El Domingo de Resurrección de la Semana Santa de 1992 fue muy especial. Salía por primera vez la Virgen de la Aurora de la cofradía del Resucitado. Los hermanos estaban inmensos de alegría y un gran júbilo reinaba en la iglesia de Santa Marina antes de las cinco de la madrugada. No había salido la Cruz de Guía cuando una de las camareras de la Virgen que no podía hacer estación de penitencia hizo la primera levantá del palio. Entonces, el paso empezó a moverse con la voz del maestro Manolo Santiago y al son de ‘Aurora de Santa Marina’ interpretada por la Banda de la Cruz Roja.
En la calle San Luis se abarrotaba mucha más gente que otros años. Era la madrugada profunda de un Domingo de Resurrección en el que la mayoría de los sevillanos no pueden mantenerse en pie tras siete largos días llenos de cofradías. También un numeroso público acompañó a los titulares por las demás calles de su recorrido.
El problema o la cruz de tan fabuloso día la puso la Plaza de la Campana. Cuando la Cruz de Guía llegó al inicio de la Carrera Oficial para pedir la venia para hacer estación de penitencia a la Catedral se encontraron con los palcos de la plaza desaparecidos. No sólo fueron quitados los palcos desgraciadamente, sino también el palquillo del Consejo de Cofradías. Por lo que Francisco O’Kean, delegado del Sábado Santo, tuvo que tomar la hora escribiendo sobre su pierna.
Centenares de personas se encontraban en aquel momento en la Plaza de la Campana aguardando el paso de la cofradía de la Resurrección. Al ver la lamentable imagen que mostraba la plaza, pidieron a voces que no se parara el paso a la altura del palquillo. Sin embargo, el capataz lo hizo y dedicó la levantá a Luis Rodríguez Caso, presidente del Consejo por aquel momento.
Este episodio no terminó en la Campana. Cuando llegó la hermandad a la Plaza de San Francisco se encontraron con una situación parecida. Todos los palcos habían sido desmontados excepto el del Ayuntamiento y los alrededores de la plaza se encontraban llenos de bolsas de basuras sacadas de debajo de los palcos.
El Hermano Mayor salió una vez acabada la estación de penitencia para pedir explicaciones. El alcalde se dirigió a él para pedirle que si podían desmontar los palcos que se encontraban junto al Arquillo. El Hermano Mayor no le negó la petición pero nunca se imaginó ver todos aquellos palcos desaparecidos.
Lo sucedido no quitó el bello lucimiento de la cofradía en el resto de las calles por las que procesionaba. Fue una mañana esplendida con un sol radiante y repleta de público. Monseñor Amigo Vallejo le regaló una cruz pectoral a la Virgen cuando llegó a la Catedral y en la Avenida de la Constitución llamó al paso. La Virgen entró en Santa Marina a las tres de la tarde con la calle San Luis llena mientras sonaba ‘Amarguras’ y una docena de palomas eran liberadas al cielo. Dios había resucitado y estaba su Madre para verlo.
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