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El Coronavirus pone a las bandas entre la espada y la pared

La crisis del Coronavirus está afectando de sobremanera la actividad de las Hermandades, que a las puertas de la Semana Santa, se ven obligadas a suspender prácticamente la totalidad de actos previstos para seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias y gubernamentales pertinentes de evitar las aglomeraciones de público.

En este sentido, las bandas no están siendo ajenas a ello, ya que muchas están suspendiendo su actividad no solo en forma de los conciertos o certámenes previstos, sino también los ensayos de cara a la Semana Santa. Diversas bandas sevillanas y cordobesas, así como otras muchas de puntos situados a lo largo y ancho de nuestra tierra (también fuera de Andalucía), están informando sobre el cese total de su actividad hasta nueva orden. Por minutos más y más bandas se suman a este cese, que se prevé terminará siendo prácticamente total.

Lugar habitual de ensayo de una banda cordobesa desierto

La adopción de esta medida, sin duda difícil a las puertas de la Semana Santa, cuando siempre hay que ultimar detalles de cara a la interpretación de las marchas procesionales, es el resultado de un ejercicio rotundo de responsabilidad y ciudadanía, así como de coherencia.

Y es que imagínese que empiezan a infectarse componentes de una banda, ¿cómo afronta con un mínimo de garantías las salidas procesionales, en caso de que se mantengan? O, yendo más allá, en una situación de cuarentena y aislamiento domiciliario para todos sus miembros, ¿qué sucede? Sería inviable planificar cualquier actuación.

Por ello, el cese total de la actividad de las bandas no es más que un ejercicio de coherencia de cara a los distintos compromisos de las salidas procesionales de la Semana Santa, en caso de que ésta se produjera, algo que está aún en el aire.

Otra cuestión, que habrá de ser afrontada más adelante cuando llegue el momento, es el tema de los cobros de los contratos en el hipotético caso de que las salidas procesionales se suspendieran por orden de las autoridades correspondientes, algo que las Cofradías habrían de acatar.

La primera premisa desde la que hay que partir es que ni las Hermandades ni las bandas tienen responsabilidad de nada. Huelga decir que las formaciones musicales tienen una serie de gastos anuales que, o afrontan, o quedan en una situación de precariedad y desamparo total. Pero no es menos cierto que estos gastos también lo tienen las Hermandades, y que sus ingresos se verán muy mermados ante la más que presumible falta de retirada de papeletas de sitio, cuando no de baja de hermanos y hermanas. 

Una diatriba que ambas entidades, bandas y Hermandades, bien harían en solventar de la forma más racional posible, poniendo en práctica la empatía y haciendo el mayor esfuerzo posible por ambas partes. De nada servirá atenerse a lo escrito en un papel, cuando una situación como la que estamos viviendo ahora mismo estaba fuera de toda previsión. Por otra parte, sería tremendamente injusto que, a la hora de la verdad, las Hermandades no valoraran adecuadamente la inmensa labor realizada por las bandas durante todo un año, retirándoles el apoyo ahora que, algunas, lo pueden necesitar más que nunca.

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