de periodistas que han afirmado lo que todavía no sabremos que será, pero intuimos, esto es, un gran pregón. Así que tomemos asiento, porque de aquí hasta que llegue el Domingo de Pasión, y más allá, las redes van a sacarle punto hasta dejarlo todo finito. Ojana le dicen.